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14 de junio de 2022 0

Orts

(Por Víctor Puigdengolas) –

Hace escasamente un par de semanas que hablé por última vez con José Miguel. Me avisaba de que varios números digitalizados de la revista que él dirigía -‘Reino de Valencia’- no se encontraban en el blog que los debía albergar y me pedía encarecidamente que lo solucionase. No era inusual que José Miguel me llamara para corregir un texto o cambiar cualquier matiz. Era consciente de su responsabilidad como director de la revista y procuraba hacer, sin grandilocuencias y con los medios que Dios había puesto a su alcance, un trabajo digno y ‘bien hecho’. Por algo una de sus máximas era que ‘lo mejor es enemigo de lo bueno’.

Conocí a José Miguel a resultas de mi afiliación en la Comunión Tradicionalista Carlista (CTC) hace más de veinte años. Por aquel entonces él ostentaba el cargo de presidente regional y fue quien me dio la bienvenida al carlismo valenciano, a quien yo me había acercado por mediación de un buen amigo benicarlando. En años siguientes José Miguel sería una figura omnipresente en los actos organizados por los círculos carlistas valencianos o por la CTC, ya fueran conferencias, juntas del círculo, congresos nacionales o las tradicionales celebraciones carlistas de Bocairent, del Cerro de los Ángeles (Getafe) o de la Exaltación de la Santa Cruz, que anualmente organiza el círculo carlista “San Miguel” de Lliria y de la que José Miguel ha sido su último pregonero.

No podemos dejar pasar que José Miguel fue siempre fiel a sus principios y leal a sus lealtades. Nunca perdió la esperanza en que el Carlismo se reencontrara de nuevo con su Dinastía, y para tal fin no tuvo reparo en aparcar viejas rencillas políticas y trabajar por rescatar una figura, la de Rey, sin la cual el Carlismo perdía su sentido. Testimonio de su buen hacer es la entrevista, publicada recientemente en ‘Reino de Valencia’, a Don Carlos Javier de Borbón y en la que se empieza a vislumbrar el comienzo de ese anhelado reencuentro.

Quienes apreciábamos y queríamos a José Miguel coincidimos en que era una persona de gran erudición, afable en el trato y prudente siempre en sus planteamientos y en sus consejos. Gracias por ellos, querido amigo. Su domicilio, sito en la calle Ángel Guimerá, y que durante un tiempo ejerció de sede provisional del círculo “Aparisi y Guijarro”, cobijaba una biblioteca interminable de libros y revistas que daban buena nota de una talla intelectual de primer orden cuya pérdida va a lamentar esta Santa Causa a la que José Miguel dedicó su vida.

Descansa en Paz, José Miguel, te echaremos de menos.

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