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2 de febrero de 2022 1

¡Pobres perros!

(Por Javier Garisoain) –

¡Pobres perros! No se imaginaban que equipararlos a los humanos iba a suponer para ellos un recorte de sus derechos animales a orinar, morder o excavar. Si yo fuera perro empezaría a dudar de si fue una buena idea la de dejarnos domesticar.

Cartel de la dictadura perruna colocado en un parque de Villava (Navarra)

El mandato originario que recibió Adán fue el de dar nombre primero y someter después a las bestias. La domesticación por tanto es un proceso naturalmente bueno y absolutamente “ecológico”, porque está inscrito en nuestra propia naturaleza de domadores. Pero la locura y la pérdida inmoral de la razón son una pesadilla recurrente en nuestra historia. Aparecen siempre cuando se trastocan las categorías y empezamos a confundir al hombre con el animal. Cuando se bestializa al hombre institucionalizando la esclavitud, o permitiendo el canibalismo, por ejemplo. Pero también cuando se humaniza al animal fuera de las fábulas. Cuando se pretende salvar al lince antes que al niño, al huevo de aguilucho antes que al feto humano. Cuando se criminaliza la mismísima cadena trófica. Cuando se trata al perrito como a los hijos que no se quisieron tener. O cuando se deja la herencia al gato.

Las bestias son bestias. Y los hombres son hombres. El mundo de Tolkien, o el de Walt Disney, con sus seres intermedios y sus animales parlanchines es divertido e instructivo, ciertamente, pero mucho mas confuso que el nuestro en este aspecto. Aquí no hay confusión posible salvo cuando triunfa el materialismo radical que es lo que está sucediendo ahora. Lo que está haciendo tambalear en nuestros días el sentido común, la nítida distinción entre animal y humano es el materialismo que, al prescindir del espíritu, solo considera la existencia de cuerpos mortales, o en el plano social, de ciudades que son poco más que colmenas.

¿Derechos de los animales? Sí, por supuesto. Los animales, lo mismo que las piedras, tienen un “derecho”: el derecho a ser lo que son. Por eso los perros tienen “derecho” a orinar en los árboles, a ladrar y a enterrar huesos. Y por eso tienen “derecho” a ser perros o perras. ¿Qué clase de defensores de los animales son esos que niegan a los perros el “derecho” a reproducirse? ¿Cómo es posible que pasen por amigos del mejor-amigo-del-hombre aquellos que pretenden esterilizar o castrar a todos para que solamente se reproduzcan aquellos ejemplares designados para ello? ¿Sabían que según la nueva Ley de Protección de los Derechos de los Animales, queda prohibida la compra y venta de animales en las tiendas de mascotas y entre particulares?  Esto es una atrocidad contra los animales y un atropello a la libertad de las personas.

Las ideologías progres son así, siempre mentirosas. No elevaron -por ejemplo- el promiscuo arrejuntamiento homosexual a la categoría de matrimonio para dignificar a los gays sino para rebajar los votos sagrados. Y ahora no reconocen derechos a los animales para proteger a la zoosfera, no, sino para animalizar a las personas.

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Un comentario en “¡Pobres perros!

  1. Luis Corella Arroquia

    Todo muy claro, como hay que decir las cosas…; aunque supongo que, para algunos, Don Javier ya estará “cancelado”

    Responder

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