15 de noviembre de 2020 6

¡Libertad!

(Por Javier Garisoain ) –

Estamos llegando a un punto en el que vamos a tener que entendernos -sí o sí-  todos los que queremos libertad para vivir. La tiranía estilo chino avanza a marchas forzadas, a golpe de decretos y utilizando todos los recursos que la partitocracia ha entregado a los gobernantes. Recursos que, en la mayoría de los casos, suponen la sangría vía impuestos y multas del 50% de lo que gana un contribuyente medio.

Diciendo esto no me acerco al liberalismo. Al revés. Siempre he pensado que liberalismo es a libertad como carterismo a cartera. El liberalismo no tiene nada que ver con el recto ejercicio de la libertad. Esa ideología irrumpió hace 200 años en la historia de la Cristiandad occidental para proponer la adoración de la diosa libertad. Pero la libertad no se adora. Se usa. Y es para todos, no solo para aquellos que puedan pagársela. Por eso aquella falsa liberación abrió las puertas a nuevas opresiones.

Ahora mismo, lo que está llegando con el Nuevo Orden Mundial es una tiranía de amos liberales y plebe comunista. Un mundo en el que no hay sitio para las familias, los pequeños propietarios o las clases medias. Ideólogos millonarios que viven engañando a un populacho cada vez más esclavizado. Su progresismo consiste en el retorno a un paganismo precristiano que cambia el culto a Dios por la adoración al emperador. Y que con ello supone una vuelta a la esclavitud generalizada. Porque las antiguas termas se construían con esclavos, pero las catedrales fueron obra de hombres libres.

Es el momento de alzar de nuevo la bandera de la libertad verdadera. La que surge de la Verdad, el Bien y la Belleza. Es el momento de resistir cueste lo que cueste a los nuevos tiranos. En esta lucha cuenten con los carlistas.

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6 comentarios en “¡Libertad!

  1. Tomista

    Toda esa libertad que, no sin razón, anhelan, no es fin sino consecuencia de una cosa: La Realeza de NSJ. Esto es lo primero que hay que predicar. Libertas, Syllabus, Quas Primas, etc. Lo demás vendrá por añadidura. De lo contrario, corremos el riesgo de quedarnos en un mero conservadurismo de regusto pelagiano. Y eso pasa por ser muy selectivo con las alianzas.

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    1. Javier Garisoain

      Gracias por su comentario. Decir que “tenemos que entendernos” con todos aquellos que defiendan al menos la libertad, es ya casi como decir que tenemos que entendernos con todos aquellos que quieran respirar. Sin embargo, “entenderse con alguien” no tiene que significar, necesariamente, que se establezca una alianza. Dependiendo de cada caso ese “entendimiento” podría limitarse al respeto mutuo, o al intercambio de alguna información y poco más.
      Lo que está claro -y lo que pido en mi escrito- es que el Carlismo no se puede quedar al margen de este debate ni de esta lucha. Es nuestra responsabilidad hacer todo lo posible para que la bandera de la libertad se alce en su recto sentido. De forma que la rebelión contra la tiranía sea de verdad una rebelión contra los orígenes de la tiranía y no solamente contra sus consecuencias.

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  2. tabaleter

    Magnífico artículo del presidente de la Comunión Tradicionalista. El Carlismo, siempre defensor de las verdaderas libertades, debe lidiar una nueva batalla en pro de las mismas.

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  3. Gonzalo

    ¿Cuál es su opinión sobre los funcionarios, los servicios públicos y el sistema de oposiciones?

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    1. identicon

      Luís B. de PortoCavallo

      La respuesta a cada una de las cuestiones que plantea daría, no para una, sino al menos, para tres tesis doctorales, como mínimo.

      Teniendo en cuenta que todo el sistema de organización del estado contemporáneo, tal y como fue concebido en España, tiene su origen en el artificial sistema revolucionario “nacional” napoleónico de poder omnímodo de la administración del estado, creando cuerpos civiles de obediencia ciega, al modo militar, con la finalidad de controlar todos los aspectos de la vida del “ciudadano”, mediante “certificados” e “inspectores” ―desde la reestructuración del territorio, al culto religioso, pasando por la educación o a poder ejercer un oficio o profesión―, con irresponsabilidad personal de los “lacayos” a su servicio y bajo la más absoluta desigualdad de los derechos naturales de pueblos y personas frente al absorbente monstruo estatal ideologizado, comprenderá que la opinión que pueda darse en favor de la tradicional concepción de libertad y de organización social y política de los reinos de Las Españas, basado en los principios de bien común, subsidiariedad y solidaridad de los cuerpos intermedios, choca de frente con lo que plantea.

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    2. Javier Garisoain

      Estimado Gonzalo,
      Como bien dice nuestro colaborador Luis B. de Portocavallo este asunto del funcionariado es complejísimo de abordar porque la misma idea de “funcionario” como brazo ejecutor del estado liberal (“cuerpos civiles de obediencia ciega”) es inadmisible en un planteamiento tradicional.

      El rey y su gobierno deben tener funcionarios a su servicio, eso no lo puede poner nadie en duda, y deben poder integrarse en esas funciones por un sistema de méritos, formación adecuada, con oposiciones o metodos similares para evitar corrupciones y nepotismo. Y para evitar que sean servidores de partidos ideológicos en vez de atender al bien común.

      Pero lo que no es admisible es que todos los funcionarios, todos los servidores públicos, dependan directamente del rey y su gobierno. El sistema liberal-socialista ignora la realidad de los cuerpos sociales naturales, cada uno de los cuales puede legítimamente dotarse de su propio cuerpo de funcionarios. Los ayuntamientos, las diputaciones, las universidades, los gremios o asociaciones laborales, las mutualidades y cualquier otro órgano social natural debería tener su propio “funcionariado”.

      En fin, se trata de un tema que deberíamos ir tratando y repensando, para poder explicarlo bien desde un punto de vista tradicionalista.

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