Sin catolicidad no hay España
(Por Luis Flórez-Estrada Orlandis Habsburgo) –
No confundamos el carlismo y la verdadera Tradición Católica de las Españas, la monarquía católica y social, estructurada de manera orgánica, con lo que errada o maliciosamente nos pretenden camuflar bajo vocabulario carlista, algún tipo de comunitarismo socialista y federalista, que incluso mencionando la dignidad del ser humano se olvida de explicar la Fuente de dignidad, que carecería de sentido de no haber sido creados por Dios a Su Imagen y Semejanza:
Sociedad basada en la participación a todos los niveles, con una propuesta federal para las Españas y en defensa de la dignidad de la persona.
Más bien permítame, querido lector, citar desde el más profundo respeto al Abanderado de la Tradición, cuya perseverante fidelidad doctrinal a la Causa de la Tradición merece reconocimiento aún entre quienes no le reconocemos legitimidad de origen; y discúlpeme por parafrasear tan torpemente estas líneas, donde brillantemente describió España:
España, como todos los países, tiene un modo de ser. En nuestro caso una tradición católica y monárquica. Cuando ha sido fiel a la misma le ha ido bien. Y cuando se ha alejado de esa senda, vemos lo que pasa.
Y la monarquía católica:
Quien pertenece a una familia real no tiene tantos derechos como obligaciones, a las que no cabe sustraerse sin perder el sentido de su vida. Pues la naturaleza de la monarquía, que exige a quienes la encarnan un servicio total, más allá de sus gustos… o caprichos.
Aunque también ha tenido palabras para describir el comportamiento de la familia que hoy detenta la corona en España:
Hace mucho que dejó de lado la monarquía tradicional y las tradiciones de la monarquía. Siguen otro camino.
Sin dejar de hablar de Esperanza:
La esperanza en la restauración de la monarquía tradicional está intacta. Más en un mundo que hace agua por todas partes. Estos últimos meses hemos visto lo frágil que se ha vuelto lo que hace poco parecía inmodificable. El carlismo siempre renació en los momentos de crisis. Y ahora estamos en una, y profundísima.
La sierpe del error se disfraza de Tradición y no basta señalarlo; no se vence pactando con ella, sino desenmascarándola a plena luz: hay que decapitar la serpiente que intenta parasitarla.
Non prævalebvnt.
