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21 de octubre de 2025 0

Antonio López Ferreiro: descubridor de las reliquias del apóstol Santiago

(Justo Mendaza) –

Íbamos haciendo el Camino Sanabrés de Santiago desde Orense y al llegar a la última parada a 13 kilómetros de la Catedral, la Capilla de Santiaguiño, a los pies del Pico Sacro, decidimos buscar algo más cómodo que el Albergue de Peregrinos que allí existe y nos fuimos a dormir a un sitio a un kilómetro escaso de la Capilla. Era el Pazo de Galegos del Municipio de Vedra, y nunca pudimos hacer mejor elección.

Tras descansar de las siete horas de camino que llevábamos, fuimos al gran salón del Pazo y allí nos esperaba una sorpresa: un cuadro de Don Carlos VII con su perro León a los pies ¡estábamos en el pazo de un carlista!

Don Carlos VII con su perro León

El actual dueño nos dijo que efectivamente era así pero que además no era un carlista cualquiera, sino un carlista de pro, quien redescubriera en 1879 los restos óseos del Apóstol Santiago y de sus discípulos Atanasio y Teodoro escondidos desde el ataque del pirata Drake a La Coruña en una urna improvisada tras un muro del presbiterio de la Catedral de Santiago.

Se trataba del Canónigo de la Catedral de Santiago Don Antonio López Ferreiro, quien vivió en dicho Pazo y en el mismo murió en 1910.

Nació Antonio López Ferreiro en Santiago de Compostela en 1837. Siguió la carrera eclesiástica y en 1871 fue nombrado Canónigo archivero del Cabildo de la Catedral de Santiago por lo que tuvo acceso a los Archivos de la Catedral, lo cual le permitió posteriormente realizar amplios trabajos literarios y culturales.

Esto ocurre durante el sexenio revolucionario y en plena efervescencia de las actividades carlistas que, con la aparición de la Juventud Católica, rama de la Asociación de Católicos, impulsada por las autoridades eclesiásticas, hace que en Santiago de Compostela y los principales centros carlistas de la provincia de La Coruña, como son Melide, Arzúa y Ordes se organicen grupos de apoyo al carlismo y surjan hasta nueve periódicos en la capital del carlismo gallego, Santiago de Compostela.

Los periódicos carlistas que se publicaron en Santiago de Compostela en esta época fueron: El Eco de la Verdad (1868), La Patria (1870), El Propagandista (1870), El Compostelano (1870), La Boina (1871), La Emancipación (1872), El Libredón (1875), El Porvenir (1875) y La Reforma (1876).

López Ferreiro fue Director del periódico tradicionalista La Emancipación en 1872 durante este sexenio revolucionario y, aunque no está registrado, debió participar en las actividades encubiertas que se realizaron en Santiago durante esa época, al igual que, por ejemplo, una joven Doña Emilia Pardo Bazán participó en esa época en envíos de contrabando de armas para el carlismo según nos dice ella en sus recuerdos.

Santiago de Compostela era la capital gallega del carlismo, pero precisamente por ello estaba fuertemente guardada y las eficientes disposiciones del Capitán General de Galicia Sánchez Bregua mediante un eficaz servicio de espionaje y el establecimiento de partidas móviles impidieron el alzamiento carlista en la región en 1872.

Como nos dice Alfredo Comesaña en libro “Hijos del Trueno” “En la urbe jacobea las huestes del Duque de Madrid contaban con numerosos adeptos entre el estudiantado universitario, los seminaristas, sectores del clero, burguesía y clases populares urbanas locales a los que se añadían lugareños de los municipios colindantes de una extracción social interclasista.”

“… esta fuerza no era suficiente para disputarle el control de la ciudad a los adictos al Gobierno de Madrid, respaldados por una respetable guarnición que … se había visto reforzada y recibido abundantes repuestos de municiones tanto para la Infantería como para la Guardia Civil y Carabineros”

A pesar de ello se registra el comienzo de la facción armada de José María Andrade Portas, natural de Santa María de Sar en Julio de 1872 alrededor de Santiago de Compostela, en Santa María de Gonzar, a 15 kilómetros de Arzúa. Pero fue desbaratada muy pronto. No obstante se volverá a levantar el 18 de Julio de 1874, junto a la partida de Pedro Ramos Fernández. Estas partidas tenían entre 10 y 40 miembros y eran continuamente hostigadas por las fuerzas gubernamentales. Cuando fueron hechas prisioneras a los supervivientes se les envió a Cuba.

Otros jefes de facción en la zona de Santiago fueron Silvestre Cernadas Rodríguez, Francisco Arceo Lodeiro, apodado Pandelo y Manuel Centrán Oliva.

Las partidas carlistas fueron más numerosas en las zonas montañosas de Lugo y especialmente Orense, por su Frontera con Portugal. En el norte del país vecino se instalaron los que formaron la Capitanía o Comandancia General Carlista de Galicia, primero el manchego de Ciudad Real Vicente Sabariegos Sánchez en la primavera de 1872, actuando a intervalos hasta mediados de 1873 cuando se vuelve a su zona de Extremadura y La Mancha, donde muere en enfrentamiento con la Guardia Civil el 6 de Noviembre de 1873. A finales de 1873 llega a la Comandancia General el navarro Regino Mergeliza de Vera, quien da impulso a las actividades de la guerrilla pero no logra crear un ejército unificado en Galicia, siendo arrestado en Portugal el 18 de Julio de 1874, desde donde conseguirá pasar a Londres. Dede allí pasó al Norte y, tras participar en la batalla de Lácar, fue nombrado gobernador militar de Durango hasta el final de la guerra, cuando pasó al exilio en París. Para 1875 se acaba la guerra en Galicia. Se estima que se habían formado 48 partidas carlistas durante es período, 42 de ellas entre Orense y Lugo, hasta donde pasaba con más facilidad el apoyo que recibían del Norte de Portugal.

Partida carlista de David Cornejo en Mondoñedo

Como he dicho antes, no se conocen las actividades, aparte de la de la dirección del periódico carlista, que López Ferreiro pudo tener en esa época ya que, siendo Canónigo de la Catedral, tuvieron que ser necesariamente discretas.

Durante esta época llega a Santiago de Compostela en 1874 un nuevo arzobispo, Miguel Payá y Rico, natural de Benejama, Alicante. Pio IX le nombró Cardenal en 1877. Había sido Obispo de Cuenca desde 1858 y tras su paso por la Sede Compostelana será nombrado Arzobispo Primado de Toledo en 1886, con lo cual fue el encargado de bautizar al Rey Alfonso XIII, y en esa ciudad murió en 1891, siendo enterrado en su Catedral.

Cardenal Miguel Payá y Rico

El Cardenal Payá intervino en 1870 en el Concilio Vaticano I defendiendo la Infalibilidad del Papa como dogma de fe. También estaba en Cuenca como Obispo cuando esta ciudad fue tomada por el Ejército carlista de Don Alfonso Carlos y Doña María de las Nieves, ante quien intercedió para preservar en lo posible la ciudad de los rigores de la guerra.

En enero de 1874 es nombrado Arzobispo de Santiago de Compostela, pero no toma posesión hasta el 25 de febrero de 1875. A partir de ese momento impulsa las excavaciones en la Catedral de Santiago con el ánimo de demostrar con hechos la veracidad de la Tumba del Apóstol, y con la esperanza de encontrar los restos desaparecidos del Apóstol Santiago y sus discípulos Atanasio y Teodoro, escondidos desde el Siglo XVI por el temor a las incursiones del pirata Drake en 1589.

Aquí conviene recordar por qué se escondieron dichos restos de forma tan perfecta que su situación se olvidó durante casi tres siglos. En mayo de 1589 llega a la bahía de La Coruña una gran Armada inglesa, la Contra Armada, comandada por Sir Francis Drake, con orden de su Reina Isabel I de aprovechar el supuesto momento de debilidad española tras el fracaso el año anterior de la Armada Española enviada por Felipe II contra Inglaterra, la falsamente llamada Armada Invencible.

Su objetivo era hacer el mayor daño posible a España y saquear cuantas riquezas se pudieran, siendo su primer destino La Coruña. Pero no pudieron tomar la ciudad gracias a la heroica defensa mandada por el Marqués de Cerralbo, Juan Pacheco, Capitán General de Galicia. En su defensa destacó el hecho heroico de la coruñesa María Pita, cuyo recuerdo pervive hoy en día en el corazón de La Coruña.

Armadura atribuida a Juan Pacheco, marqués de Cerralbo

Este Marqués de Cerralbo es el antepasado del que en 1890 fue nombrado representante de Don Carlos VII en España, cargo que desempeñó hasta 1899, siendo nombrado en 1913 nuevamente como presidente de la Junta Nacional Tradicionalista instituida por Don Jaime III y que mantuvo hasta 1919. Su Palacio en Madrid es un precioso Museo en la actualidad.

Los ingleses, en sus operaciones para tomar La Coruña, incendian, profanan y arruinan la Iglesia de Santa María de Cambre y luchan por el Puente de El Burgo, entrada desde el sur a la ciudad, y camino a Santiago de Compostela, que fue defendido por una reducida fuerza mandada por el Conde de Andrade, quien tiene que ceder el terreno y dirigirse a Santiago para preparar una mayor defensa de la ciudad y de sus importantísimas reliquias, informando al Arzobispo del peligro que corrían , pues era intención de Drake saquear Santiago. Reúne más tropas en Compostela y regresa hacia La Coruña para atacar la retaguardia inglesa. El arzobispo decide poner a salvo las reliquias y todo el Tesoro de la Catedral ante el inminente peligro de saqueo inglés, pero lo hizo tan bien que su rastro se perdió durante siglos, dando pie a que se pusiera en duda su propia existencia. Hay que tener en cuenta que la amenaza de invasión inglesa se mantuvo hasta el 1600, dando lugar a que no se recuperasen los restos de inmediato.

La Contra Armada se retira derrotada de La Coruña y se dirige a tomar Lisboa, con la intención de instalar como Rey de Portugal al Prior de Crato, refugiado en Inglaterra. También aquí el fracaso es clamoroso y no le queda ya a Drake más que retornar a Inglaterra, no sin antes parar en las Rías Bajas, donde toma la indefensa Vigo y saquea y quema las iglesias de alrededor, volviendo a Inglaterra en Julio de 1589. Había salido de Inglaterra con 27.000 hombres y regresa con un máximo de 5.000, lo que convierte esta expedición en la mayor catástrofe naval de la historia de Inglaterra donde, lógicamente, se ha tendido a olvidar y ocultar tal hecho frente a la magnificación de la derrota de la Armada Española el año anterior.

Volviendo a las actuaciones del Cardenal Payá, una vez finalizada la guerra carlista, comienza las obras de mejoramiento de la Catedral. En ese tiempo, Don Antonio López Ferreiro publica su opúsculo “El Altar de Santiago y sus vicisitudes” que le hace retomar sus antiguasinquietudes de la búsqueda de las Reliquias de Santiago y el estudio de la primitiva sepultura apostólica y cuyo estudio es bien acogido por el Cardenal Payá, quien la asigna como ayudante a Don José María Labín Cabello.

A lo largo de 1878 dirige López Ferreiro las excavaciones arqueológicas dentro de la Catedral de Santiago, debajo del Altar Mayor, donde deberían estar las reliquias de Santiago y sus dos discípulos Atanasio y Teodoro. Descubren así las diferentes fases de construcción en la Catedral y en el fondo un mausoleo romano de comienzos de la Era Cristiana. Por una lápida conocida determinan que el mausoleo pertenece a la familia Modesta, pues está dedicado a Atia Modesta y su nieta Viria. Sabiendo que ese nombre de Modesta corresponde a una palabra céltica que significa rey, se deduce que Atia podría haber sido la famosa Reina Lupa de la leyenda jacobea.

Se excavan los tres lugares donde estuvieron enterrados los restos de Santiago y sus discípulos y se encuentran otros huesos que debían corresponder a los de la familia dueña original del Mausoleo.

Se encuentra una capa con cenizas indicativas de un gran incendio, que corresponde a la destrucción de la primera Catedral por Almanzor, aunque esta destrucción no afectó a las reliquias, pues el Obispo San Pedro de Mezonzo consiguió ocultarlas.

Encontraron restos de suelo y mosaicos romanos, así como las intervenciones posteriores del arzobispo Gelmírez y las de 1666 a 1669 en las que buscaron las reliquias sin éxito.

Toda esta actuación arqueológica fue ampliamente documentada por López Ferreiro y revisada exhaustivamente por los investigadores de la Real Academia de la Historia Fidel Fita y Aurelio

Fernández-Guerra, quienes confirman el carácter romano del Mausoleo inicial y redactaron un amplio informe sobre las mismas.

El 28 de enero de 1879 a las 10 de la noche, el propio López Ferrero encuentra los restos de tres personas en un escondite improvisado en un muro del ábside del Altar Mayor o Presbiterio. Por petición del Cardenal Payá, estos restos son reconocidos por los catedráticos Antonio Casares, de la Facultad de Farmacia, y Francisco Freire y Timoteo Sánchez Freire, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Santiago. Se compararon las reliquias con otras conocidas extraídas en la Edad Media de la Tumba apostólica comprobándose que el molar del relicario del Tesoro de la Catedral se adaptaba bien al alveolo de la mandíbula, así como la de un hueso craneal del relicario de Toledo que se acopla perfectamente a su sitio en el cráneo hallado. Pero lo más significativo es que la Reliquia de la Catedral de Pistoya, que es la hipófisis mastoidea derecha, encaja perfectamente con su lugar correspondiente de los huesos hallados. Y este hueso da un detalle importante, pues tiene la señal de una decapitación, que es como murió Santiago, pero no sus discípulos.

Se determinó cual era el conjunto de huesos que correspondían a Santiago por unas manchas verdosas de algunos huesos que indican que estaba en el “último tercio de la duración media y fisiológica de la vida”, según el informe médico.

Como criterio se determinó que los tres cuerpos se dejaran juntos en la misma urna con la “Convicción firmísima de que los huesos de que se trata pertenecen al Ap. Sgo. y a sus dos discípulos San Atanasio y San Teodoro”.

Fue López Ferreiro quien inspiró y dirigió la realización de la preciosa Urna-Relicario de plata que ahora contiene los restos, obra maestra de la orfebrería gallega del Siglo XIX, así como de la forma de la actual cripta bajo el Altar Mayor que contiene dicha urna.

Urna que guarda los restos del apóstol Santiago

Con estos resultados, el Cardenal Payá decide incoar un proceso canónico de reconocimiento de la autenticidad de las Reliquias, y pide que recoja todos los dictámenes que sobre los hallazgos se han hecho y que se haga con un “juicio crítico, severo, imparcial y fundado acerca de la autenticidad de estas venerandas Reliquias”. Es una investigación “racional, crítica, histórica y arqueológica”. Como resultado se redacta de 1879 a 1883 un “Expediente instruido acerca de la autenticidad de las Sagradas Reliquias de Santiago Apóstol” que fue enviado a la Santa Sede para su confirmación tras su proclamación en Santiago por el Cardenal.

Este proceso tiene su continuación en Roma bajo el mandato del Papa León XIII. Este envió a Santiago al Maestro Agustín Caprara, Promotor de la Fe para que investigara y diera su dictamen. Finalmente, tras la aprobación de la Sagrada Congregación de Ritos, León XIII lo ratifica y decreta la autenticidad de las reliquias el 3 de agosto de 1884 y así lo confirma con la Bula Deus Omnipotens el 15 de noviembre de 1884.

Como consecuencia de todo ello se proclama el año 1885 como Año Santo Compostelano y el Cardenal Payá decide impulsar de nuevo las peregrinaciones por el Camino de Santiago.

El Cardenal Payá había participado en el Cónclave que eligió Papa a León XIII en 1878.

Antonio López Ferreiro fue miembro destacado de la Real Academia de la Lengua Gallega. Escribió más de 50 libros de temas gallegos y una extensa obra historiográfica, ayudado por la posibilidad que tenía de acceder al archivo documental de la catedral, y aprovecharlo para realizar trabajos de investigación y cultivar la novela histórica tan del gusto del Romanticismo, pero que no había sido abordada hasta el momento en lengua gallega.

Las tres novelas históricas que escribió son:

  • A tecedeira de Bonaval (La tejedora de Bonaval, 1894), en la que mezcla una historia de amor con los acontecimientos sociopolíticos de la Galicia del siglo XVI
  • O Castelo de Pambre (El castillo de Pambre, 1895), que narra acontecimientos históricos de la segunda mitad del siglo XIV en tierras de Ulloa.
  • O niño de pombas (El nido de palomas, 1905), de temática amorosa, está ambientada en la Galicia del siglo XII.

Escribió medio centenar de libros sobre temas gallegos. Entre su extensa obra historiográfica se cuentan:

  • La Historia de Compostela y su reprobación crítica por Masdeu (1866).
  • El Sepulcro del apóstol Santiago (1872).
  • Leyenda sobre la vida de San Pedro de Mezonzo (1872).
  • Estudio histórico crítico sobre el Priscilianismo (1878).
  • Galicia en el último tercio del siglo XV (1883).
  • Don Rodrigo de Luna (1884).
  • El Pórtico de las Platerías (1884).
  • Don Alfonso VII, rey de Galicia, y su ayo el conde de Traba (1884).
  • El Pórtico de la Gloria (1886).
  • Fueros municipales de Santiago y su tierra (1895).
  • Historia de la Santa A.M. Iglesia de Santiago de Compostela (1898-1911).
  • Santiago y la crítica moderna (1901).

Como demuestra el cuadro de Don Carlos VII que inició este relato, mantuvo su condición carlista hasta que murió, en su Pazo de Galegos, el 20 de marzo de 1910.

El Pazo conservaba hasta hace pocos años el mismo carácter tradicional que había dejado López Ferreiro, reconvertido en pequeño y delicioso hotel rural, con unos jardines con parras de las que obtienen un vino de la tierra de buena condición, especialmente el proveniente de una parra inmensa que tiene mil años de antigüedad. Recientemente ha sido cambiado a un tipo de hotel con toques modernos y pintura algo chillona que no he visitado por lo que ignoro si mantiene todavía el citado cuadro del Rey Carlos VII.

BIBLIOGRAFIA:

Barral Iglesias, Alejandro Benito – El Sepulcro de Santiago – Cabildo de la S.A.M.I. Catedral de Santiago, 2018

Cebrián Franco, Juan José – El Apóstol Santiago y su sepulcro. – Ed. San Pablo 2003

Comesaña Paz, Alfredo – Hijos del Trueno. La Tercera Guerra Carlista en Galicia y el Norte de Portugal. Schedas S.L. 2016

Gorrochategui Santos, Luis – Contra Armada. La mayor catástrofe naval de la historia de Inglaterra. Ministerio de Defensa 2011

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