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15 de mayo de 2026 0

Joven Orquesta Sinfónica Juan Pablo II, apostolado para que disfruten la música los más necesitados

(Una entrevista de Javier Navascués).-

José María Carrera es Director Ejecutivo de la Joven Orquesta Sinfónica Juan Pablo II, Director del CEM -Centro de Estudios Musicales- Juan Pablo II y maestro de religión en el colegio Juan Pablo II de Alcorcón. Casado padre de 3 hijos y abuelo de 4 nietas.

¿Cómo nace la Joven Orquesta Sinfónica Juan Pablo II y con qué objetivos?

La Joven Orquesta Juan Pablo II se nutre de los alumnos del Centro de Estudios Musicales de los colegios Juan Pablo II, actualmente cerca de 400. Hace doce años, fruto de la colaboración entre la Fundación Educatio Servanda y el Programa Grado Musical, se gesta en nuestros colegios un programa exclusivo con el objetivo de integrar en los centros educativos una formación musical reglada y homologada por una prestigiosa y centenaria titulación internacional (ABRSM). Hablamos coloquialmente del programa como un conservatorio amable”.

Los conservatorios hacen un trabajo imprescindible, pero se limita a un grupo muy reducido de alumnos. Creemos que hace falta una formación musical que abarque al mayor número de alumnos, que integre los estudios musicales en su entorno natural. Esta formación debe estar al servicio del bien del alumno, y no al revés. El alumno debe nutrirse de los múltiples beneficios de una formación musical exigente y, al mismo tiempo, que esta no le consuma por completo. Hoy, podemos afirmar que los colegios Juan Pablo II están a la cabeza en lo que a formación musical escolar de los alumnos se refiere en España.

En este sentido, sería un orgullo que nuestros músicos puedan desempeñar carreras de éxito, y no son pocos los que ya han emprendido este camino. Sin embargo, no les formamos para ser autómatas consumidos por deseos desordenados de grandeza. Buscamos alumnos conscientes de que el don del arte, de la música y de la belleza les han sido dados como una vía más que puede contribuir a su integridad y fin último que es la salvación.

¿Por qué buscan acercar la música a personas vulnerables?

Precisamente por esto último. Porque no se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para que alumbre a todos. Dios concede dones y talentos, y si los de nuestros alumnos son la música y la caridad, debemos como agrupación entregarnos a los que más sufren para que realmente tenga sentido, para elevar nuestra actividad. Y por tanto esta entrega debe ser de un modo radicalmente altruista. La Joven Orquesta Juan Pablo II no cobra a sus alumnos ni a las instituciones a las que visita. Sus gastos son cubiertos por las donaciones, los patrocinios, subvenciones y fondos propios de la Fundación Educatio Servanda y sus colegios. Muestra de ello es la campaña vigente para financiar nuestro próximo concierto, que realizamos con Fundación Triodos.

https://crowdfunding.fundaciontriodos.es/joven-orquesta-sinfonica-juan-pablo-ii/5453

Llevamos la música allí donde se necesita esperanza porque lo consideramos un deber evangélico. Pero la llevamos intencionalmente a personas vulnerables porque especialmente ellos necesitan la belleza del arte y todo lo que conlleva. Hoy, en un tiempo en que al enfermo se le ofrece la eutanasia, al preso se le dificulta la reinserción y al necesitado se le da pan y se le niega la Palabra, nosotros buscamos ofrecer compañía, sonrisa, caridad, perdón, reinserción, consuelo y esperanza. Y todo ello surge de nuestra propia identidad cristiana.

Normalmente, aquellos a los que nos referimos cuando hablamos de personas vulnerables” suelen carecer de bienes como la música, considerados erróneamente como un lujo”. Queremos romper ese mito. Hoy, en un momento en que se reclaman tantos derechos universales y gratuitos, nosotros queremos cumplir nuestro deber, también universal y gratuito, de transmitir esperanza con nuestra música a quienes carecen de ella.

Uno de los últimos conciertos de la Joven Orquesta Juan Pablo II:

https://www.youtube.com/watch?v=nHBpxJQj2-s

¿Por qué abarcan tanto residencias de mayores, como hospitales y centros penitenciarios?

Brevemente, practicamos las Obras de Misericordia mediante la música, poniendo nuestra Orquesta como correa de transmisión de esta práctica. De este modo nos ponemos al servicio de los más necesitados, de sus familias y de quienes les cuidan y acompañan. Y a la vez, nuestros alumnos, asumen que la belleza que son capaces de interpretar, les trasciende, no se queda en ellos y en sus familias. Adquiere un sentido eterno, un acto de amor al prójimo y que además les pone en contacto con la realidad de la vida, con el dolor, la soledad, la enfermedad, el miedo. De esta manera, se entregan al que sufre sin prejuicios, ni rechazos. No se juzga; se acompaña y se reza. Y nos pone en nuestro sitio.

Desde que fue apartado de la belleza, el arte ha sido herido de muerte. Hoy, la concepción hegemónica del arte corre el riesgo de limitarse al ego del artista y del enriquecimiento del mercado. Y esto pone en peligro al propio artista, reo del mercado, al no existir una base social amplia que entienda y valore su talento. Por ello, nuestra misión en el apartado artístico no es tanto aportar músicos a la Orquesta Nacional de España, como aportar público entendido al Auditorio Nacional. Público que sabe lo que es tocar en su humilde Orquesta y que entiende y valora lo que está pasando en el escenario.

Otros grandes perjudicados han sido los que no tienen acceso a esa concepción elitista. Personas mayores sin recursos, enfermos, personas privadas de libertad, los más necesitados… Durante la Cristiandad, el arte se concibió como una guía hacia la verdad con un público universal. El arte, entonces ligado a la belleza, era verdaderamente producido para el bien común. Y eso es lo que queremos recuperar: el arte gratuito y como servicio. Hablemos de un paciente de una UCI, de un interno en prisión o de un anciano de una residencia, es un privilegio -entre comillas- poder escuchar a Händel o Palestrina desde alguna red social. Nosotros buscamos llevárselo al lugar donde se encuentra, especialmente si no abunda la belleza o la esperanza. Lo hacemos principalmente a través de nuestra Orquesta Sinfónica, con cerca de 60 alumnos y sus 20 profesores, miembros también de esta familia, pero también con pequeñas agrupaciones de cámara de alumnos formadas específicamente para ello.

¿Puede darnos algún ejemplo de la belleza de los testimonios?

Tenemos mil historias preciosas. No olvidaremos escenas como la de una paciente recibiendo quimioterapia en el Hospital de Alcorcón, bailando el Danubio Azul con la doctora. Nuestros amigos del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo. Los mayores de las Hermanitas de los Pobres de Los Molinos pidiendo que nos quedáramos, las niñas de 3º de la ESO cantando el cumpleaños feliz a un preso que cumplía años ese mismo día. Óscar, también recluso, explicando a un grupo de nuestros alumnos en Parla por qué deben hacer siempre caso a sus padres y en Alcorcón, Sergio, otro recluso, explicando a los chavales de ESO y Bachillerato el precio que pagó su familia por su condena y la consecuencia de las malas compañías, las bandas y las drogas… El Cottolengo de Padre Alegre. Cada concierto es fuente de pequeños gestos preciosos.

¿En qué medida buscan que estas personas se abran a Dios?

En toda medida, siendo siempre conscientes de que somos una orquesta de alumnos que puede estar llamada a evangelizar en momentos difíciles. En este sentido, nuestro carisma específico, si se quiere llamar así, es el de transmitir esperanza a través del arte y la belleza de la música. Ahora bien, más allá del poder de atracción que esta belleza pueda tener, el contacto que puede facilitar esa apertura no es tanto la música, sino la labor asociada de nuestros voluntarios y colaboradores. En la Joven Orquesta hay músicos, pero también personal voluntario o asociado a pastoral penitenciaria o de ancianos y hospitales que acompaña de forma activa al prójimo, en el lugar que sea. Es ahí, cuando el corazón y el alma conservan el calor e impacto de la música o de la sonrisa de los jóvenes músicos, cuando la conversación encuentra un espacio fértil para desarrollarse.

Hablando específicamente de los centros penitenciarios, observamos el creciente peso que adquieren organizaciones de corte evangélico, lo que demuestra una sed espiritual, por ejemplo, en los internos. Nuestro papel como católicos, hablando ya más de los voluntarios que de los jóvenes músicos, es estar y ser visibles donde siempre ha estado la Iglesia, como son las prisiones. Podemos remitirnos a San Dimas, que da nombre a nuestro Programa Dimas de atención a centros penitenciarios. O la Orden de la Merced, fundada en España en el siglo XIII para redimir cristianos cautivos en territorio islámico. Buscamos emular los miles de casos que en esta y otras órdenes caritativas han comprobado que la sed de Dios es universal. La Pastoral Penitenciaria desarrolla hoy una labor encomiable con los internos, y nosotros queremos contribuir con ello, en la medida de nuestras posibilidades y siempre que se solicite nuestra presencia.

¿Cómo puede ayudar a las personas que sufren la belleza de la música y la alegría de los jóvenes?

Dice Platón que la educación musical -y a eso nos dedicamos, tanto en los colegios como en nuestros conciertos- es de suma importancia porque el ritmo y la armonía es lo que más penetra en el interior del alma y más vigorosamente le afecta. Por eso nos centramos en la música sinfónica y en el empleo de instrumentos clásicos, pues creemos que no toda música es igualmente bella y buena. Lo que buscamos es el bien y la virtud de la persona a través de la buena música, y los resultados son tangibles.

Tenemos multitud de testimonios evocadores que lo reflejan. Por citar algunos, podemos hablar de Juan Carlos, interno en uno de los centros de la diócesis de Getafe, que afirmaba visiblemente emocionado cómo una de las piezas le hizo trasladarse directamente a su infancia y valorar especialmente la presencia y entrega de su familia.

Un niño de 5 años en la UCI del niño Jesús, donde fuimos a tocar con el cuarteto de cuerdas, quiso ver a la Orquesta en el Teatrillo de dicho hospital. Le dejaron ir. Aguantó una pieza y media y se fue en los brazos de su padre dando las gracias, 3 veces seguidas, por haber ido a verlos. Mientras, los músicos trataban de seguir tocando, emocionados con los ojos húmedos y enrojecidos. ¿Quién le puede poner precio a esto?

¿Cómo ayuda a los propios jóvenes encontrarse con las personas que sufren?

Esta es sin duda una de las experiencias más diferenciales y beneficiosas de cara a los alumnos. En primer lugar, a través de la práctica de las obras de misericordia corporales, como visitar al enfermo y a los presos, pero también algunas espirituales como ofrecer consejo, consolar al triste, perdonar e incluso enseñar al que no sabe. Entre nuestros objetivos a corto plazo, queremos colaborar con la pastoral penitenciaria para llevar clases de música a las prisiones, a lo que se agrega la labor estrictamente evangelizadora y de acompañamiento que llevan a cabo algunos de nuestros colaboradores.

Nuestros alumnos adquieren un conocimiento práctico de la justicia y del perdón. En los centros penitenciarios, los alumnos comprenden que una vez que el preso ha reconocido su error, ha pedido perdón, muestra arrepentimiento y cumple su condena, es merecedor de una segunda oportunidad. Son capaces de llevar a la práctica aquella inscripción en las prisiones de hace años “Odia al delito, compadece al delincuente”. Conocer la realidad penitenciaria también tiene un resultado preventivo y educativo: los jóvenes músicos se hacen conscientes de las consecuencias que puede suponer desviarse del camino, por las razones que sean. Y eso, en último lugar, educa también frente al puritanismo o una conciencia escrupulosa hoy al alza. El preso, el enfermo, el necesitado, es el prójimo y, como tal, debemos conocerlos y hacerlos parte de nuestra realidad cotidiana.

¿Cuántos conciertos han realizado hasta ahora y cuáles tienen en proyecto?

En nuestra aún corta trayectoria, llevamos más de 20 conciertos. Nuestra limitación es económica, ya que cada concierto tiene un coste no menor y dependemos de las donaciones. Por otro lado, la edad media de nuestros alumnos es de 14 años por lo que preparar los repertorios exige tiempo.

El próximo concierto tendrá lugar Dios mediante el próximo verano, en un hospital madrileño dedicado al cuidado de pacientes con ELA, así como en el Hospital de San José con pacientes con unas expectativas de vida muy reducidas, una unidad de daño cerebral severo y un colegio de educación especial. Todo el que desee contribuir a hacer realidad esta emotiva interpretación puede ahora hacerlo gracias a la campaña emprendida con Fundación Triodos. En su página web podrá encontrar toda la información necesaria y el desglose presupuestario del concierto. https://crowdfunding.fundaciontriodos.es/joven-orquesta-sinfonica-juan-pablo-ii/5453

¿Cómo se puede colaborar con la orquesta e incluso ser parte de ella?

Para colaborar, agradecemos mucho en primer lugar las oraciones por la buena marcha de la Joven Orquesta, especialmente por la perseverancia de los jóvenes músicos, así como por el sostenimiento de la misma, ya que nuestros conciertos son completamente gratuitos. Por ello, ofrecemos también la oportunidad de colaborar materialmente, ya sea haciéndose amigo de la orquesta mediante una aportación simbólica o bien desde la campaña activa con Fundación Triodos. También tenemos un programa de segundas vidas de instrumentos musicales, por lo que agradecemos todo instrumento que se quiera donar.

https://jovenorquestajuanpabloii.org/

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