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Ministros del PP: a prueba en un examen de decencia y corrupción (II)

10 de diciembre de 2016 0 Actualidad / / /

Implicados en conjuras políticas de toda clase, los ministros del Gobierno del PP no son siempre lo que parecen. El Presidente del Gobierno -es preciso insistir en ello- ha elegido un gabinete conforme a favores políticos y a la partitocracia imperante. Hoy examinamos a Soraya Sáenz de Santamaría, Fátima Báñez y Luis de Guindos.

Santamaría: la escudera de Mariano Rajoy y de Telefónica

La mano derecha de Rajoy, la verdadera mujer de Estado y la ministra de Interior en la sombra
La mano derecha de Rajoy, vicepresidente y jefa del CNI

Soraya Sáenz de Santamaría ya no es la portavoz del gobierno. La todopoderosa del Ejecutivo de Mariano Rajoy es la única vicepresidente del gobierno, la jefa del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y de los servicios de información del Estado. Ahora no está tan expuesta ante los medios de comunicación, lo que le servirá para gestionar el aparato del Estado al servicio de su partido y quién sabe si de sus propios intereses. Recordemos que es uno de los enemigos políticos, dentro del Partido Popular, de María Dolores de Cospedal.

Santamaría es la autora de la estrategia de comunicación de un ejecutivo que se ha centrado en proteger a su Presidente de la corrupción y de las críticas por medio de ruedas de prensa sin preguntas o mediante la costumbre de omitir ciertos temas de interés publico en las comparecencias. Es una práctica que va en contra de la responsabilidad política más elemental en un gobernante salpicado por escándalos.

Está casada con Iván Rosa, un abogado del Estado que trabaja ahora en Telefónica. No se puede criticar que Santamaría se case con quien quiera, aunque sea por lo civil. No obstante, la sombra de la sospecha se cierne sobre la pareja ¿cómo podría la señora vicepresidente del Gobierno de España explicar que su marido no ejerce ninguna influencia en las decisiones del gobierno que afecten a una de las empresas más importantes de España? La ausencia de Santamaría en el Consejo de Ministros cuando se ha tomado alguna decisión sobre la empresa no es suficiente para sofocar las dudas. ¿Deberían extenderse a los familiares directos las incompatibilidades laborales por ejercer cargo público?

Fátima Báñez: limpia… aunque no tanto

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A Fátima Báñez, ministra de Empleo, nunca se le han reprochado casos concretos ni trapo sucio alguno como a otros miembros del Ejecutivo aunque sí -como todos ellos- ha sido víctima de tácticas de acoso y derribo por parte de la oposición neocomunista que ha centrado sus críticas en su caso en la última reforma laboral. El caso “jocoso” del capote que le pidió a la Virgen del Rocío para resolver la crisis y el paro refleja muy bien la actitud de un ejecutivo que entiende la religión como folclore y que habiendo prometido tanto no ha sabido solucionar casi nada.

El reto de mejorar el desempleo sigue lejos, pues aún hay más de tres millones de personas sin trabajo y lo único que está aumentando a buen ritmo es el empleo precario. Báñez se enfrenta también a un agujero cada vez mayor en el fondo de reserva para las pensiones. Mientras tanto, en este contexto, los ministros de Rajoy -incluida Fátima Báñez- verán incrementados sus sueldos cuatro veces más que los pensionistas. Las políticas “supuestamente exitosas” de Mariano Rajoy -cuyo alcance real iremos analizando próximamente- se deberían reconocer en algo más que en los honorarios del gobierno.

Luis de Guindos: amigo del aborto y de José Manuel Soria

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Luis de Guindos es el ministro encargado de la economía y del crecimiento en nuestro país. No obstante, el hecho de dedicarse a “temas de dinero”, no le excluye de los códigos morales. Todo lo contrario. Algunos católicos se ilusionaron hace tiempo con Luis de Guindos, cuando se rumoreaba que era católico y del Opus Dei. No parecen muy católicas estas declaraciones del ministro realizadas a la revista Forbes en marzo de 2013:

«Yo soy católico, pero no estoy en contra del matrimonio entre homosexuales, porque creo que en este tipo de cuestiones los derechos individuales son fundamentales. Lógicamente, no estoy a favor del aborto. Si una hija mía se viera en esa situación, siempre le recomendaría que no abortara. Pero tampoco modificaría la legislación actual».

Así pues, el ministro de Economía, en una extraña y doble pirueta argumental, declara que no está a favor del aborto, pero sí de la Ley del Aborto que aprobó Bibiana Aído, y se proclama «católico» pero partidario de equiparar el matrimonio a las uniones de personas del mismo sexo porque, según dice, es una cuestión de «libertad individual».

De Guindos llegó al Gobierno de Rajoy cuatro años después de ver quebrar a Lehman Brothers en medio del escándalo de las hipotecas subprime.  En la anterior legislatura fue el coautor, junto a Cristobal Montoro, de recortes para todos… menos para la clase política.

El último escándalo que ha protagonizado es el nombramiento de José Manuel Soria, exministro de Industria “dimitido” a raíz del caso de los papeles de Panamá, para ocupar un cargo en el Banco Mundial. El presidente dejó en manos del titular de Economía la desagradable tarea de dar marcha atrás y, peor aún, todas las explicaciones que le exigía la oposición en el Congreso. Ahora, pasada la página del caso Soria, De Guindos parece bien asentado en su sillón ministerial.

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