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17 de marzo de 2021 0 / / /

Un negocio “redondo”, pero redondo… redondísimo

(Por Luis B. de PortoCavallo) –

«Cuando veas sangre correr por las calles, es tiempo de comprar propiedades»
(Barón de Rothschild, ante la batalla de Waterloo)

El capitalismo dominante, puro y duro, tiene sus propias “reglas” y “leyes” para obtener el tan ansiado “éxito”, que se cristalizan en el “negocio redondo”. Su principio rector es la codicia, la mayor ganancia posible, a toda costa, con la mayor ventaja y sin consideración moral alguna. Lo “redondo”, no tiene “partes”, sugiere continuidad, es de puntos equidistantes, sin aristas. Cuando muchos pierden, tengan por seguro que unos pocos ganan.

El “negocio redondo” es esa actividad financiera o comercial, muy ventajosa, “de punta a punta” (para quien la realice), sin riesgos de pérdida de inversión, con retorno de dinero de forma rápida y sencilla, en la que se obtengan grandes ganancias.

Según el Global Wealth Report, informe de Crédit Suisse de 2019 (antes del SARS-CoV-2), el 45% de la riqueza mundial estaba en manos del 1% y el 90% de la población del planeta posee menos del 18% del conjunto de toda la riqueza disponible.

Habría que apuntar que gran parte de esa riqueza “global” acumulada se obtiene por medios moralmente no muy lícitos, ya que se consigue mediante presiones, corrupciones y “compra de voluntades”, con la aprobación de “legislaciones favorables” u opacos tratos preferentes o ventajosos, lo que les da apariencia de presuntamente legales.

Los lobbies mundiales más fuertes, que a eso se dedican, y que más invierten en ésto ―y los denunciados como más corruptos―, son:
―las financieras (bancos, aseguradoras y reaseguradoras),
―las industrias farmacéuticas y
―las energéticas y químicas (gas, petróleo y eléctricas).

El caso anti monopolio de Estados Unidos vs. Microsoft, iniciado en 1997, ha devenido en un curioso efecto.
El juez federal Thomas Penfield Jackson informó sobre las conclusiones previas, en 5 de noviembre de 1999, admitiendo que Microsoft había llevado a cabo acciones para el dominio del mercado, acabando con las amenazas, con carácter de constituir un monopolio contra la libre competencia.
[Ampliamente explicado en el blog: http://econsoft.blogspot.com/2011/10/el-caso-antimonopolio-contra-microsoft.html
Versión traducida y levemente reducida del original: “The Microsoft Antitrust Case: A Case Study For MBA Students” por el Prof. Nicholas Economides, NYU]

Adelantándose, inmediatamente, la Fundación William H. Gates, creada en 1994 con la finalidad de acceder a beneficios fiscales y con poca actividad, se refundó, de la noche a la mañana, en 1999, para contrarrestar la prensa negativa generada por el juicio y hacer un lavado de imagen, apareciendo la B&MGF (Fundación Bill y Melinda Gates), variando sorprendentemente, su objetivo y fines: “erradicación de la pobreza, inversión en programas de educación y mejora de la salud y sanidad mundial” y cabeza visible de una red de fundaciones ―que se han convertido en una corporación multinacional de fundaciones―.

Sede Central de la B&MGF, Seattle, Washington

La sentencia, se dividió en dos partes, sentencia de 3 de abril y de 7 de junio de 2000), que quedaron en agua de borrajas tras el acuerdo al que llegó Microsoft con el Departamento de Justicia, en 2 de noviembre de 2001.
Discernía Quevedo, en su poema satírico Poderoso caballero es don Dinero, distinguiendo:
«…tan cristiano como moro;
                pues que da y quita el decoro
                y quebranta cualquier fuero, …
»… pues él rompe recatos y
              ablanda al juez más severo» …

Un extraño ejemplo del mundo de estas fundaciones es la Fundación Naciones Unidas (a pesar del nombre, nada tiene que ver, ni es un organismo dependiente de Naciones Unidas [ONU], sino sólo una denominación registrada en Estados Unidos), creada y presidida por Ted Turner, pero en la que gran parte de sus ingresos proceden, a su vez, de la Fundación Bill y Melinda Gates. Ambas desde 2015, colocan peones en puestos estratégicos, en la OMS (Organización Mundial de la Salud), a base de donaciones multimillonarias.

Ya en abril de 2015, Gates planteaba, en caso de no poder “refundar” la actual Organización Mundial de la Salud, la creación de una nueva, «para coordinar un sistema de alerta y respuesta, para responder con eficacia a futuras epidemias» y calificando, entonces a la OMS, de ineficaz, especialmente, criticando la falta de presupuesto y personal.

Por otro lado, la fundación crea un trust de inversiones, para los activos no distribuidos (fondo de reserva) ―con el único objetivo de maximizar el retorno sobre cada inversión― (que no tiene en cuenta las finalidades principales de la fundación, sino sólo objetivos de beneficios económicos).
Estas inversiones incluyen compañías farmacéuticas implicadas en los “programas oficiales mundiales” de vacunación infantil en el tercer mundo, de vacunación de polio, de tuberculosis o malaria, …

Y descubren el rentable “negocio de la vacunación mundial”, pasando de querer vender un PC a todo el mundo, a querer vacunar globalmente.

En The Wall Street Journal, de 16 de enero de 2019, declaraba, en tono filantrópico, que “las vacunas son la mejor inversión que he hecho jamás”, con relación a GAVI (Alianza para la Vacunación,), Fondo Mundial (Global Fund) y GPEI (Iniciativa para la Erradicación Mundial de la Polio), todas ellas fundadas o conectadas a la Fundación de Gates, pero dirigidas a ser financiadas por gobiernos y organismos internacionales.
https://www.wsj.com/articles/bill-gates-the-best-investment-ive-ever-made-11547683309

Y unos días después, en 23 de enero de 2019, hace unas declaraciones grabadas por la cadena de televisión CNBC, en el marco de la Agenda de DAVOS 2020

Bill Gates: My “best investment” turned $10 billion into $200 billion worth of economic benefit

https://www.cnbc.com/2019/01/23/bill-gates-turns-10-billion-into-200-billion-worth-of-economic-benefit.html

En las dos últimas décadas, Gates, dice haber invertido 10.000 millones de $ en vacunas, calculando el retorno de esta inversión, según sus propias palabras:
―«en más de 20 a 1, así que, si sólo miras las ganancias económicas, es un número bastante fuerte, comparado con cualquier otra cosa».

Imaginen un producto que se declara por todos los gobiernos nacionales del mundo, “globalmente” necesario o, incluso, “obligatorio”.
Dónde tanto gobiernos, como particulares, donan a fondo perdido gastos de investigación.
Donde las legislaciones se acomodan para aprobar el producto facilitando los tramites y eliminando la responsabilidad tanto penal como civil, por efectos perjudiciales y daños.
Donde se pre compra antes de fabricación, a precio dado y en muchos casos proveyendo la distribución.
Dónde la campaña de marketing y publicidad es “global” y absolutamente gratis.

En ausencia de Santa Caridad Christiana, toda filantropía no es más que negocio.

¿O no es ésto un “negocio redondo”?

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