11 de octubre de 2019 0

Sobre Unamuno

La película de Amenábar, “Mientras dure la Guerra” ha puesto de actualidad a la figura de don Miguel de Unamuno. A continuación, transcribimos un párrafo de un artículo aparecido en “El Correo”, de Bilbao, escrito por un panegirista del personaje.

Unamuno tuvo una personalidad compleja, inquieta, rebelde, crítica (con todos y consigo mismo) apasionada, valiente, contestataria, versátil, contradictoria, cambiante (él dice que cambiaban los demás) con sentimiento trágico de la vida.

A Unamuno le refleja claramente la siguiente anécdota. La conocemos por un artículo escrito por don Ángel Puente, a la sazón director de la Hoja del Lunes de Bilbao. Apareció en dicho semanario a raíz del centenario del nacimiento de Unamuno (1964).

Relataba Puente una entrevista que él y su amigo Carmelo Echegaray tuvieron con el Rector de la universidad de Salamanca. Acababa de publicar Echegaray una monumental historia de la provincia de Guipúzcoa. Unamuno, en alguna publicación, había hecho grandes alabanzas de la obra. Puente y otros amigos le indicaron a Echegaray la conveniencia de que agradeciese a Unamuno los elogios.

Unamuno se hallaba en Bilbao, por las vacaciones de verano. Echegaray se mostraba remiso a la visita. Puente le animaba y se prestó a acompañarle. Finalmente, Echegaray aceptó.

Se presentaron ambos en el domicilio bilbaíno de la familia de Unamuno. Éste les recibió con frialdad. Al cabo de unos minutos el hielo se había roto y la conversación discurría por cauces amistosos. Puente se atrevió a preguntarle sobre su conocida afición a la paradoja. Entonces Unamuno les relató una anécdota suya que exponemos a continuación:

En la adolescencia de Unamuno, existía en Bilbao el coro de los luises. Se había hecho muy famoso por sus hermosas voces y lo bien conjuntado de las mismas. No había función religiosa “de fuste” (expresión bilbaína para indicar la importancia de algo) en la que no interviniera el coro. Los comentarios del público sobre cada actuación eran muy favorables. Un día en el coro sonó un “gallo” descomunal. Durante mucho tiempo, en Bilbao no se habló más del coro, sino del gallo. “Aquel gallista fui yo” terminaba el relato de Unamuno.

Ya era conocido el hecho de que, a principios de la década de 1910, un centro republicano de Madrid había organizado un ciclo de conferencias contra el Ejército y el servicio militar. Al mismo fue invitado a participar Unamuno. Sorprendió a todos con una disertación favorable al Ejército, insistiendo en su labor para erradicar el analfabetismo, tan extendido por aquellas fechas, en España. Era norma que los soldados analfabetos no podían disfrutar de permisos hasta que no supieran leer y escribir.

La actuación de Unamuno en Salamanca, en el día de la Raza (como entonces se decía) de 1936, responde a la personalidad que reflejan el artículo mencionado más arriba y las dos anécdotas que recogemos.

Dado que se han dado muchas versiones de cómo se desarrolló el acto, no vamos a entretenernos en el mismo. Lo que es evidente es que Unamuno, que se había posicionado a favor del Alzamiento, expresó su descontento con el desarrollo del mismo.

Estaba en su derecho y era su deber hacerlo. Pero la prudencia exigía que no utilizase un acto público para ello. Es verdad que comportarse como se comportó, respondía a su personalidad. Lo lógico habría sido que, dada la autoridad con que estaba investido, formulase las pertinentes denuncias ante quien podía poner coto a los desmanes. Pero no; lo suyo era destacarse.

Y eso no se puede hacer en el curso de una guerra. Bastantes razones tiene el enemigo para su propaganda. No es lógico que se le faciliten más. Esto es considerado traición en todas las latitudes.

Como quiera que sea, lo cierto es que Unamuno no criticaba al Alzamiento, sino a la manera cómo se comportaban algunos de los alzados. Por eso la película de Amenábar no ha sido del agrado de los de la memoria histórica. Aún no hemos presenciado el film. Y no sabemos si lo haremos, pues no frecuentamos las salas de proyección. Pero, por los comentarios que nos han llegado, Amenábar ha procurado atenerse a la realidad y en su película manifiesta algo que no va de acuerdo con lo que hoy exige la memoria histórica.

La película nos muestra a un Unamuno que, en definitiva, critica el modo con que los acontecimientos se desarrollaban. No condena, como ahora quisieran quienes ostentan el poder, el hecho del Alzamiento. Y es que el Alzamiento fue inevitable. Lo hicieron necesario los antecesores de los que hoy nos gobiernan.

Zortzigarrentzale.

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