19 de diciembre de 2017 0

SOBRE EL ESTANDARTE DE LA VIRGEN DE LOS DOLORES, LA GENERALÍSIMA.

Como nos relata Melchor Ferrer en el capítulo primero del tomo VIII de su Historia del Tradicionalismo Español, en la primavera de 1835 la Infanta María Teresa de Braganza, Princesa de Beira, se encontraba en Londres con sus sobrinos, los hijos de Carlos V y de su hermana la Reina Dª Francisca, fallecida en septiembre de 1834, buscando recursos para las fuerzas carlistas. Desde allí mandó, por medio de un oficial inglés que se prestó a ello voluntariamente (posiblemente el conde de Ranelagh), una bandera bordada por su difunta hermana, la Reina Francisca, en la que destacaba la imagen de Ntra. Sra. de los Dolores.

Dicha bandera llegó a manos del Rey Carlos V a finales de julio, y por un Real Decreto el 1 de agosto se dispuso que, declarada generalísima de los Reales Ejércitos la Virgen María Santísima, bajo la advocación de los Dolores se celebrara su bendición el día 2 de agosto:

“Queriendo dar a mi valiente ejército un nuevo testimonio que inmortalice su valor, acrisolada lealtad e inimitable decisión a favor de mis indiscutibles derechos al trono de augustos progenitores, y siendo el más noble, de más poderoso y suficiente influjo, un Estandarte que, tremolado en los campos de sus victorias, señale éstas doquiera que se encuentre, transmitiéndolas a la posteridad más remota, he resuelto que en el día de mañana  y a la hora de las ocho de ella, se celebre la bendición de él en la iglesia parroquial de San Juan, llevando por lema la divina imagen de la Virgen de los Dolores, generalísima de tantos fieles defensores de su fe, entregándose para su custodia al bravo Regimiento de Lanceros de Navarra, que, rivalizando en intrepidez y férvido entusiasmo con los demás cuerpos de mi ejército, se ha hecho acreedor a esta distinción.

Dado en el Real Palacio de Estella a primero de agosto de 1835.- Rubricado de la Real Mano.- A don Luis de Villemur.”

A este Real Decreto siguió otro, fechado el 2 de agosto, sobre los honores de los que era merecedora dicha bandera:

            “Declarada por mí Generalísima de mis tropas la Santísima Virgen de los Dolores, no he podido menos, movido de mi veneración y religiosa piedad, de distinguir con el título de generalísimo al Real Estandarte que lleva por lema aquella divina imagen, y, por lo tanto, he venido en resolver, como resuelvo y mando, que esta augusta y real insignia no se rinda a persona alguna, ni aun a la mía, ni haga más honores ni saludo que al Santísimo Sacramento.

            Tendréislo entendido y dispondréis lo conveniente a su cumplimiento.

            Real de Estella, 2 de agosto de 1835.- Yo, el Rey.- Al Conde Villemur.”

Al solemne acto celebrado en la iglesia de San Juan de Estella asistió el Rey, mandos de su Estado Mayor y ministros de su Gobierno, siendo bendecido el estandarte por el vicario general castrense, D. Juan Echevarría. En el momento de la bendición lo sostenía el teniente general Maroto. El P. Domingo de San José, Carmelita Descalzo y predicador del Rey pronunció una oración.

Al finalizar, en el exterior del templo, la Guardia de Honor de Carlos V rindió los honores correspondientes al estandarte. Una gran multitud se agolpaba para presenciar la ceremonia.

El estandarte es de seda blanca y sobre ella se halla bordada la imagen de la Virgen de los Dolores, con la inscripción alrededor de “Generalísima del Ejército de Carlos V”, con cuatro flores de lis de oro en los ángulos; el reverso es de terciopelo grana; en el centro, el escudo de Armas Reales de España, con cuatro flores de lis de oro a su alrededor, y el resto bordado en oro. Carlos V entregó el estandarte a la fuerza de caballería de su guardia de honor, que de esta manera se convirtió en escolta de la Generalísima. Tomó parte de las principales operaciones de la Primera Guerra Carlista, estando a punto de ser tomada por las fuerzas liberales en 1837 en la acción de Huerta del Rey, pero ondeó victoriosa en los combates de Huesca, Barbastro y Villar de los Navarros.

Tras la traición de Maroto en 1839, Dª Mª Teresa de Braganza, la Princesa de Beira, la salvó personalmente y la llevó consigo a Bourges y posteriormente a Trieste. Allí la entregó al nieto de Carlos V, Carlos VII, haciéndole jurar que defendería la causa de la Tradición Española.

En la Tercera Guerra Carlista, el 7 de marzo de 1874, Carlos VII confió en Tolosa su custodia al Real Cuerpo de Guardias a Caballo, y desde entonces hasta el final de la guerra, ondeó en las principales batallas, especialmente en la victoria de Lácar. Tras la derrota del carlismo en 1876, pasó a ocupar el lugar de honor en la sala de banderas del palacio de Loredán en Venecia.

El 19 de mayo de 1939 ocupó un lugar de honor, esta vez en Madrid en el desfile de la Victoria, situándose, sin ser precisamente invitada a ello, frente a la tribuna de autoridades entre las otras banderas que habían sido seleccionadas para la ceremonia, gracias a la astucia y coraje de D. Ignacio Baleztena.

En 1940 pasó al Museo de Recuerdos Históricos de Pamplona, fundado y dirigido por el mismo Ignacio Baleztena. Allí, en el primer piso ocupaba la pared principal de la estancia, con dos figuras de  carlistas uniformados y con fusiles haciendo guardia e iluminada por dos bombas de artillería.

Actualmente la podemos contemplar en el Museo del Carlismo de Estella.

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