(1) Condición del éxito de la unidad de 1986: trabajar y amplitud de miras. Un propósito continuado (1980-1985).
(Por José Fermín Garralda)-
Nada es gratis. Todo tiene un coste. Todo tiene un por qué, una causa y un origen. Todo exige un esfuerzo que debemos suponer y concretar. Y en lo extraordinario, hay que hacer esfuerzos extraordinarios. Quizás de esto no nos demos hoy cuenta: creemos que las cosas importantes sólo pueden ser ordinarias y por eso creemos que pueden prepararse con medios ordinarios.
La unidad de 1986 costó muchos sacrificios, mucho empeño, mucho teléfono y verse vis a vis. Exigió mucha comunicación y viajes. Estuvo lejos de los despachos y de los papeles aunque estos últimos ayudasen. Las familias se sacrificaron, y eso es lo que hoy no se quiere hacer. Dicen: lo primero, la familia. Pues sí, pero si eso hubiera dicho aita Teodoro, no hubiera ido al frente.
Muchos esfuerzos y un rosario de reuniones y congresos particulares, entre 1980 y 1985, condujeron a la unidad en 1986, que fue de todos sin excepción.
Todo exige algo, sobre todo responder, y para ello hay que preguntar a los que saben e invertir algo tiempo. Y aquí estamos tu y yo, querido lector.
Al ver las calamidades de hoy, de dentro y de fuera de la ortodoxia, unos se exigen mucho y otros que parece que nada, tiran la toalla. Para contar con todos se necesita la amplitud de miras que sólo tiene la Comunión Tradicionalista Carlista. Todas las críticas que hagamos a los demás, primero hay que hacérselas a uno mismo con la debida exigencia.
Primero contaré lo que conozco de Navarra, mixtificado lo que se vivió con el resto de España. Para ello seguiré los puntos siguientes:
- Boletín “Unión Carlista”, 1978-1982
- Talante de los navarros
- Boletín “… y con el mazo dando”
- Nota de prensa en mayo de 1983
- Cartelada de 1985
- Cartelada de agua para la Ribera de Navarra
- Unidad en Barcelona en 1985
- Comisión Gestora para la unidad del Carlismo en Navarra
- Proyecto fallido de “Sociedad Tradicionalista Navarra” en 1985
- Boletín “Acción Carlista” en Navarra en el año 1985.
- Los jóvenes se suman desde Pamplona y otras Regiones.
- Reuniones de 1984 y 1985
- Boletín “Unión Carlista”, 1978-1982. Para que la nueva organización en Navarra fuese de todos, tenía que atraer individualidades, comprensiblemente recelosas por las divisiones internas, que permanecían en sus domicilios particulares.
En esta política de atracción era necesario respetar el natural apego y fidelidad dinástica familiar. Por lo general, en Navarra las familias estaban aisladas y eran javieristas. La única minoría activa eran los de Unión Carlista que se sumaban a los mismos de otras Regiones como Cataluña, Vizcaya, Madrid…
Había que dar tiempo, ofrecer ilusión y decisiones, andar para el bien de todos, omitir las fidelidades dinásticas que por otra parte ya no tenían respaldo en la realidad, olvidar la acostumbrada insistencia en el pasado y evitar descalificaciones personales, mirar el futuro, insistir en los principios que unen y son necesarios para la sociedad, detectar al enemigo común que no eran los carlistas fieles a los principios de siempre, sino el liberalismo, el nacionalismo y el socialismo
El boletín de ámbito nacional y mensual, “Unión Carlista. Órgano informativo”, fue editado por Unión Carlista en catorce números entre verano de 1978 y mayo de 1982, al que se añadió otro no tan bien editado en febrero de 1984. El boletín optó sin fisuras por la unidad de los carlistas (v. gr. nº 2). Si título hizo honor a todas las plumas. En él escribieron personas ortodoxas de origen variado como Rafael Gambra, Alberto Ruiz de Galarreta, Álvaro D’Ors, Juan Casañas, Alfonso Triviño de Villalaín, Miguel Guesalaz (seud. Miguel Garisoain, v. gr. El nº 1, desde Galicia), José María Cusell, Jaime Arriaga (S. Arellano), de Vilalba, Gil Albret y Fermín de Musquilda (J. F. Garralda)…
- Talante de los navarros. Me fijo en los de Unión Carlista, los únicos depiertos, concretamente en don Miguel Garisoain, que se expresaba de una forma muy directa y plástica, y aportaba una sección llamada “política con sonrisa”. Entre col y col, lechuga, dice el refrán; entre sonrisa y sonrisa, grandes verdades. Decía claramente que hubo quienes “Mintieron”. Identificaba la “Deshumanización democrática” como un Sida social, los intríngulis del cambio política como los propios de una “política bananera”, y la tragicomedia española como suma de cuatro actos sucesivos, titulados: inseguridad, colonización, caciquismo y elecciones. Mientras tanto, nuestro amigo apilaba noticias diarias de hechos significativos y por muchos rápidamente olvidados, y destacaba el “A Dios rogando…” (concluyamos nosotros el dicho, que es fácil).
Don Miguel Garisoain sabía que una cosa era prometer y otra dar trigo. Era preciso alumbrar e incluso ayudar para que se pudiese recoger luego una buena cosecha. Era contrario a los líos, a cacarear y a no hacer nada, a tejer y destejer contantemente. Ni inactivo ni petulante. Discreto por su sentido de la realidad y carente de deseos de protagonismo: esto último lo dejó patente cuando sabía desaparecer de escena en vez de lucirse. Consciente de su valía en el servicio, a su vez era humilde.
Miguel era persona muy preocupada por la cuestión social y laboral -en esto nunca incidiremos bastante-, por los derechos del trabajador, y por una verdadera representación a través de cuerpos profesionales. Era enemigo acérrimo del caciquismo de Don dinero, de acaparar cargos públicos, enemigo de enchufismos, dietas, sueldos y prebendas. Era amigo del ascenso personal por méritos, del progreso gracias al esfuerzo, y de las familias mejoren su patrimonio con el trabajo y el ahorro. No era conservador –ni fosilizaba el pasado- sino tradicional o renovador. En paralelo, defendía las libertades municipales, las cinco Merindades de Navarra, los cauces libres de expresión, y el régimen foral desmantelado por el centrismo o la derecha (“Hoja Informativa del Carlismo Tradicionalista navarro”, Pamplona, marzo 1985, “Reflexiones políticas”). Tenía cierta admiración por la honrada y oportuna conferencia que un republicano honrado como Joaquín del Moral, pronunció sobre “Inmoralidad política (“Enchufismo” y acumulación de cargos)”, en el Ateneo de Madrid, ante Manuel Azaña, en la sesión extraordinaria del 5-X-1931 (Madrid, Imp. De Galo Sáez, 1931, 32 pp.), criticando la acumulación de cargos y la corrupción de sus políticos españoles del momento. Más de una vez don Miguel propuso que se leyese en un acto público para aprender a denunciar la corrupción del presente.
Don Miguel Garisoain sabía, como también lo sabía el secretario general de la por entonces Comunión Tradicionalista (CT), don Carlos Corto (reunión de la CT el 30-I-1981, documento de Silvia Baleztena), que el Carlismo no podía vivir de la imagen pasada sin ponerla al día, que era necesario el esfuerzo múltiple y constante de cada uno de los miembros de la tradición, la necesidad de organizar círculos, modernizar el lenguaje para presentar el ideario con palabras más actuales y fáciles de exponer, y atraer a los alejados por abulia y otros motivos. Qué programa tan similar al de don Miguel, que por su parte añadía la necesidad de no perder el tiempo en atraer a los propios cuando una y otra vez se hacían los remolones, por lo que había de ir a por nuevos militantes.
- Boletín juvenil “… y con el mazo dando”. Si miramos hacia atrás, desde 1953 hubo en Canarias una Hoja Informativa o boletín titulado: “A Dios rogando… con el mazo dando”, que llegó a alcanzar una tirada de 1.500 ejemplares (“La Provincia”, diario de Canarias, 4-VI-1994 p. 8), y que sin duda conocía José María Cusell, catalán de Unión Carlista muy relacionado con las islas afortunadas por motivos laborales. En mayo de 1959 se editaba el nº 23. Pero esto era tan sólo –y no es poco- un ejemplo inspirador.
No era necesario ir tan lejos, pues en esos momentos en los que se fraguaba la unidad, también los jóvenes de Unión Carlista de toda España llegaron a tener su propio boletín de pequeño formato, y varios números, titulado: “… y con el mazo dando”. Había que ponerse a trabajar. En el día a día estaba implícito el futuro. Tan es así que un profesor hoy día universitario y autor de varios libros, decía contento que en dicho pequeño Boletín le iban a publicar su primer artículo. Su edición fue algo posterior al anterior boletín de Unión Carlista. Al llegar la unidad se hizo innecesario.
Poco antes que este pequeño boletín bien impreso en una imprenta, Gilberto Motilla dirigía otro de gran formato, en fotocopia y bastantes números, titulado “Boina Roja”, para todos los jóvenes de Unión Carlista en España.
- Nota de prensa en mayo de 1983. En mayo de 1983 se publicaron, previo pago de bolsillos particulares, dos preciosas y extensísimas Notas de prensa a toda página: “El Carlismo ante las elecciones municipales” en “La Vanguardia” (3-V) y “Tras las elecciones municipales y autonómicas” en “Diario de Navarra” (29-V), ambas firmadas por Unión Carlista, Comunión Tradicionalista, y Comunión Católica Monárquica, añadiendo en la segunda Nota el término de Navarra.
Ignoro si ambas Notas surtieron efecto social, debido a la marea política y a la prepotencia y control de la política por los partidos políticos mayoritarios. Para lo que sí sirvió fue para mostrar que, en temas próximos a la vida real de la población, los carlistas estaban unidos en la práctica, y que la aparente victoria del huguismo iba unida a la derrota de éste, porque su mensaje no podía competir con la tradición renovadora de las Españas. Como ambas Notas eran visualmente impactantes, y el esfuerzo económico fue muy grande, daban la imagen de gozar de un significativo potencial en medios,
En Pamplona, j0ven hubo que hizo folletos de propaganda de 8 pp. para los mártires de la tradición de 1981, 1982 y 1984 (en cuya fiesta estuvo don Juan Casañas) con la imprenta de Carlos Etayo, y que como Círculo Familiar envió Notas de prensa a “Diario de Navarra”.
