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17 de abril de 2026 0

Calentar motores antes del Congreso de unidad carlista de 1986

(Por José Fermín Garralda)-

Es hoy momento de estar alegres y activos, sin más golpes de pecho que los necesarios. Se acerca el dos de mayo de 2026, cuarenta años –es un ciclo largo- del Congreso de unidad carlista en El Escorial.

A la jugada maestra de la Revolución, que fue la de casi apoderarse del Carlismo desde dentro poco antes de 1976, y provocar artificialmente un enfrentamiento entre hermanos (muchos de ellos despistados, fiados de su sincera  “principitis”), le respondió, en sólo diez largos años, la jugada maestra de la tradición que es: unidos en el ideal.

Pongamos un ejemplo.  Se trata de la ruptura sobre el papel –nunca mejor dicho- de la revista “Montejurra” que tenía un gran formato. En muchos de sus números, colaboraron Raimundo de Miguel, Antonio Segura Ferns, José Ángel Zubiaur, Blanca Ferrer, Álvaro D’Ors etc. siendo un ejemplo de continuidad en los ideales. Así fue hasta que de repente, una vez que la redacción se había ganado el favor de todos, sus números finales dejaron patente –hasta diciéndolo- una clarísima ruptura, sustituyendo al Carlismo popular  de siempre por una organización “moderna”, con el vértice en don Hugo Carlos, de formulaciones liberales y socialistas, y con una forma e acción y de llevar las cosas de inspiración marxista. Las agencias del Soviet estaban por detrás, porque hundir el Carlismo era  convertirlo en revolucionario “populista” en vez de liberal al estilo Cía. Pero unos y otros iban a la una, como las dos manos del mismo sujeto que agarran el botín “a manos llenas”. Insisto en que fue de repente, con sorpresa, surgiendo la discrepancia de muchos, que la redacción de la revista “Montejurra” reflejó ocasional y calculadamente en sus páginas para refutar desde la editorial.

Luego vino la provocación, el estruendo y la desgracia. Se utilizarán los trágicos sucesos incluso desde el Régimen que hará la “transición” (Alfonso Osorio en TV: “el Carlismo huele a sangre y telarañas”…). Había que aniquilar la única fuerza política con pueblo compacto, ideales, activa, con juventud… heredera del 18 de julio, amante de la reconstrucción del España pero vinculada a su Tradición y legitimista, contraria a la dictadura franquista desde la perspectiva tradicional y que podía ser el aglutinante de la España de siempre frente a la transición-ruptura que se estaba realizando en 1976, 1978 y hasta hoy.

El Pensamiento navarro hizo una gran labor en su última etapa con Juan Indave a la cabeza, aunque desapareció con una enorme dignidad en 1982.

Muchos carlistas deseaban aglutinarse en el Ideario de siempre. Esto era muy difícil debido a la enormes suspicacias personales. Puedo decir nombres y apellidos. Había que cortar el nudo gordiano. Y se cortó. Cada cuál sabe qué sacrificó.

Fueros diez años (1976-1986) de un ansiado y difícil camino hacia la unidad. Camino empinado y muy difícil. Costoso y arduo para unos padres de familia que a la vez trabajaban para mantener a los suyos. Al llegar a la cima, lo consideraron un “milagro”. Y lo fue. Tan es así que nosotros hoy  lo celebramos y sobre todo debemos ser dignos de él.

Para todo lo que se haga hay que preparar el camino. Hubo que hacerlo de 1976-1986 y hay que hacerlo ahora, aunque con diferente esfuerzo.

En 1986, la revista “Acción carlista” preparó el camino, de modo que su creador regaló la cabecera a la Comunión Tradicionalista Carlista recién reconstituida. Apareció una organización dúctil y con cierta flexibilidad, dependiente más de la palabra dada y la confianza, que de un complicado articulado normativo. Una organización de grandes hombres bien probados.

Tras 1986, el activismo revolucionario de Goliath, la soberbia y vanidad del aparente vencedor –hoy casi muerto-, fue siendo vencido por el David de siempre, esto es,  la verdad interna del Carlismo, el servicio de éste a España, y saber alejarse de quienes te pueden utilizar. Así, los carlistas redivivos hasta 2026 han superado a los que quisieron hundir al Carlismo de siempre haciéndolo por entonces de “izquierdas”, de partido, de líderes y números uno, guiados desde la nomenklatura.

El milagro de ayer es hoy un reto. Mucho se ha caminado y muy bien  desde 1986 hasta 2026, a pesar que las infiltraciones han hecho mucho daño. “Unión, unión, unión, que la Revolución nos quiere divididos” –me dijeron siempre-. Se entiende que unión cuando los ideales son comunes. Sí, que se unan todos los que el cansancio del esfuerzo de 40 años les ha llevado a sus casas…. que tengan paciencia a quienes se les dio mal ejemplo… Todos ellos siguen siendo necesarios y actuarán en la medida de sus fuerzas.

Hoy también tenemos nuevos retos. Evitar los viejos extremos “purista” y  “practicista”, que sabemos diferentes a la pureza del ideal y al buscar  oportunidades. No distraernos por cantos de sirena que no serán los de a  modo de la Princesa de Beira o reina Margarita. Curar las heridas –a veces graves- provocadas en el camino, con necesidad de médico. Ser albañiles a pie de obra y no de despacho, porque las líneas de la arquitectura están en la historia, en 1986 y se mantienen hoy. Se necesitan brazos, gente corriente y dispuesta. Un reto es evitar el correr solos en la carrera, y escaparse del pelotón sin por ello hacer que éste se mueva, lo que es una imagen de la ley económica de los rendimientos decrecientes, por la cual si se aumenta la cantidad de uno de los recursos, pero los demás se mantienen constantes, la producción total aumentará de forma cada vez más lenta hasta dejar de crecer pudiendo incluso disminuir. Cuidado con esto. Otro reto es adecuarse a los medios de comunicación de hoy, al estilo podcast, aunque ya vendrán otros nuevos. De todas formas, verse vis a vis, convivir y el papel, son insustituibles.

Alguien tradujo el robo del Carlismo de finales de los setenta como “El ocaso de las ortodoxias”. Ese tal, siguiendo escuela ideológica -¿democristiana?-  no ha valorado todavía el hundimiento de los rupturistas y la asombrosa pervivencia de los tradicionalistas. Constata su incomprensión del Carlismo cuando compara a los escasos tradicionalistas de hoy con las nutridas masas de tiempos mejores. Ya que no se puede acabar con el Carlismo o tradicionalismo, digamos que el Carlismo ha acabado por falta de gente, sin saber que lo que ha acabado y muerto es el propio Liberalismo, ya por falta gente ya por sus ideas. Oportunistas tales en el supuesto mercado libre, y amantes del qué dirán, construyen un muro para que no les confundan con los tradicionalistas. Les diremos que: “tranquilos”, que tampoco ellos son socialmente tan importantes.

La Revolución, que siempre juega con una gran ventaja material y organizativa, abandonó sus intentos una vez que creía haber logrado sus objetivos. Se despertó en 1986, y, si seguimos despiertos, volverá al ataque, comenzando desde dentro.

¿Cómo se preparó el Congreso de la unidad de 1986 desde Navarra? Lo pregunto porque antes de realizarse el Congreso se mascaba la necesidad de la unidad, de “responder” a la Revolución que buscaba apoderarse del Carlismo

¿Cómo se desarrolló éste? ¿Cómo se enterraron las viejas amenazas?

De esto hablaremos en siguientes colaboraciones.  Para el que se interese, porque como decía el amigo don miguel: tengo pico y pala.

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