Propaganda total
Propaganda total
(Por Manuel Gutiérrez Algaba-)
Cuando la gente se escandaliza por el estado general de la sociedad, de la política y de la económia y se queja por lo mal que está todo, se olvida de que ellos, sí cada uno de nosotros, tiene la capacidad real de cambiar las cosas. No es ninguna frase vacía ni de autoayuda barata.
Revertir la degradación actual, la programación mental actual del español medio, es díficil, pero no imposible. Es cierto que se requiere esfuerzo e inteligencia, no es trivial. También es cierto que, quizá, lo peor es que quienes «deberían» llevar a cabo este trabajo están sujetos también a la programación reinante, a saber: acatamiento al comportamiento diseñado de ciudadano manso y pasivo, desesperanza, preferencia por placeres mundanos, insensibilidad por los problemas comunes o de otras personas, soberbia, inflexibilidad. Así es, el sistema crea seres robóticos, insensibles, mecánicos, materialistas, los propios «activistas» o «disidentes» o «carlistas» también se hallan bajo ese influjo. Sólo la «cultura» y los principios católicos pueden «desprogramar» o arrojar luz sobre esta programación indeseable, pero hay que ser consciente de ella.
Cuando hablo de «propaganda total», como si fuera «guerra total», quiero decir eso mismo, la «propaganda» no se circunscribe a la «propaganda», ni a una comunicación escrita, por vídeo o en la calle, ni a una acción puntual, ni a un problema, ni a una actitud racionalista pura, ni a una actitud piadosa católica, ni a un tipo de compatriota, ni sólo a los compatriotas. La propaganda total se refiere a tener presente todo esto y de una manera no análitica, sino simultánea e integrada. Vamos a ver un ejemplo real.
Supongamos que repartimos octavillas en un pueblo sobre el uso del coche, haciendo alusiones también a otros problemas de la sociedad. Esta octavilla cubre cierto espectro territorial, temático, temporal: se reparte cierto día, en buzones, algunos la leerán y escucharán otros no, habla de un tema pero no de otros. Es cierto que es imposible hablar de todo. Repartiendo nos encontramos con un lugareño y entablamos conversación. Resulta que el grado de coincidencia con esta persona es alto: está de acuerdo con que los políticos actuales son una estafa, está de acuerdo con que las vacunas son peligrosas, está de acuerdo con la opresión del regimen. Pero nos recuerda algo muy trivial : «¿Qué hacemos?» . Esta pregunta tiene otras formas : «¿quién debe mandar, entonces?», «¿cómo quitamos a los políticos actuales?». El señor quiere una solución TOTAL, una solución donde él se sienta «aceptado» y sea «aceptable», nuestra octavilla se ha quedado pequeña, nosotros nos hemos quedados pequeños delante del señor. ¿Podemos «resumir» nuestra doctrina en dos minutos? ¿Podemos llegar a convencerle ?¿ Es posible la conversión en absoluto?¿ Es posible la comunicación? La realidad es así funciona en andanas, masivamente, todo a la vez, procesos comunicativos, sicología, espiritualidad, la realidad no nos espera. Tenemos delante a un alma, a un ser emocional, con cierto grado de razonamiento lógico, con una programación inmensa y llena de tabués y de resortes para evitar la desprogramación.
Alguien dirá que es suficiente con intentarlo. Es evidente que intentándolo ya hemos superado varios obstáculos personales nuestros ( indolencia, desesperanza, egoísmo) y suyos ( ausencia de contestación, homogeneidad cultural, falta de ejemplos éticos(nosotros mismos)). Pero cada brecha que hemos abierto puede ser ensanchada. Nuestra indolencia, que ha acaba de morir porque hemos hecho una acción de reparto octavillas, puede verse aún más vencida si, en vez, de octavillas hacemos alguna obra de caridad más fuerte: ayudar al hambriento y sediento en Valencia, en los fuegos de León, o del temeroso de la inseguridad ciudadana. Vemos que la acción llama a la acción, con vocación de totalidad, de no quedarse en un tipo, también llama a la acción en todo momento; en cualquier ratito, plantea «qué acciones puedo realizar cuando paseo, cuando estoy con mis amigos, con mis compañeros», plantea una conversión vital, en persona que está orientada a la acción, en vez del goce de placeres, de tragar helados o serranitos de cerdo.
El hecho «comunicativo» también exige totalidad, exige llegar a culminar la comunicación, porque muchas veces «creemos» comunicar pero la «comunicación», la «asimilación», no ocurre. En efecto, lanzamos un mensaje, con un código cuidado a las capacidades e inclinaciones emocionales del receptor, pero no hay una «absorción» del mensaje, ¿qué ha ocurrido, entonces? No basta con exclamar «la gente es imbécil» o similares. Quizá el modelo de comunicación no es real, no es completo, no es total. Sabemos que las personas tienen una especie de conjunto de dogmas y de reglas en su cabecita, y que raramente incorporan una nueva. Toda noticia o cuestión que se les presenta la «procesan» con ese juego «cerrado» de verdades y posibilidades. Si eso es cierto, la comunicación está muy limitada, porque para ser efectiva tiene que «jugar» con el juego del receptor, no con el juego del emisor, pero el emisor suele usar su propio juego ( porque él tampoco sabe hacer otra cosa). Así es corriente ver como algunos hablan de «Arriba España», «la usura internacional», o «Viva Cristo Rey» sin percatarse de que esas partículas no van a tener efecto en el receptor, o, peor, que van a levantar reglas de «inaceptabilidad», es decir, van a decirle al receptor que si decide admitirlas entonces va dejar de ser «aceptable» por el sistema ( recordemos el artículo de Lully). La «comunicación» entonces se convierte no en una «transferencia» sino en una «recreación de las propias reglas del receptor para que, siguiéndolas, induzca nuevas reglas compatibles y aceptables». No se trata de «enseñar» o de «endiñar» verdades, se trata de un proceso «total», de contemplar tanto nuestras «reglas y dogmas» como las suyas y unirlas y combinarlas. No se trata de comunicación sino de «recreación inducida».
Pero, además, estos procesos «lógicos» tienen en cuenta en paralelo los niveles emotivos y espirituales: ¿quién es este que me aborda? ¿ Qué quiere? ¿Es bueno? ¿ Es cómo yo? Aquí, nada menos, tenemos que hacer una presentación instantánea de nosotros mismos y de nuestras almas, lo «racional» al tiempo que lo emocional. Cuando hacemos una obra de caridad fuerte, como en Valencia quitando barro (quién la haga o la hace) respondemos a esas preguntas de manera muy rápida y conveniente: somos un hermano, alguien que te ayuda, es bueno, es como yo. Asi que una obra de caridad «débil» llama a obras de caridad «fuertes» para ganar en credibilidad. Si no se pueden acreditar, si que se puede acreditar una oferta de ayuda futura, o de información útil que puede ayudar o algo que complemente. Vemos que, para ser efectiva y creíble, la propaganda tira «de otras cosas».
Retomemos «el qué hacemos para hacer esto». Aquí no vale endiñarle el ideario «carlista» y salir corriendo. No vale porque es un proceso largo, ininteligible para el no iniciado, tenemos que dar una «respuesta» evocada de su propio interior. Aquí quizá podríamos recordar como la poesía, como los mitos, como otras «tecnologías» de la «rama evocadora» pueden ser incluso más eficientes que las técnicas racionalistas «aristotélico-cartesianas». Pero, recordemos que siempre lo más evocador es la «realidad», para convencer en «el qué hacemos para solucionar esto», la propaganda se tiene que apoyar (y hasta cierto punto) dirigir la «política», el quehacer diario, de la organización política, es decir, los carlistas (o quien sea) tiene que poner por encima de la mesa cosas que hace en el día a día y que son coherentes con el «qué hacemos para resolver esto» final.
Otro punto, menos importante, es que la octavilla llama a veces al argumentario, o al diálogo estudiado, o la web de referencia, o al repositorio detallado de acciones.
Así, hemos visto que la propaganda total se explaya hacia todo lo relacionado con ella, hacia: la acción política, todo momento y circunstancia, todo canal, todo formato, el interior de nosotros mismos, la ética católica, el interior de nuestros compatriotas, … De lo contrario la propaganda no es lo suficiente eficaz, creíble, transformadora.
En esa expansión hacia el infinito la propaganda va convergiendo, va absorbiendo, con los modos, los fines, los principios de la Verdad Católica, con la caridad, porque la Verdad es sola una y la Verdad es Cristo.
Viva Cristo Rey.
