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6 de diciembre de 2025 0

Placer

Placer (1 de 32)

(Por Manuel Gutiérrez Algaba — )

El placer, junto con el miedo ( o precaución, amigo conductor,… ) y la dimensión espiritual, o, más propiamente, Dios, pueden ser los tres puntales sobre los que se apoya cualquier persona en su día a día. Ni que decir tiene que Dios puede influir, planear, sugerir, aliviar,… tanto sobre el placer como el miedo, y que, en el fondo, Dios es nuestro pilar real, aunque nos deje ser libres como Él es libre.

El placer podría caer dentro del objeto de estudio de la antropología o de la psicología, aunque, muchas veces, casi es mejor saber pensar con orden y fundamento que tener una especialidad en la materia. También el placer tiene mucho de biología, porque gran parte de nuestros placeres son «sensoriales», son animales. En teología podría tildarse como «el mundo y la carne», ya que todos los placeres biológicos corresponden a cableados neuronales bien sean de nuestras funciones reproductivas, bien de nuestros sistemas de alimentación o de adaptación al medio. Hay un área del placer, que no es tan biológica, es intelectual, me refiero al placer de aprender, de saber cosas, de descubrir cosas, de reafirmarse en los dogmas propios. De hecho, si lo pensamos, el placer llega a ocupar en los ateos el 100% de su vida. Incluso, hay un placer «litúrgico» que mezcla la adoración debida a Dios con el placer de «hacer algo conocido y bueno». Este placer lo trato más ampliamente en mi libro «Catolicismo para ateos«. Es un placer que , al mismo tiempo, puede servir para «mundanizar» nuestro culto a Dios, y alejarnos, convertirnos en fariseos, y, por otro lado, puede servir para acercarnos a Dios y ahondar en su búsqueda y obediencia. Trataremos estas dualidades en un futuro artículo sobre «Binocularidades».

La cuestión es que el placer, en todas sus vertientes, modula el comportamiento de las personas, junto con los miedos. Aristóteles decía, erróneamente, que el hombre busca la felicidad, y no creo que sea cierto. El hombre, tanto en su versión más animal, como en su componente de alma de Dios, tira al placer «inmediato». Razonar no es más que una secuencia de «placeres» lógico-dogmáticos, de refuerzo de nuestra forma de pensar. Adquirir nuevos conocimientos, o cambiar de opinión, siempre es reforzar los dogmas y alegrías y logros mentales ya fijados, a costa de introducir algunas cosas nuevas: de nuevo la binocularidad. La gente quiere saber, aprender y leer de lo que ya sabe. Quiere leer un libro de «historia» o de política, en tanto en cuanto que el 80-90% de ese libro va a reafirmarlo en sus «logros» y «descubrimientos» personales. En cuanto un libro o una experiencia o una octavilla, se sale demasiado de la zona de confort mental, de los esquemas mentales ( que dan placer real bioquímico) que tenemos, ese libro o experiencia no nos gusta, lo vemos raro, lo vemos incompleto, lo vemos prescindible. Eso hace que las personas se enroquen en varios polos de conocimiento y de placer.

La política, la elección política, como el carlismo, o como el falangismo, se convierten en engendros intelectuales de placer ( y hasta de supremacismo mental y de sabiduría autoconcedida) ya que se entra en una espiral de «autoconfirmación» de la verdad y de la pertinencia de todo lo que leemos y pensamos y que confirma lo que ya hemos leido. Se termina por crear corrales mentales de placer y de «conocimiento». Por supuesto, esto ocurre con las «progresías», los «liberales», los trevijaners ( este caso es especialmente claro) y con todo, la gente vive en sus castillos mentales y de placer.

El placer no es la Verdad, el placer no es el Deber, el placer no es la Santidad. Jesucristo y el amor al próximo y la Santísima Trinidad son la Verdad, el Camino y la Vida. Y si usted se rie de esta aseveración, yo me río de su bucle de placer mental intelectualoide y su barrizal de autocomplacencia por haberse aislado en una burbuja de gimnasios, o de estudio de lenguas muertas, o de anecdotario sobre cualquiera de los mundos culturales creados exprofeso para que usted se pierda: galaxias, monstruos que evolucionan y pelean, series de poder e intriga… Yo soy libre porque puedo desacoplarme del placer y… hasta del miedo.

Desgraciadamente, la mayor parte de quienes leen esto o de quienes son personas religiosas siguen siendo prisioneras del placer, o peor, son prisioneras de los «placeres espirituales», los que los hace aún más supremacistas e incapaces de «evolucionar». Como dice Mons. Alberto González Chaves en este vídeo https://www.youtube.com/watch?v=8uiwKioZf_A, la gente esta prisionera de la sensiblería, de la novelería y del maravillosismo ( espirituales todos ellos) . Este tipo de prisión de placer es especialmente grave puesto que la «espiritualidad» o Doctrina Católica sirven para liberarse, para no caer en la mundanidad, así que la maquinaría liberadora está gripada o afectada tenemos un problema muy grande.

El Deber nos llama a la Acción, a la Caridad. Jesucristo Oró, Ayunó, … y Curó, y Enseñó. En algunas reuniones grupales veo como los «pantanos de placer farisaico» impelen a más de uno a «chapotear» y «revolcarse» solo en una parte: Oración y Ayuno… y «acciones individuales para mi, conmigo y por mi». Digo «revolcarse», porque se le da la espalda a «Curó y Enseñó», se le da la espalda a varias dimensiones espirituales muy profundas que nos trajo Jesucristo.

 

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