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29 de agosto de 2025 0

Los orígenes familiares carlistas del beato Álvaro del Portillo

(por Javier Urcelay)

 

Beato Álvaro del Portillo

El beato Álvaro del Portillo Diez de Sollano fue el primer sucesor de San Josemaría Escrivá de Balaguer al frente del Opus Dei y, a la muerte del fundador, persona clave en la expansión de la Obra por todo el mundo y en la obtención de su estatuto canónico como Prelatura personal.

Álvaro del Portillo nació en Madrid (España) el 11 de marzo de 1914, tercero de ocho hermanos, en una familia de hondas raíces cristianas. Su madre era mexicana, aunque hija y nieta de españoles que se habían distinguido por su vinculación a la causa carlista.

El abuelo materno de Don Álvaro, Ramón Diez de Sollano y Ussía (1855-1929), era natural de Llodio (Álava) y había combatido por Carlos VII con su padre, Bernardino Diez de Sollano y Traslaviña (1824-1880), natural de Zalla (Vizcaya) localidad de la que era secretario del Ayuntamiento.

Al terminar la guerra, Ramón Diez de Sollano se exilió, emigrando a México, donde desde los siglos XVII y XVIII varios miembros de la familia Diez de Sollano se habían asentado. Don José Diez de Sollano, tatarabuelo de Álvaro del Portillo, había adquirido la finca azucarera de El Puente, cercana a Xochitepec, en 1824, mientras que la hacienda Buenavista, ubicada al norte de Cuernavaca, fue comprada por el yerno de éste, Ramón del Portillo y Gómez, a mediados del siglo XIX.

La hacienda Buenavista estaba destinada a la producción del alcohol de caña, guayabas, plátanos, mangos, café, etc. Don Ramón del Portillo y Gómez era experto en los sistemas de irrigación de los plantíos de caña y transformó El Puente en una de las más importantes haciendas productoras de azúcar de todo el estado de Morelos.

Don Ramón del Portillo estaba casado con Doña Dolores Diez de Sollano, y también poseían una propiedad en el Distrito Federal. Distintas fuentes les mencionan, especialmente a ella, por el impulso que dieron a diversas iniciativas de asistencia social.

En 1884, Ramón Diez de Sollano, el abuelo carlista de Don Álvaro, contrajo matrimonio con María de los Ángeles Portillo Sollano, hija de Ramón y Dolores. Representante de los valores tradicionales familiares y de su esposo carlista, y siguiendo el ejemplo de su madre, María de los Ángeles del Portillo Diez de Sollano, abuela de don Álvaro, también se dedicó al lado de su marido a ayudar a las personas que trabajaban en las haciendas.

El artículo “Haciendo justicia a los hacendados de Morelos”, publicado en el periódico Excélsior del 5 de junio de 1951, señala esta vertiente social del emigrado carlista:

“Ramón Diez de Sollano, durante muchos años vivió habitualmente en su finca, participando de las alegrías y las tristezas de sus trabajadores, cuidando de que las condiciones de trabajo fueran justas y los salarios bastantes a cubrir las necesidades de la familia, y trabajando juntamente con ellos como el mayor de los gañanes. Ocasiones hubo en que algún personaje que iba en busca del señor hacendado, fuera a encontrar a don Ramón Diez de Sollano vestido de peón, con el agua hasta la cintura, limpiando un apantle en compañía de sus trabajadores o bien ayudando a cargar un carro de azúcar (…) o cajas de alcohol (…)”.[1]

El matrimonio tendría tres hijas, la mayor de ellas, nacida en 1885 en Cuernavaca, estado de Morelos, se llamó Clementina Díez de Sollano Portillo, que heredó la tradición carlista familiar y fue la madre de Don Álvaro del Portillo.

La infancia de la abuela de Don Álvaro del Portillo transcurrió en las haciendas de San Antonio El Puente y Buenavista, en Morelos. Disfrutaba montar a caballo y participaba en diversas labores de asistencia social junto con su madre y su hermana. Según lo recogido en el periódico Excélsior, Doña María de los Ángeles, ayudada por sus hijas Clementina y su hermana María Teresa ayudaban a su madre en el incansable trabajó por el bien espiritual y material de muchas personas:

“En cuanto a la señora doña María Portillo de Diez de Sollano, esta ilustre dama, paradigma de virtudes cristianas y de madres morelenses, tenía en su casa señorial de Buenavista un verdadero orfanatorio que era, a la vez, asilo de ancianos, en donde estos y los niños recibían cuidados maternales de aquella gran señora. Además, primeramente sola y después acompañada de sus hijas Clementina y María Teresa, cuando estas crecieron, y de algunas sirvientas, constantemente estaba visitando las humildes casuchas de los peones de sus haciendas, llevándoles a sus familias consuelos espirituales y temporales, curando a los enfermos, asistiendo a las parturientas, ayudando a bien morir a los agonizantes, socorriendo a las viudas y amparando a los huérfanos”.

Esta labor social llevada a cabo por Don Ramón Diez de Sollana y familia, realizada con espíritu cristiano, evitó que la propaganda libertaria en contra del latifundismo que se difundió por el estado de Morelos a principios del siglo XX tuviera efecto en las haciendas de Buenavista y El Puente, como reconoce el mismo periódico.

El 11 de enero de 1908, Clementina Díez de Sollano Portillo contrajo matrimonio en Cuernavaca[2] con su pariente lejano Ramón del Portillo Pardo, que había nacido en Madrid, en cuya Universidad Central había cursado la carrera de Derecho.

Clementina Diez de Sollano y Ramón del Portillo y Pardo, el día de su matrimonio (Cuernavaca, Morelos, 11 de enero de 1908). Foto: https://opusdei.org/es-mx/article/don-alvaro-mexicano-de-raiz/

 Ramón Diez de Sollano, el viejo carlista, y su esposa continuaban viviendo en Morelos cuando estalló la Revolución el 20 de noviembre de 1910, al llamar Francisco Madero al pueblo mexicano a levantarse en armas contra la dictadura de Porfirio Díaz. Los Diez de Sollano perdieron sus propiedades, al igual que muchos otros hacendados. Ramón moriría casi dos décadas después, en 1929, a la edad de 74 años.

Su hija Clementina Diez de Sollano Portillo, madre de Don Álvaro, y su marido vinieron a España, instalándose en Madrid, donde su esposo Ramón trabajaría en la compañía de seguros Plus Ultra. El matrimonio tuvo ocho hijos, de los que Álvaro, el futuro beato, fue el tercero.

Álvaro del Portillo estudió en el colegio del Pilar de Madrid, y después en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. Fue ayudante de Obras Públicas, aprobando el examen de ingreso en 1933.

Álvaro del Portillo en sus años universitarios. Foto: https://recuerdosdelpilar.com/2019/08/17/alvaro-del-portillo-pilarista/

 Durante su época de estudiante universitario, fue militante de la Juventud Tradicionalista y de la AET (Agrupación de Estudiantes Tradicionalistas). La Agrupación Escolar Tradicionalista (AET) fue una asociación estudiantil carlista creada precisamente durante los años de la Segunda República. Formaba parte de la Comunión Tradicionalista y se articulaba en ciudades universitarias e institutos, con el fin de difundir las ideas del Tradicionalismo, la disciplina y la religiosidad en el ámbito académico.

Emblema de la AET, años 30.

En 1935, el joven Álvaro conoció al P. Jose María Escrivá en la residencia DYA y el 7 de julio de ese año solicitó la admisión en el Opus Dei.

Tras producirse el Alzamiento en julio de 1936 e iniciada la feroz persecución religiosa en la zona roja, su padre Ramón Portillo fue detenido por la policía. Álvaro abandonó el domicilio familiar, por temor a seguir la misma suerte, y estuvo escondido de refugio en refugio, hasta encontrar asilo en la embajada de Finlandia en el mes de octubre de 1936. La embajada fue, sin embargo, registrada por los guardias de asalto en la primera semana de diciembre, siendo detenidos todos los refugiados que en ella se alojaban. Álvaro del Portillo fue trasladado a la cárcel de San Antón. siendo juzgado el 28 de enero de 1937, y liberado al día siguiente sin cargos. Desde allí se dirigió a la embajada de México para reunirse con su madre, pero un mes después, habiendo tomado México abiertamente partido por el bando republicano, fue expulsado, con lo que en el mes de marzo buscó asilo en la legación de Honduras.

Posteriormente se enroló en el ejército republicano, con intención de pasarse a la zona nacional a la primera oportunidad, siendo enviado al frente de Madrid en tareas técnicas, dada su condición de ingeniero.

Al acabar la guerra y habiendo podido acreditar su caso, se integró en la España nacional, desarrollando su labor apostólica junto a San Josemaría Escrivá y ya plenamente alejado de la militancia carlista de sus años universitarios.

 

 

 

 

[1] https://opusdei.org/es-mx/article/don-alvaro-mexicano-de-raiz/

[2] México, Morelos, Registro Civil, 1861-1920 > México, Morelos, Registro Civil, 1861-1920 > Cuernavaca > Matrimonios 1908-1910

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