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25 de abril de 2026 0 /

La parábola de los talentos

 

Carlismo (3 de 64). La parabola de los talentos.

(Por Manuel Gutiérrez Algaba)–

La parábola de los talentos, Mateo cap. 25ver. 14 y ss. , suele tener la interpretación «modernista» de que lo mejor es hacer «lo que uno sabe hacer», y, ya puestos, «lo que uno quiera hacer», y, mejorándolo, «hacer poquito y tranquilito».

Yo, sin ser teólogo, lo veo de otra manera. La clave está en aquel siervo que llegó a enterrar su talento encomendado por «miedo» a que le regañara su señor. No sólo lo entierra sino que además «blasfema» contra su señor tachándolo de exigente y duro, como suelen hacer aquellos que blasfeman contra Dios acusándolo de insensible, de rígido, etc. La clave está en que se prueba que el «talento» hay que ponerlo en funcionamiento, aunque este talento no llegue a producir nada más que lo que te han dado, es decir, que no le aumentes nada. En alguna homilía he escuchado que sólo con la intervención de Dios es posible dar fruto. También está claro que algunos son capaces de producir cinco talentos, es decir, mucho, y otros, menos. También está claro que el Señor nos da a unos más y otros menos, pero que lo mejor es «devolver» o «generar» tanto como se nos haya dado.

Ahora viene lo «peliaguado», ¿ qué se nos ha dado? Pues alguno dirá «a mi se me da bien pintar», otro «a mi la música», otro «a mi las matemáticas», otro «a mi el karate». Por supuesto, claro, pero, además de ese «supertalento», tenemos infinidad de «microtalentos», de «dones», no somos monotalentosos, sino plurifuncionales. El músico también puede hablar, o hacer matemáticas, o repartir octavillas, o aprender comunicación. Yo mismo aprendo continuamente cosas, y admito que quizá no sea lo más correcto, pero bueno, lo hago. Yo no soy monofuncional. Mis potencialidades son muchas. Todos tenemos muchas potencialidades. Todos podemos ser activistas, comunicadores, aprender fontaneria o lo que sea. Y si no todo, casi todo, o mucho, lo podemos aprender. No por ser matemáticos somos unos impedidos para aprender a jugar al voleibol o a hacer unas manualidades del colegio con la hija, etc.

La parábola, como el resto del Evangelio, no va de lo que nos podemos «evitar», de lo que podemos ahorrar y estrujar para nuestro bienestar. El Evangelio va de hasta dónde podemos llegar y debemos llegar. Nunca se trata de ir a menos, se trata de ir a más. Ya la vida, la gravedad, la vejez, la pobreza, el «adversario» y cientos de avatares nos rebajarán los ímpetus.

«Coge tu cruz y sígueme» no parece que sea una llamada a mínimos.

Un saludo en Cristo Rey .

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