(4) Cómo se desarrolló el Congreso de unidad de los carlistas en El Escorial aquel 1986.
(Por José Fermín Garralda)-
Si peinamos los recuerdos, quienes estuvieron en primera fila preparando el Congreso de la unidad, anduvieron y anduvieron muchos caminos que como joven entonces desconozco. Los carlistas más significativos de las distintas organizaciones pusieron muchos granitos de arena para que la providencia nos regalase la ansiada unidad que parecía tan difícil. Aunque cada 10 de marzo y 4 de noviembre recordemos y recemos por nuestros mayores, quizás nos parezca que están más dormidos que nunca; no, la culpa no es de ellos, sino nuestra que pedimos poco y mal. Ellos están muy despiertos y vigilantes.
Digamos que la unión entendida como don, la hicieron los de “arriba” con el clamor y aprobación de los de abajo.
1.“Acción Carlista”. Hablemos del boletín “Acción Carlista” inmediato a la unidad. Para preparar el Congreso de la unidad se editó un número monográfico de “Acción Carlista” de gran formato (2º Tr. 1986), con el título “La ahora del Carlismo”. El siguiente número, una vez efectuada la unión de todos, fue sobre el mismo Congreso y se iniciaba con el rótulo “Unidos”.
Como medida inteligente, en el primero de ambos se recogió la respuesta a una encuesta realizada a 20 personalidades de todos los sectores carlistas, incluidos los que parecían “retirados”, lo que mostraba la representatividad social del Congreso. No es casual que don Miguel Garisoain, que ideó la encuesta, no estuviese entre los encuestados, quizás por discreción personal. Aún recuerdo acompañar a don Ignacio de Orbe al domicilio de José Luis los Arcos Elío en la calle Aoiz de Pamplona, para recoger su detenida aportación personal a la encuesta.
2. La sala y las ponencias. Tras muchas idas y venidas, se reunió el Congreso de El Escorial en los amplios salones de la casa de ejercicios de San José… y a su final, el 4-V-1986, se creaba la Comunión Tradicionalista Carlista.
La unidad fue entre iguales, lo que era muy importante y significativo debido a la mayor antigüedad y presencia por toda España de Comunión Tradicionalista.
Menos en número que los de Comunión Tradicionalista, más localizados en Cataluña, Navarra, Vizcaya, Madrid…, quizás más activos y cohesionados, y sin ciertos “lastres” de personas afines, eran los de Unión Carlista. Los de Comunión Católico Monárquica eran pocos, se concentraban en Madrid y eran más académicos. No fue una absorción, ni federación, ni coalición entre Comunión Católico-Monárquica, Unión Carlista y Comunión Tradicionalista (“Diario de Navarra” lunes, 5-V-1986). Se mantuvieron todos los nombres pero cada uno de ellos se atribuyó al “todos juntos en unión”. El día 6 de mayo Javier Nagore, tan próximo a Álvaro D’Ors, se entusiasmaba con un escrito a favor de la nueva organización en el diario de gran tirada e implantación nacional “El Alcázar” (6-V-1986).
Recordamos la sala de la unidad con su hermosa y alta tribuna. Las delicadísimas intervenciones sobre el Ideario con motivo de la ponencia de Raimundo De Miguel –cuyos extensos textos en su etapa de Montejurra he leído con fruición- , cuya aprobación se pospuso a mejor estudio y maduración por lo que respecta a los temas Unidad Católica y partidos políticos. Como otros, intervine en el sentido de mantener en el Ideario la unidad católica en España. Tengo muy presente la ponencia programática expuesta por Santiago Arellano, mostrando que el Carlismo debía de ser la intendencia ideológica de la sociedad y donde estaba implícito el Ideario de siempre, incluido el enfoque tradicional de la Unidad Católica. También fue compleja la ponencia sobre organización presentada por don Juan Casañas, dejándose para más adelante algún aspecto sobre la misma. Hubo una reunión monográfica realizada en una sala adjunta, donde representantes de las tres organizaciones decidieron el nombre de Comunión Tradicionalista Carlista, y a la que asistí por decisión de Ignacio de Orbe, cosa que Casañas advirtió rápidamente. Se vio claro que debía de estar el término Tradicionalista y también el de Carlista. pero, ¿cuál primero? Me dicen que Gilberto Motilla tuvo la feliz idea. De por sí, el nombre Comuni´n Tradicionalista Carlista había sido utilizado en varias ocasiones lejanas, y creo recordar que también por la Comunión Tradicionalista.
Otros que viven entre nosotros -Pachi, Mª Pía, los Javieres, los Carlos…- explicarán sin duda sus interesantes vivencias.
3. Algunos participantes, Junta de Gobierno y Consejeros.
La lista que surge del fondo del recuerdo de 1986 es larguísima, y seguramente la otros será más completa. Salvo excepciones, sólo pondremos el primer apellido. Recuerdo de Aragón a don Fco. Asín, Roberto Bayod Pallarés, y Julio Brioso…. De Barcelona a don Juan Casañas, José María Cusell, Luis Luna, Carlos Ram de Viu, los Vives, Toda, Gómez del Moral, Fernández, Motilla Olmo, Barraycoa, Huguet, Torras Trías… De Valencia a don Salvador Ferrando, Vicente Febrer Fores, José Miguel Orts, Monzonís, Romero… Me admiró la mesura y clarividencia de los Ferrando y Febrer. De Sevilla a don Domingo Fal-Conde Macías, los Onrubia, Urzáiz (Segura Ferns no asistió)…. De Canarias a don Gabriel De Armas. De Madrid a don Alfonso Triviño de Villalaín, Raimundo de Miguel, Padura, Barreiro, García de la Concha, Eloy Landaluce, Fermín Echeverría, los Vives (Rafael Gambra, Ruiz de Galarreta y Ayuso no asistieron a éste Congreso pero sí al siguiente), Vieitez, Bullón de Mendoza, María de Uriarte… De Navarra recuerdo a don Ignacio de Orbe Tuero, Miguel Garisoain, Arellano, Etayo, Vives, Morte, los Zazu, Garralda… De Vizcaya a don Carlos Ibáñez, Jaime Bordegaray, Felipe Azcoitia, Vicente Ruiz de Alegría, Luis Casanova, los Ibáñez Estévez. De Álava a Armentia y Centeno. De Santander a Cabrero Torres-Quevedo, a Durán Valdés. De Asturias a Fonseca y Palomino. De Guipúzcoa a Artola y Comas. De Galicia a Salazar Ayerra. Finalizado el Congreso, pudo llegar Fco. Javier de Lizarza. Más de uno echará en falta su nombre o el de sus conocidos, pero no he querido ser exhaustivos ni siquiera con el recuerdo.
4. Unión, unidad: unidos. Unos querían que la unidad fuese total y otros, manteniendo el mismo Ideario, programa y Organización, una unidad para la acción política, reservándose cada uno, quien lo tuviese, su reconocimiento a príncipe o Regencia. Por esto último, Casañas hablaba de unión más que de unidad, mientras que Huguet, que no tenía especiales reconocimientos, hablaba de unidad, convirtiendo su postura en tesis en la revista “Desperta Ferro”, “Camino histórico hacia la unidad” (nº 13-14, VII-X-1989, 24 pp.).
5. La Junta de Gobierno y el Consejo. La Junta de Gobierno se constituyó como el órgano ejecutivo en la Comunión. Don Miguel Garisoain, a quien recuerdo con especial afecto, estuvo presente en ella en varias ocasiones, como presidente, vicepresidente y como secretario. La primera Junta de Gobierno, elegida en el Congreso, la formaron inicialmente diez personas, pero su constitución se dejó para una posterior reunión, que tuvo lugar en Barcelona el 24 de mayo, víspera del Aplec Nacional de Montserrat. En ella se nombró a Miguel Ángel Garisoain como presidente, que también lo fue del Congreso, a Lizarza como vicepresidente, a Cusell como Secretario, y como vocales a Pachi Asín (Juventud y Formación), Orts (Prensa e Información) y Huguet (Economía y Patrimonio) aunque éste declinó el ofrecimiento y el cargo quedó vacante. Como los restantes fueron Jefes de Zona, se añadió como miembro de la Junta a José de Armas (Canarias).
El Consejo Nacional se formó en Pamplona el 19-VII-1986, según acta notarial de Javier Nagore del Año 1986 nº 874 (1): Arellano, Tomás Barreiro Rodríguez, Juan Casañas Balsells, Carlos Etayo Elizondo, Salvador Ferrando Cabedo, Rafael Gambra Ciudad, José Fermín Garralda Arizcun, José Gomez del Moral Soler, Gilberto Motilla Olmo, Ignacio Orbe Tuero, José Ignacio Salazar Ayerra, Alfonso Triviño de Villalain y Baltasar Guevara Rodríguez Laso. No obstante, el listado de consejeros era mucho más amplio, ascendiendo a un total de 53. Los señalados con su nombres son los asistentes en el acto de constitución, situándose entre los restantes muchos de los asistentes recogidos en el Congreso.
A mediados de octubre de 1986 se reunió el Consejo en Madrid, que nombró una Comisión Permanente presidida por don Juan Casañas, con Triviño como secretario y como vocales Luna, Padura, Onrubia y Gambra.
Ya en 1989 aparecen nuevos consejeros y cesan otros, figurando entre los nuevos: Doña María Teresa Angulo Michelena, Carlos Ibáñez Quintana, Alberto Ruiz de Galarreta, Juan Antonio Sardina Páramo, Enrique Roldán, Fco. Javier Lizarza, Sixto de la Calle Jiménez, José Millaruelo Aparicio, Eloy Landaluce, José de Armas y otros que sería largo señalar hasta los 45. En 1991 se redujeron a 34.
Los problemas que surgieron en el Consejo fueron de doble tipo. Uno fue algo tan extraño como que se hiciese una votación sobre la unidad católica, la que perdió por un voto y contando sólo los asistentes –no alguno enviado por correo como el mío-, mientras que la ponencia programática de Arellano permitió varias declaraciones de la Junta de Gobierno favorables a dicha unidad católica. Otro problema fue algunas disensiones personales en su seno. Para evitar que el Consejo suplantase a la Junta de Gobierno e incluso al Congreso, llegó el momento en que se suprimió el Consejo (con su presidente, secretario, tesorería…) y se mantuvieron todos los consejeros.
