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30 de marzo de 2026 0

La industria de la IA contra el bien común: el negocio de la pornografía.

(por Javier Urcelay)

 

La Inteligencia Artificial tiene, por diseño de los algoritmos, la capacidad de generar o de potenciar adicciones. Y entre ellas destaca una sobre la que en el discurso público suele pasarse de puntillas: la adicción a la pornografía.

La pornografía tiene una capacidad adictiva aún mayor que las adicciones de otro tipo, porque se apoya en la pulsión sexual -íntimamente arraigada en nuestra naturaleza para la supervivencia de la especie- y por su capacidad para destruir la capacidad para una relación interpersonal profunda y de intimidad espiritual. Es decir, su capacidad para destruir nuestra capacidad de amar. Y, también vinculado a ello, el respeto a nuestro propio cuerpo y el cuerpo de los demás.

Aunque no se hable de ello, o incluso parezca existir un propósito deliberado de silenciarlo, la relación entre la pornografía y tantos casos como hoy se dan de abusos o acoso sexual sería fácilmente demostrable, como también el papel que la IA está jugando en todo este asunto.

El interés por la pornografía generada por IA está convirtiéndose en un fenómeno arrollador y un pasatiempo global tan obsceno como delictivo, cuyas principales víctimas son las mujeres y los (las) menores.

A finales de 2025, Grok, el chatbot de X (antes Twitter) empezó a generar -o permitir que los usuarios generaran- imágenes o videos porno a los que se puede incorporar el rostro de cualquier personalidad pública o persona privada. Esta práctica ha dado lugar a la acuñación del término nudificación para referirse a la creación y circulación de imágenes vejatorias sin permiso de la víctima, lo que está dando lugar a una lucrativa industria.

Elon Musk -el hombre más rico del mundo y dueño de X (Twitter)- ha colaborado a la popularización de la nudificación, difundiendo una repulsiva foto de sí mismo en bikini realizada a través de Grok. A raíz de la divulgación de su automeme, Grok empezó de atender cada hora casi 7.000 solicitudes de generar semidesnudos. En pocos meses, estos dominios -las llamadas “apps robarropa”-, recibieron casi 20 millones de visitas, lo que habría producido ganancias superiores a los 30 millones de euros a sus responsables.

La práctica se ha extendido también entre los menores, y ha dado ya lugar a casos sonoros de acoso escolar, como en el famoso ocurrido en Almendralejo en el que unos adolescentes “desnudaron” y acosaron a sus compañeras con estas técnicas.  “No es que el niño busque el porno, es que el porno busca al niño”, ha denunciado la ginecóloga extremeña Miriam Al Adib.

Estudios llevados a cabo por investigadores de las universidades de Oxford y Cambridge, en el Reino Unido, revelaron que las diez webs más exitosas para mostrar sexo practicado por avatares hechos mediante IA atrajeron más de 78 millones de visitas sólo en el primer trimestre de 2025, en una cifra que muchos medidores independientes consideran que se ha quedado corta.

The Economist ha publicado en marzo de 2026 que “el sector económico global” de la pornografía mueve cerca de 100.000 millones de dólares anuales, el doble que la industria de la IA, con centenares de millones de usuarios.

El mercado global de contenido y servicios para adultos es históricamente uno de los más lucrativos del entorno digital: alto ARPU (ingreso promedio por usuario), usuarios con baja elasticidad al precio (dispuestos a pagar por experiencias personalizadas), y con alta recurrencia y fidelización. La IA ha visto el negocio y se ha lanzado a su captura. Se calcula que la industria de IA “para adultos” moverá en 2026 más de 2.000 millones de dólares y crecerá hasta 2028 a un ritmo del 27% interanual.

El potencial comercial de los llamados sexbots ha atraído la atención de OpenAI de la mano de Sam Altman, su CEO, que ha anunciado para este 2026 el lanzamiento de la modalidad +18 de ChatGPT. Otros chatbots reputados de “serios” siguen el mismo camino, con diversas estrategias para explotar el enorme potencial económico de la pornografía -al que no están dispuestos a renunciar- sin que dañe reputacionalmente su pretensión de ser los chatbots dominantes en el mundo institucional y empresarial.

En España, un estudio de más de 93,000 estudiantes entre 10 y 20 años encontró que el 20% presenta un patrón de consumo problemático de pornografía, y la edad media de primer contacto es a los 11,5 años, con fácil acceso digital al contenido sexual explícito. “No podemos seguir así, ha dicho la ya mencionada Dra. Al Adib: el 90% de los adolescentes ve porno y el 90% de sus padres creen que sus hijos no lo hacen”.

En otra investigación, se reportó que más del 76% de personas con acceso a Internet consumen pornografía de forma frecuente. Un estudio publicado en Addictive Behaviors Reports encontró que alrededor de 22% de los participantes presentaron síntomas de uso compulsivo de pornografía online según escalas psicométricas.

La investigación en diseño adictivo de plataformas digitales sugiere que los algoritmos tienden a maximizar el enganche y el tiempo de uso, lo que puede favorecer patrones compulsivos de consumo. Aunque no hay estudios epidemiológicos concluyentes que cuantifiquen el aumento de incidencia de adicción pornográfica debido a la IA, su potencial es evidente.

La difusión masiva y el acceso irrestricto a la pornografía no es un asunto menor, ni por sus implicaciones individuales ni por su trascendencia social.

A nivel individual, el primer efecto es la vinculación emocional y el desplazamiento relacional, que hace que los usuarios sustituyan progresivamente las interacciones humanas por la IA, porque evita el conflicto y tiene una disponibilidad total. La consecuencia es una disminución progresiva de las habilidades sociales, aumento del aislamiento y dificultad para tolerar relaciones reales, que son impredecibles y no complacientes.

El segundo efecto psicológico es la escalada continua del contenido y de la habituación. El resultado es que lo que antes generaba satisfacción deja de hacerlo, y cada vez se buscan estímulos cada vez más extremos. En ciertos usuarios, existen paralelismos claros con dinámicas adictivas. Este patrón es bien conocido en industrias como el juego.

El tercer efecto psicológico es el reforzamiento de expectativas irreales, ya que el modelo no pone límites reales y nunca rechaza, negocia o prioriza sus necesidades. Ello desemboca en una normalización de las relaciones unilaterales, y a la frustración o desajuste cuando el usuario interactúa con personas reales. En algunos casos, puede conducir al aumento de actitudes instrumentales hacia otros, creando abusadores sexuales por debilitamiento de la comprensión de la reciprocidad.

A escala colectiva, las consecuencias del consumo masivo de pornografía son la normalización de vínculos no recíprocos, la mercantilización extrema de la intimidad y la presión cultural hacia relaciones descomprometidas y sin fricción.

Algunos fenómenos sociológicos en claro aumento en nuestros días, como los abusos sexuales y la violencia machista, por un lado, o el descenso o retraso de los matrimonios y la natalidad, por otro, pueden tener en esa pérdida del sentido de la reciprocidad o esa aversión al compromiso algunas de sus raíces.

La protección del bien común hace urgente una regulación -como la que se ha desarrollado, por ejemplo, para la protección de datos personales- que proteja a la sociedad del daño de la pornografía adictiva potenciada por la IA, poniendo coto a los imperios tecnológicos que llenan sus arcas de impúdicos y abultadísimos beneficios explotando la vulnerabilidad personal y destruyendo desde sus raíces la vida social.

 

 

 

Para más información sobre el impacto de la IA:

Javier Urcelay Alonso: “Cómo la Inteligencia Artificial cambiará nuestras vidas. El mundo que viene”. Edición del autor, 2026. A la venta en AMAZON.

 

 

 

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