20 de abril de 2018 0

La doble rebeldía carlista y el monumento de “Navarra a sus muertos en la Cruzada”

Este libro titulado La rebeldía carlista. Memoria de una represión silenciada cuyo autor es Josep Miralles Climent, aclara muchas cosas, y permite vencer muchas ignorancias vencibles. 

En efecto, fue enorme la diversidad de los sublevados contra la IIª República por revolucionaria. Los carlistas, católicos y monárquicos, foralistas y legitimistas, pactaron con el general Mola y el Ejército -al que sin duda hay que agradecer su participación en el alzamiento- en el que había no pocos republicanos y aún cierto masón como el general Cabanellas. 

Si advertimos el contenido de este libro -“Memoria de una represión silenciada”- a nadie se le debiera ocurrir el perseguir a los perseguidos, y esto  es lo que hacen los guerracivilistas y talibanes de hoy cuando atacan la limpia memoria de tantísimos navarros de 1936-1939, a casi toda la Navarra de entonces, al monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada, a la laureada de Navarra, y a la misma Cruzada. 

Esperemos que con este libro se den por aludidos quienes identifican el Carlismo con lo que  llaman franquismo, aunque sabemos que éste tuvo varios perfiles y fue mucho más que una dictadura. Tampoco se caiga en el gran engaño de igualar la dictadura de emergencia, aunque al final vitalicia, del general Franco tras una dramática guerra civil, con la de un Stalin, un Mussolini, un mariscal Tito etc. 

Esperemos también que con este libro se den por aludidos quienes identifican al Carlismo con los “fachas” -así dicen los torpes iletrados-, y el monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada con los que llaman “innombrables” cuya memoria hay que arrancar de la tierra. Y todo ello porque quienes deben darse por aludidos, perdieron la guerra hace ochenta años, guerra que ahora quieren -no, no están al día, no- reavivar, ganar, y actualizar en plan guerracivilista y talibán.

No caeremos en su trampa de hablar del pasado al cuadrado -nosotros venimos de ayer pero pensamos en presente y futuro-, sino que denunciamos su falta de futuro que ofrecen a todos los demás. Se enfangan, molestan a todos y provocan nuevas heridas -crear heridas y además para herirlas-, alegando un pasado de hace ochenta años y además leído como y cuánto ellos quieren. 

La izquierda talibán en Navarra -buenos comunistas y separatistas, nacionalistas de ocasión a lo Stalin y por separatistas a lo Sabino Arana-, no tiene otro programa que azuzar el pasado y perseguirlo en el presente. Pues bien, decimos que esta izquierda talibán se volverá loca con este libro de Miralles Climent. 

Para hacer su revolución les interesa una Navarra arruinada, desquiciada, y vapuleada; y sobre todo dividida aunque sea artificialmente. Como saben que la unión hace la fuerza se citan unos a otros autores, mientras se reparten el pastel del dinero público, de nuestros dineros que son el fruto de nuestro trabajo. 

¿Tienen delito los revolucionarios por escudarse en la República? Sin duda que sí, y son ellos quienes acabaron con ella. ¿Lo tienen por sus golpismo en 1934 en Cataluña y Asturias? ¿Y por las trampas y pufos electorales en las elecciones de febrero de 1936? ¿Y por llevar a España hacia la Revolución comunista? Más todavía y sobre el angustioso tema de represiones y venganzas, ¿qué dicen de otros si tenemos presente lo que hicieron ellos? ¿No aplican a los demás los parámetros que tuvieron ellos en muchos lugares de España? Así pues, ¿de qué dan lecciones? Decimos esto sin dar por bueno no poco de lo que suelen afirmar de otros. 

¿Tiene delito lo que llaman “franquismo” por ganarles la guerra?

¿Tienen delito los carlistas que fueron perseguidos por oponerse al nuevo Régimen, al defender precisamente ellos una España tradicional, foral, monárquica y representativa?

¿Se atreven a identificar a los perseguidos con los perseguidores de entonces? ¿A identificar el monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada con el Régimen que sucedió a ésta? Pues bien, creemos que en este libro de Miralles Climent sobre la represión que sufrieron muchos carlistas, amigos y herederos de aquellos cuyos nombres están en los muros del monumento, es evidente que tales ni saben ni quieren saber.

Mientras el Partido Comunista conspiraba con el maquis en contra de España y los españoles; mientras socialistas e izquierdistas vivían de gorra -y de lo robado- en México y otros países según aclara Abel Paz; mientras los del PNV hacían el agosto económico plegándose al Régimen, resulta que los carlistas, amigos y herederos de aquellos cuyo nombres llenan los muros del monumento,  se oponían a que se devaluase y olvidase el enorme esfuerzo por Dios y por España del 18 de julio, y exigían la restauración tradicional y monárquica a pesar de ser perseguidos -no diremos reprimidos-. 

Este libro es un argumento más para que a nadie se le debiera ocurrir perseguir hoy a los ayer perseguidos, ni perseguir los nombres de los 4.699 navarros muertos en el frente de combate, ni arremeter contra el monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada, ni hacer una Causa pública a la generalidad de los navarros y la Navarra de entonces. Ojo con todo ello. 


José Fermín de Musquilda

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