17 de noviembre de 2018 0

La Cristiada de Jean Meyer.Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe.

María Fidalgo Casares.-

Este año  que entra se cumplirán 90 años del fin de la desconocida la Guerra Cristera (1926 – 1929), la guerra religiosa más dramática, sangrienta y desconocida de la historia de América de la que ahora se cumplen sólo 90 años. Una tragedia que fue practicamente borrada de los libros de Historia, en la que los combatientes luchaban bajo el grito de Viva Cristo Rey y  la Virgen de Guadalupe.

Conspiración de silencio
La Guerra Cristera, hasta 1980 fue tabú en los estudios históricos y políticos mexicanos. La Historia “oficial” -en las raras ocasiones que los llegaba a mencionar- los calificaba como “rebeldes al gobierno”. Pese a su importancia, se intentó borrar de la memoria y se transmitió casi en secreto entre los miembros de las familias que vivieron el enfrentamiento.

El famoso Emiliano Zapata  luchó con diez mil hombres y Pancho Villa con veinte mil en su apogeo, pero los desconocidos cristeros consiguieron movilizar a cincuenta mil combatientes, apoyados por todo un pueblo..  Fue una guerra por la libertad que se convirtió en un verdadero “martirologio” ya que, en esa persecución cruel y salvaje cientos de religiosos y laicos católicos fueron asesinados por su fe. Un capítulo bélico recogido en cientos de fotografías blanquinegras que sorprenden por su fuerza y magnetismo. Curiosamente el episodio cristerro presenta claras concomitancias con otros conflictos bélicos como las guerras carlistas o la Vendee Francesa.

La Ley Calles

La anticlerical Constitución mexicana de 1917 había  incluído medidas draconianas contra la Iglesia,  negaba su reconocimiento legal, limitaba a los sacerdotes, prohibía la educación religiosa, nacionalizaba las propiedades de la Iglesia e ilegalizaba la celebración de ceremonias fuera de los templos. Sin embargo, dada la mayoría católica nunca se aplicó de forma estricta hasta 1926. Ese año el Presidente Plutarco Calles promulga “la Ley Calles”: multas y cárcel por negarse a disolver comunidades religiosas, por enseñanza de la religión, por publicaciones piadosas,  por expresar públicamente las creencias y la expulsión de sacerdotes extranjeros, incautación de iglesias, conventos y monasterios e inventarios de los bienes. También prohibe las sotanas a los curas mexicanos, y se mandan quemar todos los documentos de la Iglesia, incluidas la Fe de bautismo de todas las personas. Todo acto católico era prohibido por la ley. La iglesia suspende el culto público y se va a la clandestinidad, a modo de la época de las catacumbas

.Al principio, los fieles y la jerarquía se resistieron a la ley Calles de forma pacífica  y organizan su brazo político: la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa (LNDLR) que organiza protestas, un millón de firmas pidiendo la abolición, boicot económico…No hubo alzamiento armado ni tácticas de resistencia civil  hasta que no se agotaron todos los recursos legales y pacíficos posibles. El Gobierno, viendo el poder que adquirían,  intensificó su ataque con arrestos, intimidaciones y  comenzaron las ejecuciones y violentas represiones por parte del ejército.

Ante los atropellos el pueblo, a empezó a armarse de forma espontánea y aparecen  las primeras guerrillas, compuestas por campesinos que comienzan a sublevarse al grito de: “¡Viva Cristo Rey y  Santa María de Guadalupe!, Fueron conocidos desde entonces despectivamente con el nombre de Los Cristeros.

LA REBELIÓN CRISTERA

La resistencia armada comenzó en Jalisco con levantamientos esporádicos hasta que se difundió por todo México. El gobierno declara la guerra a la iglesia católica  y se convierte en una auténtica guerra civil.

La Liga organiza la lucha y da el mando al general  liberal Enrique Gorostieta, experto en guerra de guerrillas y estrategia militar. Pasarán de ser una tropa espontánea y desharrapada a  ser un ejército disciplinado de 50.000 hombres, divididos en regimientos y con jefes legendarios, como los curas-generales padre Vega y padre Pedroza.

Las Brigadas Bonitas

Las brigadas femeninas de Santa Juana de Arco (BB) fueron creadas para suministrar municiones, pertrechos y dinero, provisiones, informes, refugio, cura y protección a los combatientes Cristeros.  Llegaron a ser 25.000 mujeres. Su estructura era militar y jerárquica porque eran consideradas un cuerpo más de combate. Pero este movimiento trabajaba en total clandestinidad, imponiendo a sus miembros un juramento de obediencia y secreto. La mayor parte de las mujeres eran célibes, para evitar dejar huérfanos o evitar chantaje, si eran hechas prisioneras. Sus cometidos tenían también claros paralelismos con las margaritas carlistas.

Sus métodos para obtener fondos incluían las acciones directas. Transportaban las municiones en chalecos o en carros cubiertos de maíz o cemento, hasta las zonas de combate, donde posteriormente a lomo de mula las hacían llegar a los cristeros. El ingenio y la audacia de aquellas jóvenes fueron legendarios y llegaron a abastecerse directamente en las fábricas militares de la capital, mediante la seducción  o la connivencia de operarios católicos y de algunas autoridades

Un enfrentamiento desigual

El ejército de Calles, bien armado, comido y vestido, era llamado por el pueblo: “los federales”, o “comecuras”. contaba con 80 mil hombres; La mayoría de los insurrectos eran campesinos pobres, mal equipados y peor armados, pero la  gran desigualdad de hombres y armas no detuvo a los cristeros. Su profunda fe en Cristo les daba una gran fuerza moral. En las zonas donde la rebelión parecía ser aplastada, a los pocos días resurgía con más fuerza. La ferocidad de la milicia y el ensañamiento con los campesinos, hizo que los cristeros fueran apoyados por la población.

Ante la imposibilidad de controlar la insurección, el gobierno organizó  “concentraciones”. Se obligaba a los campesinos a reunirse en poblados determinados,.. Si esto no sucedía, las gentes eran fusiladas sin previo juicio, lo que significó pérdida de cosechas y hambre para la población civil. Los sacerdotes que permanecieron en el campo, lo hicieron con gravísimo riesgo y permanecieron escondidos con la protección de los fieles, que en muchos casos fueron también ejecutados por darles cobijo .El británico Graham Greene viajó poco después de la guerra a México y recogió muchos testimonios directos  de la rebelión cristera.. “Todos los curas eran perseguidos y muertos –escribe Green en una de sus novelas más célebres: El poder y la gloria-, excepto uno que subsistió durante diez años en las selvas y los pantanos, aventurándose sólo de noche…”

Una  táctica entre los cristeros fue el ataque a trenes, que obligó al ejército federal a destacar hombres en puentes, túneles y estaciones;  Ahí se produjo su único crimen de guerra: el incendio de un tren antes de su completa evacuación.

Tácticamente, la guerrilla cristera superaba a las milicias regulares. En pequeños grupos, atacaban, intempestivamente, y  huían con facilidad a la sierra gracias a su destreza como jinetes y a su conocimiento del terreno. Siempre portaban el estandarte de la Virgen de Guadalupe y cada soldado en su pecho una gran cruz, cual fresco epopéyico de  un cuadro  carlista de Ferrer- Dalmau. El ejército, mucho más desarrollado en la infantería, se veía imposibilitado a proseguir la persecución. Dada su inferioridad, táctica el gobierno apela al terror sistemático no sólo contra las poblaciones involucradas en la insurrección, sino contra aquellas sospechosas de estarlo,.

Una cruel represión por parte del gobierno
Los Cristeros a quienes se hacía prisioneros eran pasados por las armas. Pena de muerte era también el castigo de quienes ayudaban a los rebeldes, de los que bautizaban a sus hijos, asistían a las misas clandestinas o se casaban por la Iglesia o bautizaban a sus hijos. Muchos civiles sucumbieron en ocasiones víctimas de matanzas colectivas. Los lunes había fusilamientos y muertes en la horca, en público.

Turistas norteamericanos denunciaban en la prensa americana la presencia de ahorcados en los postes telegráficos a lo largo de las vías férreas y de las carreteras y los Caballeros de Colón , asociación católica antimasónica, recaudan un millón de dólares en Estados Unidos para ayudarles, lo que contrarresta el Kukluxklan ofreciendo a Plutarco Calles multiplicar por diez esta cifra

La tortura se practicaba sistemáticamente, no sólo para obtener informes, sino también para hacer que durara el suplicio, para obligar a los católicos a renegar de su fe y para castigarlos eficazmente, ya que la muerte no bastaba para asustarlos. “Caminar con las plantas de los pies en carne viva, ser degollado, quemado, deshuesado, descuartizado vivo, colgado de los pulgares, estrangulado, electrocutado, quemado por partes con soplete, sometido a la tortura del potro, de los borceguíes, del embudo, de la cuerda, ser arrastrado por caballos… Todo esto era lo que esperaba a quienes caían en manos de los federales». (Jean Meyer, La Cristiada, tomo III,.).

Negociación: ” Los arreglos”

En 1929 el ejército federal estaba formado por 100.000 hombres. Las milicias cristeras se calculaban en 50 000 hombres, pero controlaban la mitad de los 30 estados de México poniendo en jaque al gobierno de Plutarco Calles, que ante las inminentes elecciones presidenciales ve la coyuntura  idónea para que el conflicto se resuelva .Calles apela embajador norteamericano Morrow, porque necesitan del petróleo mexicano y a quienes también conviene la paz interior del país, La Santa Sede presionada por los Caballeros de Colón impone entonces la necesidad de una salida política que se consigue con “ los arreglos”

La ley de Calles se suspende pero no se deroga; se otorgaba amnistía a los rebeldes; se restituían las iglesias y la Iglesia podía realizar los cultos. Los cristeros en obediencia al Vaticano empiezan a deponer las armas, pero sólo para ser cazados y ejecutados porque  fue una trampa. Calles rompió los compromisos y durante los tres primeros meses después de la tregua, más de 500 líderes y 5.000 cristeros fueron ejecutados. Murieron más líderes cristeros durante ese breve periodo de tiempo que durante tres años de guerra.

Oscurantismo y polémica. Dicotomía: héroes mártires o contarrrevolucionarios

El conflicto entre la Iglesia y el Estado mexicano tiene hondas  raíces, la elite gobernante liberal y “librepensa­dora” veía en el clero católico al enemigo más peligroso. El Estado  por su parte que quería romper con la tradición hispánica y toda su aportación,  en concreto con el el catolicismo. De ahí el impulso de una guerra cismática o el apoyo a la difusión de subreligiones protestantes. Durante décadas el PRI fue abiertamente hostil a la Iglesia.  De hecho México no mandó embajada al Vaticano hasta fines de los 60  y no reconoció su status jurídico hasta 1990 con Salinas de Gortari. Hasta 2010 había  cortapisas para ceremonias religiosas

Con la perdida del gobierno vitalicio del PRI,  y tras el trabajo de Meyer el episodio cristero adquirió visibilidad y se desató la disputa en torno a su reivindicación como legado a valorar.  Parece que molesta el heroísmo del  martirologio cristero y  se ha alentado su rechazo dentro de la historia mexicana por ser “contrarrevolucionarios antimodernos”. Se aborda la rebelión como simple bandidaje o se carga las tintas en la responsabilidad de la iglesia que intentaba evitar perder sus riquezas y privilegios, algo que también se esgrime en las guerras carlistas.

La Cristiada fue, en su esencia y por encima de otras circunstancias políticas o económicas, una guerra por la libertad, El problema es que cuando la libertad, uno de los derechos fundamentales del hombre, es ejercer la religión y además la católica, es cuestionada en muchos ámbitos.

 

Canonizaciones, el libro de Meyer y la película “Cristiada”

En los últimos años tres hechos fundamentales han apoyado la difusión de este capítulo apasionante de la historia mexicana.

El primero fue la obra de Jean Meyer considerada capital en la recuperación del episodio. El segundo fue el reconocimiento de  la iglesia de los martires en 1988 de los cuales 25 fueron canonizados por Juan Pablo II  en el año 2000. y 13 beatificados en 2005. En 2016 el Papa Francisco santifica al Niño José, un  niño Cristero que muere defendiendo a Dios tras sufrir terribles torturas.

El tercero es la película Cristiada, un film con actores muy conocidos como Peter O Toole Andy García o Rubén Blades y cuya visión, desconociendo el episodio histórico, asemeja un cuento fantástico y maniqueo pero que, con licencias, es completamente riguroso. El capítulo de José el niño cristero y su camino al cadalso, pudiera parecer toda una fantasía hagiográfica de no estar bien confirmado por decenas de testigos.

Y aunque en la Cristiada pudieran gravitar factores políticos y económicos,  fue el factor religioso la única razón que  llevó al pueblo mexicano a levantarse en armas;  Fue la heróica reacción de una sociedad campesina, tradicional y católica contra el autoritarismo y control de un Estado nacido de la Revolución de 1917. Un movimiento popular, que se alzó para luchar contra una reforma  que pretendía borrar al Cristianismo de sus vidas, para ellos lo más sagrado de su existencia, la Fe en Dios y en su Virgen..Y es en estas motivaciones donde los paralelismos con los carlistas españoles son más evidentes. Estos héroes anónimos mexicanos sacrificaron su vida  por el mismo motivo y al mismo grito que miles de españoles en la trágica contienda: El ¡Viva Cristo Rey! que los cristeros lanzaban encomendándose a la providencia, antes de entrar en la batalla, era también el grito  que repetían los mártires mexicanos y españoles de la guerra civil española, después de perdonar a sus ejecutores, antes de ser asesinados.

 

 

 

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