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21 de junio de 2022 0

José Miguel Orts, ejemplo de abnegación

(Por Javier María Pérez-Roldán) –

Cuando alguien fallece, se suele recordar todo lo que hizo, pero no resulta tan frecuente relatar todo a lo que renunció. Y en el caso de José Miguel Orts siendo mucho lo que hizo y lo que fue en el carlismo, es más, sin embargo, aquello a lo que renunció para realizar su labor como carlista.

Todos recuerdan su fidelidad a los Borbón-Parma y su dedicación a la AET primero, y luego a la CT/Partido Carlista, así como posteriormente a la CTC, donde llegó a ser vocal de la Junta de Gobierno, luego presidente de la Junta Regional del Reino de Valencia,  finalmente Consejero Nacional. Gran parte de su labor, como buen militante de la AET la realizó en el entorno cultural y como publicista, ya como vocal de la Junta de Gobierno del Círculo Cultural Aparisi y Guijarro, ya como como director del boletín Resurgir, de la AET valenciana; luego como redactor Jefe del boletín «Aparisi y Guijarro» y colaborador de «El Pensamiento Navarro», «Montejurra», «Esfuerzo común», «Quatre Barres», y más tarde como redactor Jefe de la revista «Todos/Tots», como jefe de Publicaciones del Círculo Cultural «Aparisi y Guijarro» y finalmente, en su última ocupación como redactor Jefe y alma mater de «Reino de Valencia”.

Sin embargo, con ser todo eso mucho, es más a lo que renunció. Renunció a gran parte de su tiempo libre, que dedico de manera prioritaria al Carlismo; renunció a imponer su criterio, pues era abnegado y disciplinado como pocos, siendo siempre fiel a las órdenes de la superioridad, aunque fueran en contra de lo que él había sostenido; renunció a su propio carácter cuando era necesario para conciliar ánimos enfrentados; renunció incluso a sus mérito personales, poniéndose siempre al servicio de los diferentes cargos de la Comunión con humidad y auténtico espíritu de obediencia.

José Miguel Orts es de aquellos de los que sin duda se puede decir que es insustituible. Él, en Valencia, junto a otros, también muy mayores que, gracias a Dios, aún sobreviven, era la historia viva del Carlismo vivo y pujante de los años 50 y 60 del siglo pasado. Su capacidad de adaptación a todos los reveses y a los tiempos cambiantes, y vocación, eminentemente política, y su dedicación plena hacían que aun con 80 años fuera uno de los principales referente de muchos carlistas del resto de España, entre los que me encuentro.

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