1 de octubre de 2018 0

Guerras ¿carlistas?

Los españoles de verdad a veces no saben ni quiénes son ni de dónde vienen. Pero la anti-España, los enemigos de todo lo que representó en la historia universal la realidad de la Monarquía Católica lo saben perfectamente. Ellos saben que todo lo que suene a católico y español (porque todo lo auténticamente español es realmente católico) debe ser aniquilado. La conocida herramienta de la “memoria” oficial se ocupa de tergiversar todo lo relativo al siglo XX. Para la historia anterior, para ese siglo XIX que infectó las tierras de la Hispanidad con una nueva versión de las viejas guerras de religión europeas les basta con la historiografía liberal y masónica. La de Galdós y de todos los historiadores de la restauración alfonsina. Esa manera de contar las cosas, pagada por gobiernos corruptos y vendidos a intereses extranjeros, se ha caracterizado por catalogar como bandidos a todos aquellos hombres libres que se alzaban contra sus planes. Bandidos fueron los soldados contra la Convención, bandidos los desharrapados guerrilleros de la Independencia, bandidos los voluntarios realistas de España y de toda Hispanoamérica, y bandidos recalcitrantes y cerriles, ¡cómo no!, los carlistas. La misma denominación que se dió a las guerras civiles del XIX… guerras carlistas, ¿no es una forma de señalar a los partidarios de la Legitimidad como “culpables” de la violencia bélica? Ello es, a todas luces, injusto, pues cualquiera que se informe un poco puede descubrir que los golpes de estado típicos de esos años o los espadones del XIX, desde Gerona hasta Chile, fueron generalmente liberales. Y que las sublevaciones tradicionalistas fueron respuesta a una agresión como certifica uno de los sambenitos que nos cuelgan: ¿no dicen que somos reaccionarios? Pues eso sólo puede significar una cosa: que el lío lo empezaron ellos.

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