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13 de mayo de 2023 1

El Ministerio de Cultura pone en valor a la Masonería española

 

 

Hace algunos años, participé en un debate sobre la eutanasia, teniendo como contraparte al catedrático de Ética Javier Sádaba, entonces filosofo de culto para la izquierda. No puede extrañar que, con mi formación académica de Ciencias, acudiera a la cita temeroso de ser apabullado por los conocimientos de un profesor de la disciplina. Confieso, sin embargo, que salí al parecer victorioso del lance, en opinión de los organizadores del debate, y sorprendido por la inanidad intelectual de mi rival y la facilidad con que sus endebles argumentos quedaban desmontados por simples razonamientos de sentido común. Afirmar el derecho a la eutanasia sin afirmar simultáneamente el derecho al suicidio es insostenible.

Pero fue otra, con todo, mi mayor sorpresa: aquél filosofo socialista, progre y venerado por la izquierda, no era un marxista, como cabía suponer entonces en un intelectual socialista, sino que su pensamiento estaba mucho más próximo a los iluminados del siglo XVIII que a los revolucionarios del XIX o los leninistas del XX. Sábada se me mostró, escuchando sus planteamientos, como un hijo del Siglo de las Luces, un “ilustrado”, un “progresista”, un representante del Homo deus empeñado en la lucha contra el “oscurantismo” y la “superstición”. Sádaba era, en definitiva, un volteriano, y su pensamiento el de un masón, no el de un socialista.

Hoy, bastantes años después, Pedro Sánchez y el sanchismo me producen la misma impresión. Aunque sean del Partido Socialista Obrero Español, sus ideas no son socialistas, sino “progresistas”. Y la diferencia no es una mera cuestión semántica. No les interesa la redención del proletariado, y ni siquiera la lucha de clases. Los obreros y sus problemas para ganarse el pan les traen al pairo. Su objetivo es la construcción del hombre nuevo y de la nueva sociedad a la medida del hombre liberado de toda atadura basada en la ley natural o la ley divina. Desde el punto de vista ideológico, no son socialistas, son masones. Como lo era Sádaba.

Traigo todo esto a colación por haber visitado hace unos días una poco conocida exposición permanente sobre la masonería española patrocinada por el Ministerio de Cultura, que se exhibe en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca, en lo que anteriormente era el Archivo General de la Guerra Civil, y que hoy se reconvierte aceleradamente en una institución de amparo y soporte de la nueva Ley de Memoria Democrática.

Memoria que debe empezar, naturalmente, por la recuperación de la masonería española, clave para la exaltación de su obra cumbre, la II República, cuya Constitución fue refrendada por una Cortes Constituyentes en las que, según declaración propia -escrita en uno de los paneles de la exposición- unos 150 diputados pertenecían a las logias y en la que seis ministros del Gobierno Provisional eran abiertamente masones.

Se afirma en esos mismos paneles que la masonería cuenta hoy con unos 4.000 miembros en nuestro país, pertenecientes mayormente a la Gran Logia de España, pero también al resto de las obediencias masónicas. Lo que no se señala es cuántos de ellos forman parte del Congreso de los Diputados, y tampoco si algunos son ministros del Gobierno. O, incluso, presiden el mismo.

Será porque en el fondo tampoco importa mucho: su identificación con las ideas y objetivos de la masonería resultan evidentes, si nos atenemos a la información sobre unas y otros que en la citada exposición se detallan:

“La masonería española ha defendido los derechos humanos y ha abogado por el laicismo, en especial en la educación. Se ha preocupado por las cuestiones sociales y ha luchado contra la pena de muerte. Se ha opuesto al fascismo y a todo tipo de dictaduras. También se ha caracterizado por su obsesión por la paz, por su defensa de los sefardíes y por su inquietud ante los problemas coloniales y norteafricanos. Ha defendido la tolerancia, la fraternidad y la libertad como condición esencial de convivencia, civilización y base de la condición humana”.

 

Recomiendo la visita a la exposición, de la que aquí recojo algunas fotografías. Aunque le defraudara, una visita a Salamanca siempre vale la pena, hay pocas ciudades tan bellas en España.

Además, hay que reconocer que la exposición resulta vistosa, como lo son los rituales y símbolos masónicos. Siempre me ha extrañado que Hergé no explotara el tema en una de sus aventuras de Tintín.

La joya de la muestra es la recreación de una logia, decorada con mobiliario y objetos auténticos pertenecientes al rico patrimonio de la Orden que alberga el Centro de Documentación, procedente de las incautaciones llevadas a cabo por la Delegación Nacional de Asuntos Especiales creada por Franco en 1937.

Realmente curiosa.

En un panel se asegura que en esa logia recreada, propiedad hoy del Ministerio de Cultura, no se ha celebrado nunca ninguna tenida masónica.

Debe haber otras que les pillen más cerca de casa.

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Un comentario en “El Ministerio de Cultura pone en valor a la Masonería española

  1. Rafael Zayas

    Lo mío es cuidar enfermos, y no tengo otro criterio de juicio que el que me formo con las sabias opiniones de los que saben mucho más que yo en estas cuestiones. Si la Santa Madre Iglesia la condena, si D. Javier tampoco le hace fiestas, a mi me parece que tampoco voy a fiarme jamás de ella. Sencillo, ¿no?

    Responder

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