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10 de enero de 2023 1

El ejemplo de Josef Ratzinger y de Domingo Fal-Conde para el Carlismo

(por Javier Urcelay)

“Humilde de carácter, muy firme en sus convicciones, pero liberal en el trato a los demás, se relacionó a personas de todo tipo y condición y contaba entre sus más leales amigos a personas de ideologías muy alejadas a la suya”.

Pertenece este párrafo al artículo titulado “Cuatro años sin Domingo Fal-Conde”, en el que María Fidalgo hizo una breve semblanza, en el cuarto aniversario de su muerte,  del tercer hijo del que fuera histórico jefe-delegado de la Comunión Tradicionalista durante los trágicos años de la República y la Guerra Civil.[i]

Rasgo del corazón que también podía subrayarse del recientemente fallecido Benedicto XVI, que junto a ser el guardián de la Doctrina de la Fe, fue el Papa de la Caridad: «Deus est Charitas».

Firmes en los principios, pero con el corazón abierto en el trato con los demás. Otra manera de expresar la enseñanza evangélica de detestar el pecado y ser misericordiosos con el pecador.

Ninguna fórmula resume mejor lo que debe ser la actitud de un verdadero cristiano, como lo fue el santo Josef Ratzinguer,  y, por tanto, de un verdadero carlista, como lo fue Domingo Fal-Conde.

Porque no hay nada menos cristiano, que convertir la firmeza de los principios -el combate por la verdad y su defensa-, en dureza de corazón y distanciamiento del otro.

Y porque no hay «principio» más cierto que “en el atardecer de la vida seremos juzgados en el amor”, como decía San Juan de la Cruz.

La apertura de corazón no es una condición natural, y menos hacia el que no comparte nuestras ideas o incluso las rechaza. No es un fruto de la razón, sino una gracia del Espíritu, que sólo es posible al alma enamorada, es decir, al alma que se ha dejado bañar por el Amor.

El Papa emérito dedicó los últimos años de su vida a la oración y la presencia de Dios en la clausura de un convento.

Domingo Fal-Conde pudo ser intransigente en los principios y, al tiempo, un corazón capaz de establecer una relación de amistad y afecto con hombres de toda condición e ideas muy alejadas de las suyas, porque estaba ganado por el Amor, del que surge todo bien, toda belleza, y toda bondad:  “Sobre todo en los últimos años de su vida, ya jubilado, tuvo una intensa dedicación caritativa, poniendo al servicio de los demás su quehacer como abogado, atendiendo a personas de ambientes marginales a las que ayudaba en todo tipo de tareas burocráticas y judiciales”.

Una acción caritativa que no era fin, sino desbordamiento de un caudal acumulado en las fuentes del Amor de las que su alma bebía: “Fue un intenso promotor de la devoción y adoración al Santísimo Sacramento. En setenta años superó las 900 vigilias”. Ahí, en horas de oración y adoración ante el Santísimo es donde hay que buscar el motor que le animaba.

Su funeral fue tan concurrido que apenas se cabía en el espacioso templo. Porque se recoge lo que se siembra, y el que había acogido en su corazón a tantos, había dejado a tantos prendidos de su corazón.

Merece la pena dar gracias a Dios por Benedicto XVI y por Domingo Fal-Conde. Son un modelo para cada uno de nosotros como cristianos y como carlistas. Pero, sobre todo -y ese era el punto que quería subrayar en este breve artículo-, pueden ser un modelo para el Carlismo en su conjunto, que también debería de tratar de ser firme en los principios, pero sin convertir esa firmeza en dureza de corazón que nos haga despreciar o rehuir a tantas personas hoy desorientadas, sino, al contrario,  “relacionarse a personas de todo tipo y condición”, sin convertirse en un puritanismo.

Ello solo puede brotar de la cercanía, personal y colectiva, al Sagrado Corazón ardiente de Cristo, al que tantas veces nos hemos consagrado a lo largo de nuestra historia centenaria.

Un Carlismo «humilde de carácter, muy firme en sus convicciones, pero liberal en el trato a los demás», con un corazón abierto, cercano y acogedor.

Sólo así veremos algún día su “templo” tan concurrido como lo estuvo en el funeral de nuestro ejemplar y aquí evocado correligionario sevillano, o como, para sorpresa de algunos, estuvo la Plaza de San Pedro en las exequias por el Santo Padre fallecido.

 

 

 

[i] “Cuatro años sin Domingo Fal-Conde” por María Fidalgo. Publicado en el periódico digital independiente Sevillainfo el 12 de septiembre de 2021.

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Un comentario en “El ejemplo de Josef Ratzinger y de Domingo Fal-Conde para el Carlismo

  1. Juana de Beira

    «Incapaz de pactos con sacrificio del ideal».
    Ordenanza del Requete.

    No se trata de puritanismo o intransigencia, es fidelidad a una Doctrina; fidelidad que no puede ser abandonada, ni poniendo excusas con actuaciones personales derivadas de circunstancias y tiempos.

    Con todo el respeto al artículo y al autor.

    Responder

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