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22 de julio de 2025 3

El cuatrilema Dios, Patria, Fueros, Rey.

(por Javier Urcelay)

 

Si hubiéramos preguntado qué doctrina defiende el carlismo a alguno de los españoles que se levantaron en armas por Don Carlos en 1833 -los primeros “carlistas”-, no sé con qué respuesta nos habríamos encontrado. Desde luego no con nada que se pareciera a un tratado de Derecho Político.  Entre otras cosas, porque tendríamos el 80% de posibilidades de que nuestro interlocutor fuera analfabeto, en aquella España de las primeras décadas del siglo XIX.

Más probablemente nos hubiera explicado a su manera  que él defendía su religión, frente a los que cometían sacrilegios, asesinaban curas y no querían Catecismo ni catequesis. Que él defendía a su familia y la educación de sus hijos e hijas, frente a los que pretendían el divorcio, e introducían la inmoralidad de las costumbres. Que él defendía el fruto de su trabajo contra los expropiadores que pretendían confiscarle el pan de sus hijos a través de impuestos abusivos. Que él defendía la propiedad comunal o la propiedad de la Iglesia de los campos de su pueblo, que habían dado trabajo y sustento a su familia durante generaciones. Que él defendía al rey, que era el padre del pueblo y protector del débil, que proporcionaba la continuidad y estabilidad que hacía tranquilo el discurrir de los días y el paso de las generaciones, frente a los que pretendían cambiarlo todo y dar saltos en el vacío. Que defendía los usos y costumbres de la comunidad humana a la que pertenecía, que eran garantía de sus libertades, frente a los que dictaban leyes igualitarias y abstractas alejadas de su realidad y circunstancias concretas, que nada tenían que ver con su mundo real.

En una palabra, nuestro hombre había salido a luchar por Don Carlos en defensa de sus creencias y sus formas de vida, no de una ideología. Su adhesión a lo que defendía el carlismo era vivencial, más que especulativa, cotidiana más que fruto de un apriorismo elucubrativo. Diríamos que defendía una cosmovisión, un ecosistema del que se sentía parte, y con el que vivía en armonía y equilibrio.

A medida que el nuevo régimen liberal, basado en las ideas triunfantes en la Revolución, fue penetrando, ganando espacio e imponiéndose a lo largo del siglo XIX, aquella adhesión vital y experiencial a un sistema de creencias e instituciones -el régimen de Cristiandad en el que España vivió durante siglos- fue desapareciendo, y las nuevas generaciones fueron perdiendo noticia de los principios que lo inspiraban y el corolario de deberes y derechos -en los órdenes político, social y económico- en los que se traducía.

Es entonces, a partir de la Revolución de 1868, después de que el liberalismo pareciera ya haberse adueñado por completo de la vida nacional, cuando una serie de publicistas, que se oponen al nuevo orden de cosas, se ven en la obligación de coger la pluma y escribir sobre las ideas que sustentaban a la sociedad tradicional y que hubieran representado la posibilidad de una modernidad alternativa a la que los principios liberales proponían.

Es así como, pasado más de un cuarto de siglo de aquellos primeros carlistas, el carlismo empieza a elaborar -o, mejor, a poner negro sobre blanco- su sistema de ideas, dando lugar a la doctrina política que hoy conocemos con el nombre de Tradicionalismo, y cuyo credo se sintetiza en el conocido cuatrilema de Dios, Patria, Fueros y Rey.

DIOS es la piedra angular del orden social cristiano, origen de toda autoridad legítima, fuente de la ley natural y bien último al que deben tender las sociedades y los hombres. La religión católica es no solo la única religión verdadera, sino que es además la religión histórica de los españoles, la que fundamentó el papel y la misión histórica de España en el conjunto de los pueblos y a lo largo de los siglos. Como tal, debe ser reconocida y acatada en las leyes, que tienen en la Ley de Dios -en el Derecho Natural- un marco de referencia obligado.

PATRIA es la tradición en la   que nos insertamos, el humus vital y la herencia que recibimos de nuestros antepasados y que nos hace, como pueblo, ser quienes somos. El conjunto ascendente de amores que nos proporciona un sentido de pertenencia, a nuestro pueblo, a nuestra comarca, a nuestra región, a la nación española, a los otros pueblos hermanos, a la humanidad entera… Pertenencia y vinculación por las que hacemos de nuestro entorno vital nuestro domus, nuestro hogar espiritual, y que convierten un grupo de personas yuxtapuestas en un espacio geográfico en una verdadera comunidad humana. Patria y patriotismo abiertos y ascendentes, que nada tienen que ver con el moderno nacionalismo.

FUEROS no significa en el cuatrilema los viejos usos y costumbres convertidos en leyes consuetudinarias de villas, alfoces, merindades, señoríos o condados. No es una invocación al pasado de las cartas-puebla o del fuero viejo de tal o cual región. Por fuero, en su significado en el cuatrilema, debemos entender más bien la concepción política que amparó el desarrollo de todo ello, que no es otro que el reconocimiento del principio de subsidiariedad, de la concepción orgánica de la sociedad, del derecho a la autarquía de los cuerpos sociales o cuerpos intermedios a su libertad en el ámbito y la esfera de su competencia, sin que instancias de orden superior se entrometan o la anulen. Es, en definitiva, el reconocimiento de la soberanía social y las legítimas libertades de los cuerpos intermedios -municipios, comarcas, regiones, gremios, universidades, corporaciones de todo tipo…- frente a las pretensiones invasivas o anuladoras, tanto del individualismo como del estatismo o totalitarismo estatal.

REY es la reivindicación de la monarquía tradicional española, católica, social y representativa, en la que el rey reina y gobierna, apoyado en sus Consejos, limitado en sus atribuciones por arriba por la ley de Dios y los preceptos del Derecho Natural, y por debajo por la soberanía social representada en Cortes. Monarquía que es por tanto un completo entramado institucional, que convierte a la nación en Reino, y no está reducida a la corona o la figura del monarca, que se asienta sobre la legitimidad de origen y la de ejercicio. Monarquía que es históricamente la forma de organización política española, la que nos hizo grandes como nación, y la que proporcionó a los españoles siglos de unidad y estabilidad, a diferencia de los dos brevísimos, disolventes y trágicos periodos de experiencia republicana.

Dios, Patria, Fueros y Rey, un ideario condensado en cuatro palabras, quintaesencia de la tradición española y resumen del credo sostenido por el carlismo durante casi dos siglos de asombrosa pervivencia.

 

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3 comentarios en “El cuatrilema Dios, Patria, Fueros, Rey.

  1. Luis Flórez-Estrada Orlandis-Habsburgo

    Lo que yo defiendo hoy, en pocas palabras: Ante todo Dios y luego la Unidad Católica de España

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  2. Carmen

    Todo el artículo es conciso en su recorrido hasta llegar al cuatrilema, sin perderse en divagaciones históricas, pero lo más interesante para mi ha sido encontrar, por fin, la aclaración del concepto » fueros». Por su transcendencia, generalmente, producia inquietud al relacionarlo con la situación politica actual de España, las competencias de las autonomías etc…
    Quizá merezca que otro día se extienda más.

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  3. Carlos Ibáñez Quintana.

    Lo original en el Carlismo es el trilema; Dios, Patria , Rey. Los Fueros están Incluidos en la Patria,
    El número tres tiene un valor mágico. Comenzando por la Santísima Trinidad. Tres puntos determinan un plano. Un taburete se sustenta em tres patas. Con cuatro patas los taburetes pueden cojear.
    La primera vez que oí la palabra trilema fue en el himno a los requetés de Orduña, mi pueblo. Se hacía referencia al «trilema salvador¨.
    El trilema empieza a aparecer como cuatrilema en el primer tercio del pasado siglo. Indudablemente como un deseo de recordar nuestra defensa de la regiones frente al separatismo que surge en vascongadas y Cataluña. En textos carlistas anteriores aparece exclusivamente el trilema.
    Es una réplica al trilema revolucionario ¨»Libertad, Igualdad, Fraternidad».
    Personalmente, prefiero usar el trilema. Me da la impresión de ser más fiel a la Tradición.

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