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14 de agosto de 2017 0

El cinturón de hierro de Bilbao

La noticia

Anuncia la prensa de Bilbao que el Gobierno autonómico, las Diputaciones de Álava y Vizcaya y veintidós ayuntamientos se han comprometido en rehabilitar el Cinturón de Hierro de Bilbao.

Lo califican de importante obra de la ingeniería militar. Pagando parias al feminismo reinante afirman que en su construcción fue importante la participación de mujeres y niños, mientras los jóvenes luchaban en el frente. Achacan su ruptura a la traición del Ingeniero proyectista del mismo. Para terminar exaltando la libertad que defendían los de su bando.

El Cinturón de Hierro

De importante obra de ingeniería militar lo calificó el periodista británico Steer, que lo comparaba con la línea Maginot Francesa. Steer puso su pluma al servicio del nacionalismo vasco. José Antonio de Aguirre, repetía en sus memorias, los elogios de Steer. Todo mentira.

Iñaki Zubiri fue estudiaba,  en 1936, Ingeniero Industrial. De una familia muy vinculada al PNV de Bilbao, se involucró en la lucha como oficial de gudaris. Años después escribió una novela en vascuence titulada “Bordazuri”. Relataba la historia de un imaginario gudari navarro. Cuando la supuesta unidad del protagonista se retira a las fortificaciones del cacareado Cinturón, se encuentra con que se trata de una simple zanja de poca profundidad. Da a entender que el Cinturón fue una chapuza. No creemos que un nacionalista fervoroso, que se entregó con toda su alma a la lucha, haya calificado tan mal al Cinturón si ello no respondiera a la realidad.

El Cinturón fue proyectado por el comandante Arbex, que había sido profesor de fortificación en la Academia de Guadalajara. Arbex acabaría desertando cuando los nacionales se acercaron a Bilbao. Se limitó a trazar unas líneas sobre el mapa. Dictó unas normas y encomendó la ejecución de las obras a su subordinado Alejandro Goicoechea.

Para la construcción de la línea defensiva se organizó la correspondiente oficina técnica. Formaban en ella treinta técnicos de grado superior (ingenieros y arquitectos) y tres de grado medio (peritos y aparejadores) La enorme desproporción entre unos y otros, nos sugiere que la citada oficina fue un refugio de señoritos bilbaínos que eludían el frente.

Respecto a la participación de mujeres n la construcción del Cinturón es la primera noticia que tenemos. Aunque no fueran tan importantes como las del Cinturón, en nuestro pueblo (que estaba en la línea del frente) se construyeron trincheras y nidos de ametralladoras. Para ello movilizaron a todos los varones. Ninguna mujer. En las fotografías que se han publicado posteriormente, aparecen varones, siempre v arones y nunca a mujeres, desfilando, camino del trabajo, son sus herramientas al hombro. Otra mentira más.

Alejandro Goicoechea

Alejandro Goicoechea figuraba como el principal de todos ellos. El que eclipsase a su superior Arbex, lo atribuimos nosotros a que su sonoro apellido v asco con citaba las preferencias de José Antonio Aguirre, Que desempeñaba el cargo de Consejero de Defensa, además del de presidente. Los miembros de la UGT de los talleres de Valmaseda  advirtieron a Aguirre de las simpatías derechistas de Goicoechea. Pero no les hizo caso.

Alejandro Goicoechea era capitán del Arma de Ingenieros. Al poco de concluir sus estudios en Guadalajara se había retirado del Ejército para trabajar en los talleres del Ferrocarril de la Robla, en Valmaseda. Al comenzar las hostilidades fue movilizado con el grado de capitán. Sus conocimientos en el campo de la fortificación se limitaban a los adquiridos en la Academia que había abandonado tres lustros antes.

A primeros de marzo de 1937, Goicoechea se pasó, por el frente al bando nacional. ¿Traidor? Se fue con los suyos. Desconocemos la importancia de la información que llevó consigo. No pudo ser tan importante como el que, generalmente, se le ha atribuido. Un hombre que se pasa a pié no pudo portar un gran volumen de planos. Además el plazo de tiempo (tres meses largos) hasta que las avanzadas nacionales llegaron a la línea fortificada, permitió realizar las pertinentes modificaciones.

Sabido es que, terminada la contienda, hizo realidad su idea de un nuevo sistema de construcción de trenes, que recorrieron los caminos de hierro con el nombre de TALGO. Es el invento que le ha hecho famoso. Sin embargo para los nacionalistas vascos, su gloria de inventor queda eclipsada por su “traición”. Su nombre ha sido borrado de las escuelas de Elorrio, su pueblo natal. ¿Estamos tan sobrades de inventores como para permitirnos el lujo de borrar de la memoria a uno de ellos?

La ruptura del Cinturón

Llegaron las fuerzas nacionales al Cinturón. Previamente habían conquistado la altura de Bizkargi, desde la que se dominaban las obras del Cinturón. Se ha dicho que, visitando el lugar e inspeccionando el campo enemigo, Franco exclamó:” ¡qué error! ¡Qué profundo error!”. Las obras del Cinturón eran perfectamente visibles.

Por la parte roja, el cinturón no estaba convenientemente guarnecido. El mismo Steer, a pesar de su partidismo, afirmó en su correspondiente reportaje que recorrió dos millas y no encontró ningún mando superior al de cabo. Los oficiales habían abandonado sus puestos.

Llegó el día de la ruptura. Una fuerte concentración artillera y bombardeos de aviación machacaron las defensas. El avance de la infantería no encontró resistencia. Por la amplia brecha penetraron tres Brigadas de Navarra. El cacareado Cinturón había durado pocas horas.

El ridículo

En los meses inmediatos se hablaba del Cinturón en tono de burla. Tal había sido su ineficacia. Los requetés aplicaron a la música de la copla “Rocío”,  entonces de moda, una letra de circunstancias que venía a decir:

José Antonio Aguirre rodeó a Vizcaya con un Cinturón. Vinieron los requetés, rompieron el Cinturón y al pobre “Napoleonchu” se le cayó el pantalón. Aguirre, “Napoleonchu” ¿qué has hecho de tus calzones? Te habrás comprado tirantes…

Ya en la paz, durante varios años se corrió una prueba ciclista que se denominaba “La vuelta del Cinturón de Hierro”

Siempre que se hablaba del fracasado sistema defensivo, se hacía en plan de broma. Los mismos excombatientes nacionalistas quitaban importancia a la línea defensiva y acusaban a sus contrarios de exagerar para tener un motivo de burla.

Y eso es lo que ahora se quiere recordar y enaltecer. Si en otras acciones de la “memoria histórica” vemos un anacrónico partidismo revestido con la mentira, concretamente en esta, vemos, además de la consabida falsificación de los hechos, una dosis elevadísima de estulticia.

Y la rehabilitación va a costar dinero ¿Tan sobrados del mismo estamos como para dedicarlo a hacer el tonto?

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