24 de diciembre de 2017 0

¡Dios es pequeño!

¡Allah akbar! ¡Dios es grande! Pero eso ya lo sabíamos. Que Dios es inconmensurable y que sobrepasa todos los cálculos humanos lo saben todos los creyentes de todas las religiones. Lo saben los científicos honrados cuando se topan con las últimas preguntas. Lo saben los ateos que nunca lograrán llenar el vacío infinito al que se condenan. Lo saben hasta los masones. Los saben los satanistas. Lo saben y lo sufren en sus carnes los intelectuales drogadictos que han pretendido construir un mundo feliz sin trascendencia.

Lo realmente asombroso no es que Dios sea grande sino que se ha hecho pequeño. Diminuto. Que se ha hecho niño para enseñarnos la verdad sobre nosotros mismos. Que no se ha conformado con una grandiosa vida lejana y galáctica. Que se nos ha metido hasta en la cocina. Para que no podamos prescindir de él. Para enseñarnos que nada humano le es ajeno. Ni la vida, ni la muerte, ni las generaciones, ni los pensamientos, ni las sociedades, ni la política, ni la cultura, ni la ciencia.

Dios ha estado grande con nosotros: se ha hecho pequeño por nosotros. ¡Feliz Navidad!

4,9
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