18 de marzo de 2020 1

Una página de un libro extraño

Tenía un amigo -y tengo- que falleció hace catorce años. El tiempo pasa volando. Se trata de Carlos Etayo Elizondo (1921-2006). Me enseñó muchas cosas y era un estudioso de la Revolución mundial. Por eso, como homenaje a su persona en las difíciles circunstancias presentes, quiero dejar constancia de lo que él subrayó en un libro suyo -y muy suyo-, que por casualidad fue a parar a mis manos. Importa su contenido, porque él -a quien se rinde este pequeño homenaje- lo subrayó con lápiz rojo, porque estaba muy enterado del mundialismo de ese momento, y porque, de vivir él, sin duda exhibiría el fragmento. Omito el libro (que él reeditó a su costa en 1982) y la liebre.

* * *

Sólo tomo la letra subrayada por él en rojo, que dice así:

“Estas medidas nos darán los medios de ir destruyendo, poco a poco, paso a paso, todo lo que, al tomar el poder, nos habremos visto obligados a aceptar en las Constituciones de los Estados; llegaremos así, imperceptiblemente, a la supresión de toda Constitución, para cuando sea llegado el tiempo de agrupar a todos los Gobiernos bajo nuestra autocracia.

El reconocimiento de nuestra autocracia puede llegar antes de la supresión de la Constitución, si los pueblos, cansados de los desórdenes y de la frivolidad de sus gobernantes, gritan a voces: ¡Echadlos, y dadnos un rey universal, que pueda destruir las causas de nuestras discordias, las fronteras de las naciones, las religiones, los cálculos de Estado: un rey que nos dé esa paz y ese reposo que no podemos obtener con nuestros Gobiernos y representantes!

Vosotros sabéis muy bien que para hacer posibles estos deseos, es necesario en todos los países tratar de poner constantemente en pugna al pueblo con el Gobierno, con el fin de cansar a todos por la desunión, la enemistad, el odio, y hasta el martirio, el hambre, la inoculación de enfermedades y la miseria; para que los cristianos no vean otro remedio a sus males que recurrir a nuestra soberanía plena.

Si damos a los pueblos tiempo de respirar, el momento favorable no llegaría tal vez jamás”. (P. 10) (Subrayado mío).

* * *

Hay profesiones  y situaciones de riesgo, hay una crisis sanitaria aguda que no sabemos en qué va a desembocar, y lo que ocurra será bajo el pretexto de dicha crisis. Nos gobernarán desde fuera, pues España se ha convertido en el hampa, en el reino de la mentira y el fraude político, y está sumida en un absoluto marasmo. Aunque quizás ya sea así sin que lo sepamos, ahora pueden querer hacerlo evidente. Ojalá nos equivoquemos en todo esto y las cosas sean de otra manera.

Temo que España sea finalmente desmantelada por los que tienen que velar por ella. O que lo intenten a conciencia en perjuicio de todos. + “In hoc signo vinces”.

* * *

Adenda.

Otra traducción de 1938 dice así:

“Debemos introducir dichas concesiones en la constitución de los gobiernos, a objeto de disimular la abolición gradual de todos los derechos constitucionales, cuando haya llegado la hora de cambiar todos los gobiernos existentes, para reemplazarlos con nuestra autocracia. Puede ocurrir que el reconocimiento de nuestro autócrata tenga lugar antes e la abolición de las constituciones. Vale decir, que el reconocimiento de nuestro reinado tendrá comienzo desde el momento mismo en que el pueblo, dividido por los desacuerdos y aquejado por el fracaso de sus gobernantes (y todo esto lo habremos preparado nosotros), clamará: “Destituidlos y dadnos a un autócrata que gobierne el mundo, que nos unifique destruyendo todas las causas de conflictos, es decir, las fronteras, las nacionalidades, las religiones, las deudas del Estado, etc., un jefe que sepa darnos la paz y el reposo de que gozamos bajo el gobierno de nuestro soberano o de nuestros representantes”.

Pero vosotros sabéis perfectamente que, para lograr que la muchedumbre formule en voz alta semejante reclamación, es absolutamente necesario turbar sin tregua y en todos los países las relaciones existentes entre el pueblo y el gobierno, promover hostilidades, guerras, odios hasta el martirio, mediante el hambre, la carestía y la inoculación de enfermedades, en tal medida que los Gentiles, para salir de tantos males, no vean más modo que recurrir a nuestro dinero y a nuestra completa soberanía en demanda de protección. Pero si le damos a la Nación tiempo suficiente para negarse, será difícil que vuelva a presentarse para nosotros una circunstancia igualmente favorable”. (Subrayamos lo más significativo en estos momentos).

En fin, algunos prefieren no hablar de estas cosas tan prohibidas por los que mandan mucho, sino discurrir desde los hechos empíricos. Bien está eso, pero al menos sabiendo el trasfondo.

 

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Un comentario en “Una página de un libro extraño

  1. Jesús

    Perfecto. Lo veo igual . La casualidad no existe.

    Responder

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