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19 de abril de 2021 0 / / /

Entrevista al escultor Salvador Amaya: “Busco la excelencia artística y una inmersión en la mística de la Legión”

(Una entrevista de Javier Navascués)

Salvador Amaya nace en Madrid en 1970. Hijo del escultor Marino Amaya, desde su infancia ha vivido en ese ambiente artístico, aprendiendo con su padre y ayudándole ya desde la adolescencia. De hecho en varias ocasiones han llegado a trabajar juntos, como es el caso del Monumento a los Donantes de Sangre en León. aparte de la influencia de su padre, Salvador se ha dejado influir por los grandes clásicos de la escultura; desde los maestros renacentistas italianos, hasta nuestros clásicos, como Benlliure, Marinas, Querol… Salvador es un ejemplo de asimilación, de cómo aprender de los maestros y subido en sus hombros llegar un poco más alto. Se desenvuelve con brillantez en su obra “Libertad”, se nos revela como un gran retratista, con ejemplos como  “Valle-Inclán”, se coloca a la misma altura que sus maestros con “Blas de Lezo” y nos abre un universo creativo, pleno de aciertos, matices y  posibilidades con su obra “Peregrino”.

En esta ocasión nos habla de su última escultura que representa a un legionario de la época fundacional, un soldado anónimo “sin rango, sin nombre, sin pasado”, un soldado ya veterano, con dos heridas en combate, conocedor de su profesión y con un bagaje personal que se intuye en la mirada.

¿Qué supone esta nueva estatua dentro de su trayectoria artística?

Cada una de mis estatuas tienen una historia detrás y todas ellas me han aportado emociones y aprendizajes diferentes, pero dentro del conjunto de mi obra, supongo que este homenaje al Centenario de la Legión supone un peldaño más en mis ansias de alcanzar la excelencia artística así como una profunda inmersión, a nivel personal, en la mística de La Legión.

Hay quién opina que esté trabajo le consolida como la mayor referencia de la escultura militar, si bien es cierto que ya lo era.

Bueno, está bien que lo digan otros porque yo no me atrevería. Si que reconozco que los últimos encargos recibidos han facilitado que me adentre en el mundo militar, y me encuentro muy cómodo en ese terreno. Desde joven tuve vocación militar, y tener la oportunidad de redimir ese sentimiento frustrado a través de la profesión artística, no hace más que espolearme para dignificar la milicia.

¿Qué representa para usted participar con esta obra en los actos conmemorativos del centenario de la Legión?

En cualquier otro caso, habría supuesto un sentimiento de trascendencia histórica por poder participar en los actos conmemorativos, pero con La Legión todo cambia. Para realizar el monumento he tenido que sumergirme en la historia y en un mundo castrense que va más allá de los desfiles y de las misiones internacionales. La Legión es mucho más, ha resultado ser un sentimiento y un modo de entender la vida. Gracias a los libros y a entrevistas personales con legionarios he podido asimilar el significado espiritual de la Legión, y una vez en mi estudio, con la arcilla entre las manos, trabajaba con centenares de fotografías históricas que facilitaban la expresión plástica de todas las emociones que iba acumulando. Ha sido un proceso de conocimiento-asimilación-plasmación que me ha hecho crecer artística y humanamente, así que sólo puedo estar agradecido por cómo me han acogido.

¿Qué supone crear esta obra a partir de un boceto del prestigioso pintor y amigo Augusto Ferrer-Dalmau?

Augusto y yo nos entendemos bien. Tenemos un concepto del arte militar muy parecido, con lo que resulta fácil. A la hora de que Augusto diseñe una escultura, la premisa es fácil: la figura debe resultar atractiva desde todos los ángulos y debe captar los valores que se quieren exaltar. Hay que tener en cuenta que en la pintura tienes un montón de recursos para poder narrar una historia, juegas con muchos elementos que dan significado al cuadro, pero en la escultura, al carecer de esos elementos hay que centrarse en captar el alma de la obra. Eso Augusto lo comprende, y también sabe que durante el proceso de modelado surgen variaciones técnicas o estéticas, que terminan por hacer del boceto pictórico y de la escultura dos obras diferentes aunque la base sea la misma.

¿Cómo logra sintetizar la obra los valores que encarna la Legión?

Cada persona tiene una idea diferente de lo que es La Legión. Los hay que los ven como si rezaran el credo legionario, constantemente corriendo y pugnando por ser el primero en prestarse a combatir. Hay otros que les recuerdan desfilando los 12 de octubre o levantando el Cristo de la Buena Muerte mientras cantan El Novio de la Muerte. También los hay conscientes de su papel militar, y los hay que recuerdan con nostalgia los años que pasaron sirviendo en La Legión. Y es todo eso y más, de ahí lo complicado en aunar todos esos sentimientos en uno sólo. Finalmente se ha conseguido un legionario con cierta veteranía en prevenga pero con el aplomo ganado a base de ver morir a sus compañeros. Sin miedo a morir pero defendiendo eficientemente su vida porque sabe que cada legionario vale por cien soldados enemigos. Con rudeza en su mirada porque no tiene nada más en la vida que La Legión. Por lo menos, así he querido representarlo. Hay que pensar que está inspirado en los primeros años de La Legión, cuando marchaban a la guerra en Marruecos, bien porque no tenían porvenir, bien porque tenían un pasado del que huir o simplemente porque encontraban en La Legión una familia en la que integrarse

¿Está satisfecho del resultado? ¿Qué parte de su ser ha puesto en el proceso de esta trabajo?

Sí, claro. Si no estuviera conforme no habría entregado el trabajo. No soportaría entregar al cliente algo que no me guste. Además tengo la posibilidad de ir variando con la arcilla las formas hasta moldearlas a mi gusto. Además en esta ocasión, no existía un plazo ajustado de tiempo por lo que se han podido hacer modificaciones hasta quedar conforme. Agradezco haber podido trabajar sin la presión de una fecha de inauguración porque no sólo he tenido tiempo para documentarme a fondo, también he sido consciente de los cambios y la evolución que ha ido experimentando la escultura.

Igualmente ha sido asesorado por expertos para que la obra tenga el máximo rigor histórico posible…

Siempre. Creo que todos nos quedamos conformes si hacemos las cosas bien desde el principio. A otros artistas no se les exige el rigor histórico que aplico a mis obras, pero no me importa. Si puedo hacer las cosas bien, a mi no me cuesta trabajo documentarme. Es más, me sirve para inspirarme y meterme en el personaje. En esta ocasión ha sido fundamental la ayuda de Antonio Aznar, todas las dudas que me iban asaltando, como el funcionamiento de los correajes Mills o cosas tan precisas como el tamaño de los botones, me las solucionaba con total eficacia. La Fundación Don Rodrigo también me ha facilitado parte de la uniformidad y las alpargatas para poder fijarme en como se remata el bajo de los pantalones, por ejemplo. Y también mi amigo, el escritor Gustavo Morales, que acababa de publicar su libro de fotografías de los Cien años de la Legión, me facilitó las cosas. Al final, no estoy sólo en un proyecto de esta envergadura, termina siendo el fruto de muchas colaboraciones

No está decidida la ubicación, ¿Pero donde le gustaría que estuviese su escultura?

En un primer momento se habló de los Jardines del Cabo Noval, en la plaza de Oriente. Y a todos nos parece el sitio perfecto. Si conseguimos rebajar un poco el peso del pedestal, creo que el ayuntamiento no tendrá inconveniente en instalarla allí. El entorno vegetal es privilegiado, está muy cerquita del monumento al Cabo Noval de Benlliure, la Hermandad de Antiguos Legionarios está a dos pasos y es una zona muy cómoda para pasear y disfrutar del monumento desde cualquier ángulo

¿Puede adelantarnos próximos proyectos artísticos?

Pues hay varios en la carpeta de “proyectos factibles”, todos de carácter histórico, así que continuaremos en la línea, pero hasta que no estén firmados no puedo decir nada.

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