29 de octubre de 2020 0

Quien codicia las uvas del quincenal “Siempre P’alante”

Por José Fermín Garralda

Puntos sobre “íes”. Estas líneas pretenden puntualizar el artículo sobre “Alberto Ruiz de Galarreta en el tradicionalismo español contemporáneo” (Verbo nº 581-582, 2020, p. 25-41), de don Miguel Ayuso, en relación con el quincenal navarro católico “Siempre P’alante” (SP’) y las Jornadas anuales de la Unidad Católica en Zaragoza (JUC).

En primer lugar, es totalmente inadecuado identificar a SP’ con “la pena de un noble esfuerzo en buena parte desperdiciado por causa del batiburrillo confusionario” (p. 35).

Lo decimos porque aquí nadie ha desperdiciado nada. “Siempre P’alante” (SP’) (1982-2020) tiene su propia naturaleza como quincenal católico, con una Fe hecha cultura, no dinástica, mientras que “El Pensamiento Navarro” (EPN) era un estupendo diario carlista (1897-1981), fiel al rey legítimo por ser plenamente tradicional. Cada Editora tiene su cometido, don Alberto lo sabía y era muy respetuoso. De ahí que desde el primer día, SP’ continuó básicamente la página 3 de EPN tras su cierre, sin meterse en excesivas precisiones de naturaleza temporal, por lo mismo que una bandera política no debe inmiscuirse en temas propios de Iglesia. Don Alberto insistía que SP’ era una revista religiosa, se ceñía a ello, sin utilizar para sí iniciativas ajenas.

EPN y SP’ mostraron una comunidad de principios doctrinales (unidad y confesionalidad católicas, la España foral…), desvelaron la crisis en la Iglesia navarra, y argumentaron el sentimiento patriótico, navarrista y tradicional. En SP’ se habla de  Fueros y legitimidad, aunque sin llegar a las últimas concreciones. Han sido comunes sus colaboradores, y muchos lectores. El quincenal SP’ no ha fallado una sola vez durante más de 800 números (el nº 843 con la friolera de sus 38 años), lo que no tiene fácil parangón. Fue un lugar muy especial para el prolífico don Alberto. Fue importante la simbiosis entre la último etapa de EPN y SP’ dentro del catolicismo íntegro que no integrista.

Pero tampoco hubo un batiburrillo confusionario (?). EPN y SP’ siguieron puntualmente el tema eclesial, como notarios de los hechos y reflejando opiniones, ya sobre la crisis clerical, ya en defensa de la doctrina y praxis católica relativa sacramento de la Penitencia con ocasión de las absoluciones colectivas. Ambos hicieron causa común con el Rvdo. don José Ignacio Dallo Larequi ante el error magisterial de Mons. don José María Cirarda -sus Memorias (PPC, 2011) recogen no pocas fallas al respecto-, pues  fue  el único de la Diócesis que se jugó todo en defensa del Sacramento hasta hoy. Que nadie se asuste de aquello cuando hoy no podemos asustarnos de nada

En segundo lugar, y no sólo porque nadie lo sabe, es muy atrevido decir que sin don Alberto, SP’ “no hubiera podido seguir adelante” (p. 35). SP’ ha tenido muchos colaboradores, y está haciendo su relevo generacional. Era muy comprensible que Don Alberto, gran trabajador, incisivo, breve y de expresión fresca… colaborase con más de un artículo de actualidad en cada SP’. Ganó sin competir. El “alma” de SP’ durante 38 años ha sido el P. Dallo, con el soporte de la Unión Seglar San Fco. Javier, mientras otras Uniones Seglares iban desapareciendo en la canícula del desierto. Así pues, el P. Dallo siempre estuvo muy acompañado, SP’ se ha  extendido entre los católicos españoles, y hoy lo hace por Internet ante un mundo asombrado gracias a la ímproba labor de don José Luis Díez. No es en los salones sociales y ágapes sino en el silencio eremítico como se hacen las cosas. De hecho, SP’ sigue mientras don Alberto lo lee desde el cielo. Si don Alberto dio vida a SP’, SP’ dio vida -y mucha- a don Alberto.

Más todavía, como SP’ no es una revista elitista, sino para el pueblo católico y español, sencillo o culto, sabe que éste siempre responde. Don Alberto aunó la elevación intelectual y la lucha periodística, y el P. Dallo aunó el alma sacerdotal, la defensa del sacramento de la Penitencia y la Unidad Católica, con el dominio del periodismo y el meticulosísimo trabajo eremita para un quincenal de categoría.

Tercero. Es falso que el entorno político del dr. Ayuso haya sido el único que “ha conservado institucionalmente (…) la defensa de la Unidad Católica” (p. 38), mediante  juramento. Si el voto de la Oliva en 1964 fue anterior, y la iniciativa de Don Alberto, luego la hornada le falló. Que unos lo retomasen en 1979, y otros en 2005 y 2014, mil enhorabuenas.

Conocemos algo del tándem formado por don Alberto y el P. Dallo, sus eternas conversaciones, el juramento de la Unidad Católica realizado y registrado en cada una de las XXX Jornadas anuales (1989-2019), la calidad de sus ponentes (el dr. Ayuso lo fue en 5 ocasiones), el número y constancia de los asistentes, la seriedad y proyección de tantos jornadistas del juramento durante treinta años, y los 9 años (2006-14) que el arzobispo de Zaragoza Mons. Ureña Pastor lo recogió. Tales seglares -Iglesia y Patria- juran con “rigor conceptual”, tras unas Jornadas intensas de convivencia, formación y oración. Todo ello hace de las Jornadas zaragozanas de la Unidad Católica un caso único en la Hispanidad, muy por encima de los legítimos afanes de otros. Sólo en ellas y su portavoz SP’, se hacen realidad con creces -y sin exclusividades- el juramento que don Alberto ideó.

El Rvdo. D. José Ignacio Dallo Larequi, es decisivo como único fundador y director de SP’, salón de entrada y sostén del periodismo de don Alberto, siendo ambos el “alma mater” de dichas Jornadas zaragozanas. El P. Dallo, de la Unión Seglar San Francisco Javier de Navarra, lleva el peso de la organización y desarrollo de las Jornadas, y la dirección de la revista SP’, con mucho gusto y alma apostólica, hasta el agotamiento -nunca mejor dicho-. Esta singular simbiosis entre el sacerdote y el seglar ha sido maravillosa.

Publicado en “Siempre P’alante” nº 844, 12-X-2020, pág. 14

 

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