«Por sus frutos los conoceréis»: León XIV y los primeros días de su Pontificado.
(Por Luis Flórez-Estrada Orlandis Habsburgo) – Este articulo exclusivamente refleja la opinión del autor
En estos primeros días del Pontificado de Su Santidad León XIV, he visto a no pocos precipitarse a juzgarle. Algunos con escepticismo y otros con temor.
Reflexionar sobre ello me ha recordado las palabras del Evangelio según San Mateo:
¿Acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos?
Así, todo árbol sano da frutos buenos; pero el árbol dañado da frutos malos.
Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos.
¿Y qué frutos vemos en estos días?
Vivimos tiempos de prueba y de oportunidad.
La Iglesia de Cristo sufre divisiones y falta de vocaciones. Muchos fieles se sienten desorientados.
En estos tiempos, corremos el riesgo de vivir la fe como costumbre heredada, no como don vivido; y olvidamos que la Misa no es ante todo una reunión fraterna, sino que en ella se actualiza de forma incruenta el único y verdadero Sacrificio de Cristo en el Calvario, cuya victoria resplandece en la Resurrección.
En particular, la Misa tradicional en latín —que nutrió a santos y mártires— ha sido injustamente relegada, cuando en realidad es un tesoro vivo de la fe católica. Donde ha vuelto a florecer crecen las vocaciones, se fortalece la caridad y se recupera el sentido de lo sagrado. Cuando la liturgia eleva el alma, la paz nace de la Verdad, no del mero consenso.
León XIV ha querido que su escudo quede confiado a la intercesión de Nuestra Señora, puerta del Cielo.
Una Iglesia perseguida en cuerpo y alma
Vivimos en un mundo que se proclama moderno, pero en el que la Iglesia de Cristo está cada vez más perseguida.
Mientras en tantos lugares se derrama sangre cristiana, en Occidente se hostiga la conciencia: se ridiculiza la verdad, se empuja a la apostasía silenciosa. León XIV ha querido recordarlo cargando una cruz con reliquias elocuentes. Destaco dos para quien hayan pasado desapercibidas:
- El Venerable Bartolomeo Menochio, obispo de Porfirio, que fue fiel a Cristo negándose a jurar a Napoleón.
- El Beato Anselmo Polanco, obispo de Teruel y mártir de la Cruz y de la Tradición, fue asesinado, como tantos otros, por confesar la fe durante la llamada «Santa Cruzada por Dios y por España» —nombre con que la Iglesia de su tiempo designó aquella persecución religiosa. «Mientras quede una sola alma de mi diócesis, me quedaré»
En las horas más obscuras, su fidelidad demostró que la sangre de los justos fecunda la Iglesia.
De la fragmentación a la unidad bajo el Reinado Social de Cristo
Muchos proclaman que la Iglesia navega sin rumbo. Pero el Papa ha elegido un lema luminoso, In Illo uno unum: ser uno en Cristo Rey, en Su Verdad, en Su Luz y en Su Gracia. Desde ahí denuncia una «pastoral que a veces olvida sus raíces» y devuelve el latín a sus discursos: une las Américas hispánicas, Roma y España en la misma lengua sagrada. No en vano domina inglés, italiano y un castellano pulido durante años de misión en el antiguo Reino del Perú de las Españas, hoy herido por la Revolución.
La esperanza es posible gracias, en particular, a esos miles de sacerdotes que —lejos de focos y polémicas— mantienen encendidas las lámparas del Sagrario, visitan a los enfermos y sostienen la catequesis de nuestros niños. Sin su entrega silenciosa, ningún plan de reforma produciría fruto duradero.
Como recordó Benedicto XVI, la renovación auténtica «implica continuidad del sujeto-Iglesia a lo largo de la historia; un sujeto que crece y se desarrolla permaneciendo siempre el mismo» (Discurso a la Curia, 22-XII-2005). La Tradición no es museo: es savia que fecunda toda auténtica reforma.
La cuestión social de nuestro siglo
Estamos en los albores de una nueva revolución industrial guiada por la inteligencia artificial. Que presenta nuevos retos morales, sociales y laborales.
Sin duda el Papa, con la elección de su nombre, busca la defensa de la dignidad humana, la justicia y el trabajo al inspirar su nombre en el padre de la Doctrina Social de la Iglesia, León XIII, quien se opuso a la explotación humana.
Recordándonos que la sociedad no puede permanecer indiferente, o insensible ante las injusticias sociales.
Su función es promover el bien común, y hay tantas cosas que cambiar:
- Sin un salario justo, ¿cómo podrá una familia acoger la vida de nuevos hijos?
- Si la vivienda se reduce a mercancía especulativa, ¿quién se animará a fundar hogar?
— El 54 % de los menores de 35 años en España gasta ya más del 40 % de su salario en alquiler.
- Si las reglas del trabajo no son dictadas por los gremios, sino los algoritmos de corporaciones supranacionales, asentadas en paraísos fiscales ¿dónde quedará la riqueza del Reino? ¿y el artesano local?
— La diversidad del comercio y su alma sustituidas por franquicias, atendidas por trabajadores explotados.
- Si todos los servicios se concentran en unas pocas zonas carísimas, ¿quién podrá vivir en ellas y cómo sostener la España interior?
- Si impedimos nacer a los niños, ¿qué futuro habrá para ellos?
- Si ahogamos fiscalmente a las Pymes y autónomos ¿quién genera riqueza?
— No hay paz sin justicia, ni justicia sin verdad, ni verdad sin autoridad legítima, como enseñaron nuestros mayores
Sí, el combate continúa, aunque hoy es espiritual
La batalla espiritual es inseparable del orden político tradicional y de los Fueros —las leyes históricas, garantes de la libertad local en la unicidad— que funcionan como dique histórico frente a la tiranía. Nuestros padres la libraron con todos los medios a su alcance; nosotros la proseguimos en forma de guerra cultural: con la palabra, la oración y la fidelidad a la Verdad.
No peleamos sólo contra la política-espectaculo: desde la visión cristiana del orden resistimos la inversión de valores que destruye hogares, vacía pueblos y arranca el futuro a nuestros jóvenes.
Este combate decisivo es cultural, espiritual y moral; exige estandartes altos y convicciones firmes.
— No desde la violencia, sino desde la libertad de conciencia, para que la verdad pueda abrazarse libremente.
Y yo, hombre pecador, hijo de esta Iglesia herida pero santa, no puedo sino rendir el debido respeto a la Cátedra de Pedro.
Fiel al nombre de nuestros mayores, levanto en alto la bandera de la Tradición, sostengo firme el estandarte e invito a todos los Españoles de Bien a alzarse con honor bajo esta enseña. Proclamando con esperanza cierta: Portae inferi non praevalebunt (Las puertas del Infierno no prevalecerán).
Por Dios, por la Patria, por los Fueros y por el Rey,
Luis M.ª Flórez-Estrada Orlandis-Habsburgo

Un comentario en “«Por sus frutos los conoceréis»: León XIV y los primeros días de su Pontificado.”
I. Caballero
Suelo empezar mis articulos en otros medios por la de Mateo 7:16-20 que has elegido para tu excelente trabajo y que es la sola manera para descubrir quién es de los buenos – de los nuestros – o de los malos.
Por supuesto que tenemos que apoyar a León XIV con todas nuestras oraciones y fuerzas.
La elección de su nombre, León procede del gran León XIII pienso que no es casual y, entiende este humilde Carlista que es por su dogmatismo fuerte expresado en nada menos que en Ochenta y seis – 86 – Encíclicas, y que como Carlista a muerte destaco la «Libertas» recomendando a todos su lectura.
De León XIII destaco, también, sus «oraciones leoninas» que se rezaban en todas las misas desde 1884 hasta su «eliminación» derivada del Concilio Vaticano II en fecha, creo, que fue en 1964, error grave que propicia la entrada de Lucifer en nuestra Iglesia de Cristo.
Espero de León XIV que repongo las oraciones contra el Diablo necesarias en estos momentos en que una parte de la Iglesia flaquea.
Un saludo
Viva Cristo Rey
DIOS, PATRIA y REY LEGITIMO