Seguir el blog (Follow.it)

22 de septiembre de 2023 2

¿Permiso de paternidad? Permiso esponsal.

(Por Sancho Guindano)

 

Mi motivación para quedarme en casa tiene nombre y apellidos, y no son los de mi hijo recién nacido.

Me encuentro gozando del permiso de paternidad, ahora que mi mujer ya se reincorpora al trabajo, después de unos meses de crianza del nuevo miembro de la familia. Hay una certeza, y es que un niño de pocos meses necesita cuidados. Mi opinión sobre el permiso de paternidad es muy concreta, y no suelo sacarla a relucir, puesto que las mujeres a las que doy mi opinión se contrarían mucho “para mal”. Claro, entiende que no puedo explayarme con esta holgura en una conversación de pasillo o a la salida del cole, por lo que suelo resumir el argumento en: “¿Qué pinta un maromo de 30 años con un niño de 4 meses en casa, haciendo de madre?”. Incluso a ti puede sonarte mal. Te pido un voto de confianza y que sigas leyendo mi tesis.

“¿Pero estás en contra?” Puedes pensar. “O sea que, ¿estás participando de la farsa comunista?”, me decía uno. “Si has cedido, significa que tienes precio”, sentenciaba otro. Anda, anda. Paciencia. AHÍ VOY.

Tiene gracia que es el frente popular social-comunista quien ha tenido la iniciativa de incentivar las ayudas de paternidad a aquellos padres (en masculino – progenitor 2) que como tales se identifican. Bien sabemos cuáles eran sus intenciones desde el principio, que para nada tienen que ver con el deber de ayuda del marido para con su mujer (progenitor 1) en su precario estado físico tras el parto. Más bien, la motivación es la equidad de permisos materno – paternal, hombre y mujer, para acabar con la discriminación de la mujer a la hora de ser contratada en el campo laboral. Muy noble por su parte. Pero lejos de arreglar el problema, este sigue existiendo, y además han conseguido que las empresas discriminen a otro grupo social determinante para el desarrollo de nuestro país, puesto que son la base de la sociedad: todos aquellos que desean formar una familia, o que ya han emprendido ese camino y pretenden seguir teniendo hijos.

“¿Pero estás en contra?” Sigue leyendo.

Siendo claros, lo que pretenden es invertir las naturalezas del hombre y de la mujer, masculinizando a la mujer a base de puro rechazo de su naturaleza más propia, que es ser madre, diciéndole que lo más digno es ejercer una profesión extra muros, y que lo contrario (ser madre y estar en casa con tus hijos) es una esclavitud. Y feminizando al hombre, cargándole mediante esta amable subvención de paternidad un cambio de roles grotesco, forzando que éste asuma tareas cotidianas que “la derecha rancia” presupone que son tareas de mujeres, para que así se alternen los roles. Y así ya tengo el cóctel: hombre en el hogar gobernando la casa, mujer en el campo laboral liderando el mundo, porque la naturaleza de madre es esclavitud.

No, amigas. Ser mujer no es ser poderosa implícitamente. El poder de la mujer reside en su potencial para dar vida, para ser madre. Ese don otorgado por Dios, predispone a la mujer de una naturaleza fuerte. No por imposición, sino por pura y absoluta donación. Ser mujer implica ser madre: cuidar a todos, dar hasta lo que no tiene, entrega sin reservas.

Queridos progres sin madre (puesto que, al parecer, por todo lo que decís, no habéis tenido una en casa). La madre no es aquella que pone lavadoras, que limpia y plancha porque sí, porque “es lo que hacen las mujeres”. La madre hace todo eso porque, al igual que el hombre, ha nacido para amar. Su forma concreta de amar es acoger, es el cuidado a todo el mundo, y por eso, hoy en día, en aquellos hogares donde hay una madre, hay más estabilidad, orden, paz, cosa más difícil de conseguir en hogares donde ambos cónyuges trabajan fuera de casa. La mujer es más fácil que pueda ser feliz, porque es más propio de su naturaleza. Si algo he aprendido estos meses, es que ser amo de casa es una vocación concreta al amor, una vocación más propia del ser femenino, que no exclusiva.

Por eso, me da rabia que se pretenda poner, desde una pseudoimposición feminista, al hombre en un lugar de constructo de mujer rancia al estilo tiempos machistas, como si ponerse en el lugar de la mujer fuera poner lavadoras, cuidar bebés, limpiar la casa… Es una visión pobre y necia de lo que es una mujer de verdad, una de esas que te lo dan todo, hasta la vida. Sencillamente, podemos poner lavadoras, cuidar a nuestros hijos, limpiar la casa, hacer la compra… y muchas más cosas que hacen nuestras mujeres, y podemos hacerlo muy a gusto, e incluso muy bien hecho. Pero nunca llegaremos a ser como ellas, puesto que, en materia de cuidar, acoger y dar paz y sosiego al hogar, ellas son, por naturaleza, infinitamente mejores.

A ti, hombre del siglo XXI que te ves en la tesitura de que vas a estar en casa cuatro meses con un hombrecito de 4 kilos.  No intentes ocupar el lugar de tu mujer. Ahí va mi alternativa a querer convertirte en un hombre femenino, a pretender ocupar el lugar de tu mujer como mujer y como madre: un plan para crecer en Santidad y en amor a Dios y a tu mujer durante estos meses. En mi opinión, el único posible.

Te propongo que no centres tanto tus días y tus esfuerzos en las labores del hogar, en cuanto a tu cumplimiento para con tu casa y para con tu hijo recién nacido. Como si fuera una lista de tareas que cumplir (los hombres somos así: problema + solución). Sino para con tu mujer. Tómate este permiso de paternidad como un permiso esponsal, de cuidado a tu mujer que, sin duda, se lo merece. Hacer todo por Dios en tu mujer, le dará un sentido nuevo a todo cuanto hagas en tu día a día, desde la lavadora, cambiar pañales o hacer la comida, hasta limpiar, hacer la compra… Haz lo que tengas que hacer, mima a tu bebé, pero aprovecha a cocinarle a tu mujer su comida favorita, a escribirle cartas, a comprarle flores, a hacerle sorpresas… Ya sabes lo que reza aquella ranchera: “no hay una mujer en este mundo que pueda resistirse a los detalles”.

Cada día es una ocasión nueva para enamorarla de nuevo. Vuestro vínculo de amor se fortalecerá, el ambiente en el seno familiar será extraordinario, tu mujer descansará en ti y te verá como lo que eres: su marido, no el padre de su hijo. Míralo como una oportunidad para aprender una nueva forma de querer como hombre, en esa misión de reconquistar a tu mujer, darle paz y seguridad, y llevarla al cielo. ¡Ojo! A los hijos hay que quererlos, ¡y mucho! Pero no olvides que los hijos son el fruto de vuestro amor, y que a los 18 se van, mientras que tu mujer permanece.

¡Ánimo! ¡A cuidar ese divino vínculo amoroso de a tres! ¡Y a devolver las cosas a su ser más propio!

(Visited 272 times, 1 visits today)

2 comentarios en “¿Permiso de paternidad? Permiso esponsal.

  1. Pedro Durá Gil

    Qué gran verdad, amigo. La pretensión de invertir la propia naturaleza del matrimonio y de la familia es uno más, de los tantos intentos de políticos, lobbies y muchos otros, de impugnar la realidad misma con el objetivo de acaudalar poder y riqueza.

    Si por ellos fuera, venderían a sus hermanos con tal de apoyar semejantes contrariedades y no perder el favor de quienes manejan “el cotarro”.

    A mi parecer, el error está en que su “triunfo” es efímero y finito. Saludos y a seguir exponiendo la realidad como es, para mantenernos firmes y no flaquear en la prueba.

    Responder
  2. Cristina

    Me ha encantado, Sancho. Qué gusto leer algo tan claro y tan bien explicado. Comparto absolutamente tu opinión. Mi enhorabuena por vuestra bonita familia.

    Responder

Deja tu comentario

Ahora Información agradece su participación en la sección de comentarios del presente artículo, ya que así se fomentan el debate y la crítica analítica e intelectual.


No obstante, el equipo de Redacción se reserva el derecho de moderar los comentarios, sometiéndolos a una revisión previa a su autorización.


Aquellos comentarios que lesionen el honor de terceros o incluyan expresiones soeces, malsonantes y ofensivas no serán publicados.


Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*