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21 de marzo de 2019 0

Muertos en combate contra el comunismo de Stalin

ACTUACIONES de unos y dejaciones de otros laceran la Navarra de siempre, que  no ha roto con sus padres, ni su memoria, ni la verdad católica, ni su sentido milenario.

De un lado, el alcalde Asirón EH Bildu se resiste a pasar a la historia como el Talibán que derribó el monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada. Sólo una de las siete propuestas seleccionadas del concurso de ideas lo pretende. Las demás quieren hacerlo irreconocible, lo que es otro modo de ser Talibán. Imagine Vd. que el edificio hubiese sido construido para memoria de los gudaris, anarquistas, brigadistas internacionales y milicianos socialistas… ¿Quién hubiera osado desvirtuarlo, y hasta dar carta de ciudadanía a cualquier idea?

Hacia 1978 todos estaban reconciliados, fruto de largos años de paz, mejoras y convivencia en la vida real. Las minorías de la futura partitocracia decían otra cosa por interés o bien para congraciarse -los moderados- con la izquierda. Pero ni reconciliar era abandonar la verdad de las cosas, ni la coexistencia  pacífica (¿se acuerdan en esa etapa de la Guerra Fría?) significaba perder el propio Norte. Un dato: Herry Pollitt, jefe del partido Comunista inglés, decía: “Necesitamos de la paz para edificar el comunismo”. Si tales comunistas sabían qué hacer con la paz en su juego de cartas marcadas, los demás tenían “un montón de ideas confusas y contradictorias, pero ninguna imagen clara” de qué hacer (Douglas Hyde, 1960).

De otro lado, los conservadores que ayer desvirtuaron el monumento al tapar las inscripciones, hoy temen su  derribo o que se modifique seriamente. Para evitar esto, lo vuelven a desvirtuar, alegando únicamente valores arquitectónicos y artísticos y no su  significado originario. También en el s. XIX se argumentaba a favor de las Órdenes religiosas por su función caritativa y asistencial, guardando la piedad para el fuero interno. Pues bien, cuando el mundo civil pudo desempeñar lo mismo, sobraron las monjas, por lo mismo que ahora los del sólo museo asisten a la propuesta del derribo de la parroquia de Cristo Rey en las propuestas “conservacionistas”.

Catorce ilustres escritores de un amplio abanico profesional, que no han pisado este monumento en lo que fue (esto no les hace más creíbles), han criticado el citado concurso de ideas (DdN, 17-II-2019). Para ellos es ilegal, los negociados municipales se extralimitan, lo político desplaza a lo jurídico, y el concurso se transforma en la fase inicial de un proyecto que modifica el plan urbano. Tienen razón, pero no sé de qué se extrañan cuando el Ayuntamiento del cuatripartito rechaza sus recursos. Su presunta “defensa” no rompe una lanza a favor del significado de la Cruzada -aunque todos seamos deudos de ella- ni del equilibrio entre pasado y presente. Proyectando sólo un museo, aceptan la desnaturalización del monumento en 1997. No reconcilian a nadie, ni descubren el juego tramposo de los que levantan otros monumentos y buscan la subordinación total de todos a sus planteamientos. Nada dicen de respetar el culto en la cripta que contiene el Santo Cristo de Adsuara que de 1958 a 1998 presidió la basílica de la Santa Cruz.

El monumento es a los 4.704 navarros muertos en combate -no los anulen psicológicamente con indignas represiones de retaguardia por toda España- contra el marxismo, el anarquismo y, en resumidas cuentas, el comunismo de Stalin. Silenciar esta verdad daría carta de ciudadanía a la interpretación contraria que ocupa -nunca mejor dicho- el ambiente, y rebaja la iniciativa de aquellas personas que entienden perfectamente el significado religioso inicial del monumento.

Lo mejor es dejar el monumento como está, cuidarlo, y recordar suficientemente la resistencia de gran parte de Navarra contra el comunismo. Reconvertirlo en basílica no impide completar su uso principal con otros  verdaderamente dignos del lugar.

La referencia al comunismo fue recurrente en la Hermandad (HCVC) encargada del culto y cuidado del monumento, que hoy reza en la cripta y fundó las Javieradas. En la Javierada de 1960, la HCVC rezó “por la unión de las iglesias separadas de la grey del Buen Pastor,” y “por nuestros hermanos de la Iglesia del silencio, perseguidos en las naciones aherrojadas por el comunismo por profesar la religión católica”. “Vosotros que no titubeasteis un día en ofrendar a Dios las cosechas, los seres queridos y vuestras vidas cuando empuñasteis las armas para defender la religión Católica y salvar a España, antes que consentir que nuestra Patria fuera aherrojada y hollada por el bárbaro comunismo, ¿no os sentireis con ánimo para peregrinar a Javier? (…) y menos tú, hermano, que luchaste por Cristo y su Iglesia”. En otro texto dicen: “defender la Cruz en toda  ocasión y momento, como lo hicimos a lo largo de la Cruzada Nacional contra el comunismo negador de toda libertad humana y religiosa, y hoy parece que ese moderno bárbaro, se dispone a sepultar a media Europa en el caos de la irreligión y de la barbarie. Se ataca a la Cruz en aquellas tierras mártires (…)”.

Si el 14-II-1961, la HCVC reconocía a Luis Nagore (Aoiz) la necesidad de dar ejemplo “a esta juventud un tanto indiferente a todo lo que huele a Cruzada, hecho tan trascendental sin el cual hoy España sería una colonia comunista uncida al yugo férreo de Rusia”, el 17-II-1965, el arzobispo mons. Enrique Delgado Gómez, reconoció “a todos los que salieron a defender a España amenazada en su Religión Católica, luchando por Dios y por España”.

José Fermín de Musquilda

Tomado de “Siempre P’alante” nº 824 (16-III-2019) pág. 14

Fotos con derecho de autor: JFG 20-III-2019

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