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8 de diciembre de 2022 0

Madre Inmaculada, salvación de nuestra Patria pecadora.

(Por José Fermín Garralda) –

Son conocidos aquellos versos de Bernardo López García, activista revolucionario y antimonárquico,  del: “Oigo, patria, tu aflicción,/y escucho el triste concierto/que forman, tocando a muerto,/la campana y el cañón;/ (…)”, en su Oda al Dos de mayo.

Triste es la aflicción de la Patria, como triste es en manos de quién queda –la gloria de humanos pendones- para ser redimida. Pero el poeta, -¡oh venturoso día!-, reconoce entre humillaciones y el retumbar de voces roncas,  cómo  “La virgen, con patrio ardor,/ ansiosa salta del lecho;” (…).

Aquí, un afán que poco comprende el autor, rinde equívocamente su tributo a la Inmaculada Concepción, como sustrato de nuestra  intrahistoria. La Señora Inmaculada sí es la que da fuerzas para perseverar, para combatir hasta el extremo, y para dar  sentido al duro combate y la ansiada victoria. Hoy no se trata de venganzas amorosas del alma, supuestamente libérrima, frente al tirano Napoleón, sino que se trata de la unidad de  alma y cuerpo, que debe reivindicar y restaurar la sociedad, la Patria y la política de cara a Dios y, en Él, de cara a los hombres.

No somos triunfalistas ni vacuos pero sí creemos en el triunfo. Previa conversión. La Inmaculada Concepción, madre de España, confía al hombre y la patria… a la Redención de su divino Hijo porque no hay pecado que por su intercesión no obtenga el perdón de Dios.

Sí, la Patria ha pecado porque todos los que la formamos hemos pecado en 1978. Y antes. Quizás un “resto de Israel” se haya resistido a rendir tributo al nuevo César “constitucional”, elevado sobre el pactismo asocial, la llamada “voluntad general”, y los supuestos derechos concedidos por el Liberalismo al hombre individual. Al final, el Liberalismo moderado asume sin complejos lo hecho a impulsos de un Liberalismo radical o socialismo.

Te pedimos perdón, Dios nuestro, por nuestra apostasía, y por idolatrar un acuerdo político práctico para todos los españoles, que, además de entreguista e improcedente, se elevó contradictoriamente a la categoría de Constitución jurídica de España en 1978. Perdón también por las mil leyes que pretenden humillar Tu santo Nombre y destrozar Tu creación, una vez abandonados los frutos de Tu Redención divina. Y perdón por el destierro que, hoy, los más desgraciados quieren que sufras de los espacios públicos en nuestra Patria.

¡Oh Señora Inmaculada, Tú sí que nos vales!

Sabemos que, en 1585, la Inmaculada Concepción fue proclamada patrona de los Tercios españoles de Flandes e Italia por el milagro mariano sucedido en el lugar holandés de Empel.

Sabemos que, desde 1644, España celebra a la Inmaculada Concepción como protectora, rememorando para ello lo sucedido en dicho lugar.

En 1760, Clemente XII proclamaba a la Inmaculada patrona de España, las Indias y sus Reinos.

Pues sí, el origen de la devoción a la Inmaculada Concepción de María es tan antiguo como la Iglesia, y se llama de origen apostólico. SS. Pío IX declaró la Inmaculada Concepción dogma de Fe en 1854.

También sabemos que en 1892, la Inmaculada Concepción se convirtió en la patrona de la Infantería del Ejército Español, aunque ya lo estaba implícitamente como continuadora de los Tercios españoles.

El 8 de diciembre se celebra su fiesta con un carácter nacional en toda España.

* * *

Recordemos estos hechos de importancia  inigualable.

Año 1585. “El milagro de Empel: cuando Dios fue español” (J. A. Rojo Pinilla, y otros), es fruto de la intercesión de la Virgen en su cuidado solícito por España. La batalla del monte de Empel ha pasado a los anales de la Historia victoriosa de la Infantería española. Ocurrió en la prolongada guerra mantenida entre los tercios españoles y el ejército holandés, enmarcada en la guerra de los ochenta años (1568-1648), que asume la de los Treinta.

Los soldados españoles quedaron sitiados, bloqueados y sin apenas víveres en la isla holandesa llamada Bommel. Se encontraban entre los ríos Mosa, Waal, y Afgedamde Maas. El Tercio lo mandaba don Francisco Arias de Bobadilla –conde de Puñonrostro-, que tenía a su cargo unos cinco mil soldados. La situación de los españoles llegó a ser absolutamente desesperada. Ante la negativa a rendirse, el holandés Holak abrió los diques para inundar el campamento español. Los españoles, presurosos, se enclavaron en la altura llamada Empel, donde se prepararon para lsu fortificación y defensa. Pues bien, cuando se dispusieron a cavar una trinchera, uno de los soldados del Tercio Viejo de Zamora encontró, en el fango, una tabla flamenca con la imagen de la Inmaculada Concepción. Ante la sorpresa del hallazgo, y la dureza de las circunstancias, el Ejército improvisó un altar, y pasó toda la noche rezando a la Señora. No fue en vano. ¿Qué ocurrió durante esa noche? Las aguas del corriente río Mosa se fueron helando debido a un viento huracanado, muy frío y del todo inusual, muy poco comprensible ni siquiera en invierno, y más a comienzos de diciembre, junto al mar, y en una sola noche…  Todos atribuyeron el inusual, envalentonado y gélido viento a la intercesión de la Señora Inmaculada.

El helado río Mosa permitió a los españoles tener una salida “material”, y atacar por sorpresa a los barcos holandeses aquella madrugada del 8 de diciembre de 1585. Fijémonos en la fecha y también en el firme aguante del hielo a pesar del peso de la infantería española, muy numerosa y armada de picas y arcabuces. Los españoles de infantería atacaron por el río Mosa, asaltaron y destrozaron los barcos holandeses. Es la primera vez que una flota de guerra era vencida por tropas de tierra. Después, el Tercio español asaltó las defensas holandesas en tierra a pesar de estar protegidas por su artillería.

Unos 5.000 españoles derrotaron a cien barcos y unos 30.000 holandeses protestantes. Reconocida por todos la intercesión de la Señora, la Inmaculada Concepción fue proclamada al día siguiente patrona de los Tercios españoles de Flandes e Italia.  Los cuadros de Ferrer Dalmau recogen el origen de esta devoción con su habitual preciosismo y una profunda delicadeza.

Casi sesenta años después, y desde 1644, España celebrará a la Inmaculada Concepción como  protectora, rememorando para ello lo sucedido en tierras de Empel. Más de un siglo después, en 1760, Clemente XII proclamará la Inmaculada patrona de España, las Indias y sus Reinos a instancias del Rey de España.

España siempre creyó y extendió el glorioso título de la Inmaculada Concepción de María. Hizo mucho para su reconocimiento universal antes que el Papa Pío IX proclamase como dogma de fe  que, por una gracia singular de Dios, María fue preservada de todo pecado, desde su concepción. Esta doctrina se remonta a los apóstoles, aunque Pío IX proclamó el dogma el 8 de diciembre de 1854, en su bula Ineffabilis Deus. Era en pleno auge del racionalismo y en una sociedad cada vez más materialista. Su  texto dice así:

            «…declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles…» (Pío IX, Bula Ineffabilis Deus, 8 de diciembre de 1854)

* * *

Se escogió el 8 de diciembre porque si según el calendario eclesiástico Nuestra Señora nació un 8 de septiembre, resulta que fue concebida sin mancha de pecado el 8 de diciembre anterior. Además, por lo que respecta a España, coincide con la batalla de Empel que fue el 8 de diciembre.

Los españoles profesaron la verdad de la Inmaculada Concepción durante toda su historia. En Navarra y Aragón hay constancia que se defendía expresamente la Inmaculada Concepción de María desde el siglo XII. En 1652 es el “juramento del voto Inmaculista” prestado por muchas corporaciones sociales en Castilla. En Navarra, los miembros de la Diputación del Reino juraban defender el misterio de la Inmaculada Concepción al comenzar su cargo, también acostumbrado en muchas corporaciones españolas. Y la Juventud carlista de Pamplona obtuvo de SS. Pío X el privilegio de celebrar la festividad de la Inmaculada Concepción el domingo siguiente a su octava. Así se ha celebrado sin interrupción hasta hoy.

Triste es la aflicción de la Patria. Sí, la Patria ha pecado.

Inmaculada Concepción, madre de España, confía al hombre y la patria a la Redención de Tu divino Hijo, porque no hay pecado que por tu intercesión no obtenga el perdón de Dios.

¡Oh Señora Inmaculada, Tú sí que nos vales!

P.D. Estas imágenes de las obras de Ferrer Dalmau están libres en la red, y son fragmentos de obras suyas.

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