6 de octubre de 2019 0

Los restos mortales de Franco y la partitocracia de Pamplona y Navarra

Vergüenza la partitocracia del Parlamento de Navarra y el Ayuntamiento de Pamplona

(Venganzas, IIIª República y cobarde dejación. Aún se esconde el futuro que empieza a vislumbrarse)

Pero, ¿qué les pasa?, se preguntará el vecino de Pamplona del año 2019. ¿Qué les pasa, para aprobar por unanimidad la decisión del Tribunal Supremo de avalar la exhumación de los restos morales del anterior jefe de Estado F. Franco? Primero, porque si querían que así ocurriera, tenían que haberlo planteado muchísimos años antes. Qué casualidad que se les ocurra ahora. Lo mismo digo al Parlamento de Navarra que días antes hizo algo similar. Que hagan sus condenas –y sólo condenas que no agradecimientos- cuarenta años después, es más que ridículo. Y si no las hicieron cuando antes ocupaban el poder… esto suena a prevaricación, a cálculo electoralista, a cargarse lo que llamaron transición. Coincide con el problemón de Cataluña y el nuevo problemón del socialismo PSN que salva a los separatistas de la debacle en Navarra. Si no fuese trágico precisamente porque es algo real, este tirar de los muertos sería cómico. Lo peor es que cuando unos la hacen, otros se lavan las manos o les apoyan.

En segundo lugar, para estas cosas no pocos no hubiéramos votado a ciertas listas electorales, lo que indica que el sistema y las atribuciones del cargo público están muy mal planteadas. Te votan y luego en cientos de temas haces lo que se te antoja, no la voluntad del votante que por lo visto no tiene. A esto se llama absolutismo democrático o corrupción de la democracia –demagogia- que se propugna.

Además, tercero, ¿a qué ese afán de meterse en todo, de opinar de todo…? En su día hubo hasta ayuntamientos que se metieron a enjuiciar la guerra del Golfo.

Y mientras tanto –cuarto- los demócratas han tenido y tienen a los amiguísimos de ETA en los cargos concejiles. La contradicción del presente –que llega hasta la nausea-, es efecto de una crisis sin igual, que niega hasta el  sentido común, que está pasando y pasará una tremenda factura. Que los  Gobiernos de Rodríguez Zapatero y del Sr. Rajoy –quizás tengan los mismos jefes- sean culpables de la presencia de tales amigos de ETA, no quita para que también sean responsables quienes conviven con ellos en vez de seguir los trámites para que les echen de los cargos. Ambos presidentes de la Nación se han ido de rositas y nos han dejado una situación de hecho nauseabunda.

Ahora el lector paciente tendrá que barajar varios perfiles en estas líneas, porque parece que lo de menos es el respeto a aquellos muertos que no son amigos, aunque otros nada amigos del finado sin embargo sean respetuosos con sus restos mortales y su memoria.

Cuando un Gobierno nacional, regional o local, no sabe arreglar sus problemas interiores, hace una política exterior llamativa e incluso agresiva, ya sea territorial o bien trasladándose al pasado histórico, que es más barato y rápido. Se trata de distraer la atención, o de meterse en todo aunque no te llamen para demostrar quién es más demócrata, a ver si se pilla en renuncio al enemigo político, o a ver si no hablan mal de uno mismo. En fin, la política como triquiñuela y con afanes  absolutistas y hasta totalitarios. Por eso, los que están dentro de España y se quieren cargar España, sólo pueden maldecir sobre el propio pasado, ignorando que también es el suyo. Por eso también, los amigos de la Secta perseguida por Franco, quieren cargarse… ¡el pasado!. Más les valiera no huir del presente a ninguna parte. Más les valiera no huir de sus responsabilidades. Más les valiera, en este caso, no lapidar a los que ya no viven, conseguir buenos caladeros pesqueros y vigilar las fronteras, o bien resolver los temas del aborto criminal, del envejecimiento de la población, los que genera la migración, y tantos otros.

Por lo mismo, cuando los políticos españoles, navarros y pamploneses, no saben solucionar los gravísimos problemas que atravesamos los vecinos, cuando no saben gobernar su propia casa, cuando están a la gresca unos contra otros, cuando no tenemos Gobierno de España o bien se juntan minorías de cuatripartitos y pentapartitos para derrocar a una mayoría natural de los que votan, cuando se van a quedar sin dinero por esquilmarnos y no prepararse ante la crisis  etc. etc., hablan del pasado incluso lejano, y levantan el nuevo Altar pagano de las mil condenaciones: es que hay que condenar a Franco, que era malísimo, hay que condenar al franquismo pletórico de gente malísima, aunque sean sus propios padres y abuelos –hay casos, y muchos-. Quitar a la pintura su propio marco, cambiar de época y circunstancias… no pocas veces implica  no entender nada del ayer. Y la inquina y el odio nunca han sido buenos consejeros.

Es bueno separar el pueblo por un lado, de los grupos de presión que actúan sobre él, grupos que utilizan las emociones del  pueblo como pretexto en vez de servirle con devoción. Desgraciadamente, los medios de comunicación y no pocos periodistas al servicio de la partitocracia y las oligarquías, ya se encargan con eficacia de que la gente acabe pensando como ellos quieren sobre el presente y sobre el ayer lejano, sobre Franco y el franquismo, o bien que al menos la gente de sentido común queden paralizada y sin voz. ¿Pero qué tiene que ver la concreción y resolución de lo que ocurre en 2019 con el pasado histórico –cuya verdad interna no se modifica con lo que digamos de él-, salvo para utilizarlo demagógicamente?

Pongamos el caso de algunos partidos y grupos de presión.

Para unos se trata de una vendetta siguiendo la mejor tradición revolucionaria comunista. En el caso de los separatistas, sacarán los colores a sus antecesores porque en nada fueron como son ellos. Otros son arribistas que se quieren hacer perdonar, buscan méritos, o anhelan reafirmarse, lo que ya ocurrió en las retaguardias durante la desgraciada guerra de 1936. En el caso de los llamados centristas, es lamentable el seguidismo que han mostrado en este caso, aceptando el discurso de sus peores enemigos como son los comunistas, separatistas y sectarios. No tienen el decoro de buscar la verdad y servirla aunque sus contrarios les presionen hasta el insulto gratuito. Oportunistas y sin ideas, no han querido responder a las groseras manipulaciones mantenidas durante décadas… y ahora se encuentran que el fiscal pide 4 años al ex alcalde de Egüés (Geroa Bai) por revelación de secreto, se encuentran con la necesidad de “afear” –aunque nada más- al primer edil de Villava (Bildu) por apoyar a etarras condenados, se encuentran con la inclusión de Amaia Izko en las listas electorales de EH Bildu y el rapapolvo al tal Asirón como responsable de dicha inclusión aunque estaba “a sabiendas de su participación activa en la organización terrorista ETA”, se encuentran con la necesidad de exigir respeto a la libertad de expresión de las víctimas del terrorismo en la villa de Leiza…

¿Sabemos por qué se ha llegado a esta situación, por un lado absurda y por otro angustiosa? Más todavía: ¿Es en ésta situación como los políticos de hoy van a hablar del pasado histórico? ¿Lo van a hacer aplicando con un talante jacobino la triste Ley de memoria histórica de Rodríguez Zapatero, mantenida por el centrista Sr. Rajoy, al que nadie le puede acusar de prevaricación electoral porque el sistema no permite el mandato imperativo y juicio de residencia?

Por eso, ¿a qué viene esa “satisfacción” unánime por la exhumación de Franco de la basílica el valle de los Caídos, tanto del Parlamento de Navarra como del Ayuntamiento de Pamplona? No es momento de condenar franquismos ni dictaduras. Hacerlo hoy es una estupidez. También se pierde el tiempo, se desvía la atención de otras cosas muchísimo más importantes, y se llena el vacío propio de un mal gobierno. Es una cobardía que juega con las malas ideas del contrario. Más les valiera condenar el aborto y tanta miseria moral de hoy: ya llegará quien nos condene a nosotros –y mucho más duramente que al llamado franquismo– por nuestras omisiones y comisiones al respecto.  

En unos, los que otorgan todo con tal de evitar “líos”, los que callan hoy o ceden ante los activistas de calle cuya manipulación da miedo, su condena es una cobardía, concretamente por lo mucho que ellos y sus mayores se beneficiaron de la situación del pasado. La propia hemeroteca de Diario de Navarra desmiente la desmemoria de esta empresa, provocada quizás porque quiere hacerse amigo del PSN. Que Diario se lo diga al tal Garcilaso. Lo mismo diremos de los miembros de Navarra Suma y otros partidos. Otros desean blanquear sus actos terroristas en democracia o bien arropar a sus aliados políticos –esto es lo más sangrante-. Unos terceros quieren ganar la guerra que Stalin y un tal Aguirre –que no Arturo Campión- perdieron. Pensemos en Diario de mentizias.

Por lo visto, con el tema de las exhumaciones de Mola, Sanjurjo y Franco, y de seis voluntarios heroicos de la cripta de Navarra, ha llegado el momento de declarar y hacer manifiestamente –no sólo con palabras- la ruptura que se hizo en silencio en la llamada transición, pues por entonces se hizo cuajar que se hablase de reforma –quizás para mantener la tranquilidad del pueblo- aunque comunistas y separatistas querían que se hablase de ruptura. La ruptura de entonces se hizo con el engaño del silencio, de plantear falsamente el de la ley a la ley, desde las más altas instituciones políticas y eclesiásticas, y hablando de concordia entre los que precisamente ya la habían hecho mucho antes. Luego, de concordia, nada de nada, y menos hoy. La ruptura de ahora se quiere hacer manifiesta. Y tras lo manifiesto verbal vendrá lo real como traer la IIIª República. Desde luego no lloraremos a la actual Dinastía que nos lleva hacia los peores derroteros. Como todo se está desarrollando con cierta lógica, diremos que la primera transición lo fue hacia la IIIª República, tan “anti” y visceral como la Segunda. En 1975 los carlistas dijeron que esto era lo que iba a ocurrir, y aunque por entonces no se viese con una total claridad, ahora esto se vislumbra meridianamente. Perseguido el Carlismo por el generalísimo F. Franco –cuya intimidad no juzgamos, sólo sus hechos-, sin embargo los carlistas tienen el decoro básico de  mantener que sus restos mortales sigan donde están.

Más les hubiera valido a los parlamentarios de Navarra y a los concejales de Pamplona haber condenado, ellos o sus antecesores políticos, los  hechos cuando se desarrollaron, ya con la palabra y la escritura ya con las obras. Los que ahora condenan el franquismo y la tumba de Franco son hipócritas y, en realidad,  buscan otra cosa. En España todo camino desnaturalizador se hace con engaño. Ahí está la obra de Manuel de Santa Cruz, Apuntes y documentos para la Historia del Tradicionalismo español 19391-966 en más de 30 tomos, en la que demuestra que el Carlismo sí dijo las verdades cuando vivían aquellos años del llamado franquismo. Recuerden al jefe delegado Fal Conde, a don Mauricio Sivatte, al general Utrilla… y a otros muchos de los que tratan historiadores como Villanueva, Caspistegui, y Miralles etc. No se callaron aunque los hubo que pararon en la cárcel, sufrieron multas y destierro. Denunciaron el desvío del Régimen. No mintieron como ahora se miente, y sabían bien qué ocurría y lo que ahora se oculta y tergiversa.

Miren: dejen de hablar de franquismo, dejen los restos mortales del que fue jefe de Estado F. Franco en su lugar y con respeto, reconozcan que Dios Jaungoikoa y la ley moral natural está sobre las leyes humanas, no se dejen llevar por odios de Secta, venganzas ni mentiras, no utilicen ni tergiversen el pasado histórico para sus proyectos políticos, reconozcan lo bueno que hacen los demás, reconstruyan España, permitan que la gente vida unida, con un Sí rotundo a la vida humana desde su concepción hasta su muerte natural –sin abortos ni eutanasias-,  y ayuden al bien común de esta sociedad que han arruinado, han hecho envejecer, ahora están desmemoriando, llevan al enfrentamiento, han desvertebrado y llevan tiempo utilizando como su cortijo.

J. F. G.

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