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5 de octubre de 2017 0

LEALTADES Y DESLEALTADES

La deslealtad es evidente. Una traición más. De lo evidente no hace falta ni hablar. Pero la lealtad de un Rey comienza por proteger a los que protegen la ley. A modo de ejemplo, es una deslealtad mandar a diez mil policías y guardias a enfrentarse con un turba de, acaso dos millones de personas, no procurarles alojamiento seguro y digno, no respaldarlos debidamente en los aspectos moral y físico. ¿Qué dirán sus familias? Qué pensarán ellos mismos, personas con un sistema de valores firmemente arraigado. Sometidos a la mentira sin defensa alguna, a la calumnia de los medios de prensa. Si con ellos has sido desleal, si le has colocado un coordinador que descordina, si los has obligado a hacer intervenciones que sabías que iban a ser tergiversadas, manipuladas, si obedecen a un presidente instalado en los papeles y en el miedo, timorato, indeciso, cómo puedes pedir lealtad a nadie.

O podrías pedir lealtad después de pedir perdón. Por haber permitido tantas cosas. Por poner en riesgo, con tanta tardanza la unidad de la patria española.

En la guerra del 98 hubo oficiales que murieron de hambre al no recibir ni sus sueldos ni socorro alguno.  Parece que no cambiamos. Conocí soldados depresivos, bajas psiquiátaricas que llegaban de Irak en la misma época del accidente del Yak. Supongo que muchos de ellos no habrán sido capaces de realizar, en el resto de sus vidas, actividad laboral alguna. Tras los atentados de ETA quedaban las secuelas: bajas psiquiátricas, familias sin nombre, pensiones residuales y miserables. Conocí a un Comandante Médico que, por un error administrativo, se le descontaba tanto de su nómina que tenía que pedir limosnas en la puerta de una iglesia.

Tu, que eres desleal, no puedes pedir lealtad a nadie.

Pero muchos, que sí sabemos el significado de esa palabra, lucharemos por ella, por España, por la dignidad de su gente, contra la ingerencia de los que los manipulan, la ignorancia y el odio que ha pasado de generación en generación. Lo haremos contra esos que engañan a los niños en los colegios, que forman barreras humanas con mujeres y adolescentes, que manipulan la historia, que protegen dictaduras en América.   En definitiva, lucharemos por la auténtica libertad.

Y en ese camino te apoyaremos, en este postrer derrotero que has tomado. Y es que se puede defender una causa justa aunque venga abanderada  por las manos sucias de alguien que, verdaderamente, ni él ni su familia merecen cosa alguna.

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