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1 de marzo de 2022 0

La reacción necesaria

(Por José Fermín Garralda) –

¿Ya estamos en la nueva época , la época en la que todo lo necesario va a parecer “imposible”, recubierta de una dura costra congelada o petrificada?

El primer hecho es lo que hoy advierte Hispanidad: “Insisto: urgente terminar con el bozal, en exteriores, interiores o mediopensionistas. La batalla no ha terminado”. Sin terminar semejante batalla que ya nos tiene agotados, de nuevo nos asaltan la crisis pepera, la actual guerra en Ucrania, el mal despertar de los Putin, y las indecencias e hipocresías de todo Occidente.

Quizás este agotamiento y este marco del llamado mal inexorable expliquen que, los tradicionalistas y el resto de la sociedad, ya no reaccionemos como antes. Es que ya muchos ni reaccionan. ¿A quién va a extrañar la paralización social ante el tristísimo espectáculo de hoy? Por eso, no sólo pediremos que se rece mucho, sino que sepamos quienes somos, que se reaccione, que nos enteremos de lo que hacen los nuestros,  y que utilicemos todos nuestros recursos humanos.

Diremos que, entre los muchos paralizados, queda un valiosísimo reducto de reacción -serena y firme- y esperanza, carlista para más señas. A este reducto le pido que no se pierda, que ni por descuido deje dormidas las siglas que le han identificado, conducido, y con las que ha mostrado a todos que hay esperanza… Le pido que no deje dormir las siglas que desde 1986 han expresado el todos juntos en unión, la organización, el trabajo, y una acción, en la medida de sus fuerzas aunque constante, a favor del bien común. Desconocemos mucho de los demás reductos, que aún los hay en la vieja piel de toro.

En este necesario despertar, no quisiéramos que partido alguno reviviese la antigua UCD, AP y PP, máxime si se beneficia -justo al borde del precipicio social- del sincero despertar de buenos profesionales que cantan las cuarenta en las instituciones, a quienes -sería una desgracia- el sistema podría paralizar fácilmente en un plazo medio en caso de que busquen primeramente el éxito. Como una cosa es la cúpula de la estructura política de un partido concreto llamado “derechista”, y otra muy diferente quienes colaboran ahora y la gente de a pie, que es maravillosamente creativa en España cuando le dejan, diremos que la Comunión, que es partido antipartido, es el lugar para muchos de estos últimos.

Otro hecho es el fuerte aislamiento social que están logrando las  mascarillas, el bozal, y la hipertrofia -miedo o pánico-  al coronavirus, la red internauta, el trabajo desde casa… Sume Vd. el tener voz y opinión formada, pero sin saber cómo proyectarlas.

¿A quién va a extrañar que, ante este espectáculo de agotamiento, marco de lo inexorable, y aislamiento social, ya muchos ni se enteren, ni participen en la vida con los demás? No, no extrañará a nadie. Lo cierto es que muchos no se enteran de veras, aturdidos por lo inexorable pero lleno de sorpresas aunque, en realidad, la situación no difiera mucho del año pasado.

Me aplico a mi mismo el cuento. Ni reaccionamos, ni nos enteramos, porque cada cuál se refugia confortablemente en su privacidad, y vemos desde el burladero lo que pasa. Incluso hemos transformado los males de otros en curiosidad para nosotros. Decimos rezar pero ni nos conectamos entre nosotros, ni nos sumamos a las actividades que nuestros directivos nos ofrecen. Si esto es así, al menos deberíamos responder las llamadas de nuestros correligionarios. ¿Tremenda falta de educación o falta de Fe?

Si nos refugiamos en nuestra privacidad, los jóvenes que ahora comienzan su confiado andar de la vida, ¿qué se van a encontrar? ¿Dónde podrán agarrarse? Más; si somos tradicionalistas, ¿nos acordaremos de quienes hicieron el Congreso de la unidad carlista en 1986? No, no podemos estar parados, viéndolas venir, inhibidos y sobrecogidos de espanto.

El tercer hecho es que pareciera que estamos en otra época. Para que nos lo parezca, nos han impuesto el bozal del miedo, que produce un efecto psicológico negativo y de convencernos que estamos en otro mundo. El mundo de los paralizados. Así, paralizados por un simple bozal, se perpetuarían un Sánchez triunfante a pesar de la corrupción oligárquica y del amiguismo en el PSOE, el esperpento ofrecido por un torpe Casero, una Navarra Suma al garete -aunque ésta no sea nuestra batalla- por los amores del sr. Esparza con el PSN, la caída –tan merecida y en un plis plas- del tal Casado, el advenimiento globalista de la Agenda 2030 del tal Mr. Feijóo, el enfado del votante centro-derecha hacia Casado y el mismo Feijóo pero sin ver solución en el llamado  constitucionalismo, una Ucrania humillada por el espantajo comunista del embozado Putin, el “silencio” muy activo del PC de China… y tantas otras cosas. Si a eso sumamos la crisis eclesiástica en la Santa Iglesia católica… pues si no rezamos mucho -no de cualquier manera sino como Dios quiere que lo hagamos y no precisamente a nuestra particular invención-, y si no nos despertamos, nos reorganizamos y actuamos, ya, pues nadie lo va a resistir.

De todas maneras, ¿es verdad que estemos en otra época? Nos referimos a la época del abandono, en la que todo lo necesario va a parecer “imposible”, tan parecida por otra parte a la hasta ahora época de las masas aborregadas. No, yo no lo creo, porque las épocas las hacemos nosotros, aquí nada hay escrito, casi todo lo ocurrido estaba un tanto avisado, y sobre todo Dios escribe derecho con nuestros renglones torcidos.

También sabemos, desde hace tiempo, que hoy día la guerra es sobre todo psicológica, lo que es muy maoísta y “moderno”, más allá de la masacre de la multitud sincera de  Tiananmén –¡oh puerta de la paz celestial!-, de la “primavera árabe” dirigida por las élites occidentales, y ahora de la tragedia de Ucrania, tierra de leales cosacos ayer…

A pesar de estos disparos, hoy todo se hace con muy pocos tiros. Se hace así: embozados todos, mirando cada cual al graderío como distracción, separados unos de otros mientras aparentamos estar unidos en la red, aislados para la supervivencia familiar, sin comprometernos para así mantener el “condumio”, y a la espera de algún salvador que surja de repente sin nuestro trabajo.

Por último, digamos que el mero hecho de vivir nos impone reaccionar, y enterarnos de lo que hacen nuestros amigos y correligionarios.

Es muy conveniente actuar al unísono y con alegría, contestar nuestros correos y preguntas, estar juntos y vernos, salir a la calle y manifestarnos con quien sea por toda causa buena, mantener y mejorar nuestra actividades externas, no diluir nuestras “siglas” de CTC -léase Comunión Tradicionalista Carlista- por mucho que queramos parecer simpáticos a los oportunistas, ni dejar para mañana lo que podamos hacer hoy.

Entre los carlistas y todo bicho viviente, el teléfono es mejor que el correo electrónico que a poco compromete por su rapidez y cantidad, el habla PERSONAL es mejor que comunicarse por señas a lo indio, mejor tratar a toda la persona que no hacerlo virtualmente, y en público mejor que en privado.

O se rompe la costra que nos encierra como al resto de la sociedad, y nos quitamos el embozamiento y máscaras, o la dejación diluirá la sociedad así como lo que tanto ha costado mantener en la Comunión, en perjuicio de todo lo trabajado desde 1986. Nuestros padres  nunca enredaron sino que miraron a las necesidades reales y un futuro siempre a las puertas. Seguramente los tímidos sobramos: ¡pues vengan con fuerza los sustitutos!

Ahí está el ejemplo del buen hacer. Nos lo dan los católicos perseguidos en China, los cristianos perseguidos por el Islam, los hispanoamericanos de Colombia, Ecuador y un montón de países hermanos…. que protestan con energía exigiendo la dimisión de sus propios gobiernos traidores. Mientras tanto, cientos de miles de colombianos marchan en defensa de la vida humana, porque sus políticos indecentes -sin duda manejados al gran capital transnacional, como en la España sorista– les han engañado.

En conclusión: en la actual coyuntura es el momento de actuar, pues como encrucijada el Altísimo nos ofrece un período de prueba en el que siempre estamos a tiempo para reaccionar. ¿Reacción necesaria?, pues si. Y reacción carlista necesaria y urgente. Que somos los mismos y que la época no ha cambiado. Por eso, no tenemos que irnos a casa. Ni debemos, ni podemos. Ni queremos. Y si no sabemos qué hacer, preguntemos a nuestros directivos, que para eso están. 

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