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28 de enero de 2018 0

La poesía de Martín Garrido Hernando por Felipe Vives Suriá

Dios y tradición, libertades y fidelidad: la Obra poética de Martín Garrido.

(Una obra para todos los tiempos)

Índice: 1. Presentación y memoria  2. Fundación Ignacio Larramendi  3. Intervención de don Felipe Vives Suriá

Presentación y memoria

LOS DEMANDÓ EL HONOR, es el libro escrito por el burgalés que fue don Martín Garrido Hernando a lo largo de su prolongada vida. El acto público de presentación de éste libro estuvo a cargo de don Felipe Vives Suriá, natural del Principado de Cataluña, y, aunque se realizó hace un año, sus palabras tienen una plena actualidad, lo mismo que este libro escrito con el alma, cuya nueva edición, que completa otra de hace no pocos años, se ofrece ahora al público lector.

El ponente aportó su perspectiva única y singular, como amigo de don Martín Garrido y en quien don Martín confió totalmente hasta su postrer suspiro.

Don Felipe, veterano carlista, invitado por la Fundación Ignacio Larramendi a presentar el libro Los demandó el honor, está afincado en Navarra desde agosto de 1969, contrajo matrimonio con una navarrica, es padre de familia numerosa y tiene un buen racimo de nietos. Siempre que puede viaja a su tierra natal de Valls (Tarragona) donde goza de una extensa familia.

Recuerdo cómo, desde hace algo más de cuarenta años, la casa de Felipe  en Pamplona y Lizasoain siempre estuvo abierta a todos, prodigando el anfitrión y su esposa Milagritos una generosidad saboreada por tanto joven que acudía a sus reuniones familiares. Siempre que ha podido, nuestro querido matrimonio acude a los actos y reuniones tradicionalistas con su hija Inma, creando un sólido y cálido ambiente. Además de su generosidad y simpatía, quien presentó Los demandó el honor siempre gozó de agudeza de ingenio y sencillez en el decir, llegando así fácilmente a muchos amigos suyos, de sus hijos y sobrinos.

Veteranos -y no “viejos novatos”- como don Felipe, nos enseñan nobles virtudes como la fidelidad, la claridad y el testimonio de vida. Pero sobre todo transmiten una visión sobrenatural según enseña la Iglesia católica, el bello rostro de España y la Hispanidad y, en el caso de nuestro Felipe, un castizo seny catalán. Si a veces los nubarrones acechan sobre nuestro horizonte, el ejemplo de nuestros mayores nos anima, al igual que los distintos formadores que tuvimos cuando éramos jóvenes estudiantes universitarios, tales como don Ignacio de Orbe Tuero -barón de Montevilla y yerno de don Mauricio de Sivatte-, don Miguel Garisoain Fernández recientemente fallecido, Santiago, don Teófilo Andueza vecino del pueblo de Beriáin cercano a Pamplona, el conocido marino y arqueólogo naval don Carlos Etayo Elizondo, don Nicanor Arbeloa natural de ese esclarecido pueblo de la Navarra media que es Mañeru, don Félix Igoa Garciandía vecino curtido de Echarri-Aranaz, don Joaquín Martínez Úbeda prior de la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz, Jaurrieta Baleztena, don Félix Elizalde, doña Ana de la Quadra Salcedo, doña Mª Carmen Lafuente -que falleció de un infarto tras defender la bandera de Navarra laureada ante la policía foral al final de la manifestación “Fuero y libertad. Navarra no es negociable” celebrada aquel 17-III-2007-…,  cada uno de ellos por sí y también por quienes les rodeaban, entre otros muchos amigos y veteranos navarros que tanto influyeron en los de nuestra quinta.

Conocedores de tradición española y también de la legitimidad recogida por la Regencia Nacional instituida en 1958 por don Mauricio de Sivatte -marqués de Vallbona-, don Alejandro Utrilla y don Bruno Lezáun -párroco de Abárzuza-, constatamos que las predicciones de buena parte de nuestros formadores, fruto de su amplia experiencia política como carlistas, se han cumplido casi al pie de la letra, aunque nos quejemos sin embargo que dicho cumplimiento haya sido más rápido y extremo de lo que ellos anunciaron. Como se dice, se quedaron cortos. La unión de todos los carlistas en el Congreso de la unidad en 1986 fue un claro mentís a la Revolución que ha buscado que estuviesen  divididos -he ahí los siniestros y no esclarecidos hechos de 1976 y el  boicot posterior- siempre que los carlistas se han presentado o podían presentarse como una esperanza ante el resto del pueblo español.

No se trata de presentar a Felipe Vives, sino de darle las gracias y, en él, a los citados amigos. También le agradecemos su profunda y gustosa amistad con don Martín Garrido, y su trabajo desinteresado para preparar este libro. Nuestro aplauso a la Fundación Ignacio Larramendi por la hermosa edición de este  volumen que recoge la obra escrita de don Martín. Felipe Vives nos confió personalmente su texto y, aunque con el retraso de un año de rigor, lo ofrecemos al público tal como se lo prometimos.

Nada diremos de don Martin Garrido, al que conocí de vista en una ocasión hace muchos años y falleció en Burgos el 25-03-1984, día de la Anunciación. Su buen amigo Felipe Vives realizó en esta presentación una agradecida semblanza de su persona y Obra, que es de bien nacido ser agradecido.

La tradición es una larga cadena o constelación de agradecimientos y amor. Los tradicionalistas no son fruto de una ideología, sino que se acercan más que nadie a lo que las cosas son y -por ello- al cambiante marco en el que se desarrollan, lo que nada tiene que ver con el romanticismo sino, en todo caso, con el clasicismo de la verdad y la caridad alcanzadas y sobre todo vividas y transmitidas. Miren: la Revolución en España ha dado todo lo que podía dar en 2017 y prácticamente todo lo ha destrozado, de manera que si quedan ocultas -como a Dios gracias así ocurre- grandes parcelas de verdad y bien, es porque no se puede destruir lo que las cosas son por mucho que se lo propongan. No cabe moderar la Revolución sino tan sólo salir de ella y trabajar para el reverdecer el  verdadero ser de España y los españoles.  José Fermín Garralda Arizcun

Fundación Ignacio Larramendi

14/11/16 Presentación del libro “Los demandó el honor”

Este lunes 14 de noviembre se presenta en Burgos el libro “Los demandó el honor”, selección antológica del poeta carlista burgalés D. Martín Garrido Hernando.

La edición ha sido realizada por la Fundación Ignacio Larramendi y la selección ha corrido a cargo de Felipe Vives Suriá, Luis González Llano y Luis Hernando de Larramendi.

En la presentación intervendrán, además de Luis Hernando de Larramendi, presidente de la Fundación convocante, Felipe Vives Suriá, amigo del autor y colaborador de la presente edición, Juan Chicharro Ortega, general de División (R) de Infantería de Marina y Fernando del Río Solano, en representación de los herederos de la obra literaria de D. Martín.

Fecha: 14 de noviembre a las 19:30 h.
Lugar: Salón Rojo, Teatro Principal de Burgos, Paseo del Espolón s/n, Burgos.

Se servirá una copa de vino español al finalizar el acto.

 

 

 

Presentación de don Felipe Vives Suriá

DIFÍCIL empeño para un novato -viejo además-, ejercer de entendido y apropiado narrador del arte de D. Martín Garrido Hernando, poeta-filósofo-teólogo y egregio personaje burgalés y buen amigo. Haré una exposición en canto llano, como diría él mismo, usando, en todo lo posible, sus propias palabras, su obra, sus poesías. En este sentido, se allana el camino y, el tino de este viejo, debiera consistir en el acierto, escogiendo, del inmenso ramillete de su tesis, que tesis es su obra entera, siempre impregnado de filosofía, sí, filosofía- amigo de la sabiduría- escogiendo, repito, los poemas adecuados. La poesía es en la literatura lo que la esencia es a la colonia. Es por ello que, intentando exponer el pensamiento de D. Martín Garrido y basándome en sus creaciones literarias, quisiera acertar en la medida, pues bien sabido es que un exceso de esencia es absolutamente inaguantable.

En su quehacer literario, tenía como lema vital el Dios, Patria-Fueros y Rey – LA TRADICIÓN- como eje de todo su trabajo, con una lealtad, vivida, sufrida e inquebrantable que le hicieron verdadero mártir del pensamiento, más doloroso, en su altura de miras y en su empeño bien característico y firme en pro del bien, que muchos sufrimientos físicos, por los que también pasó, incluida la cárcel.

Poeta por la gracia de Dios, con todo lo que ello significa y que, como nos dijo el fraile carmelita que ofició en su lejano funeral : si la poesía no es abierta, si no está para ser entendida y recitada por el pueblo, ni es literatura, ni es poesía, ni es nada. Estas premisas conllevan la dificultad de la composición, de verdad, poética. Sus problemas en este sentido eran “de verdadero parto”, como manifestaba él mismo y que le llevaron al borde del colapso físico con motivo de la publicación de su libro HOJAS DE ACANTO, que salió al público sin poder corregir la mitad del mismo, llegando, en su inquietud, a los 40º de fiebre, con prohibición médica de trabajar en él, pues ni comía, ni dormía… ni se le podía tratar fácilmente. Era intransigente consigo mismo y no cejaba en el esfuerzo hasta salir triunfante.

Así definía, un crítico de su obra, su cuidado trabajo “…todo, en fin, realizado con arreglo a unos cánones exigentes; sometido él, pero siempre dominador”. Esta idea -“sometido él, pero siempre dominador”- me da pie para iniciar, con el soneto LIBERTAD, el ramillete escogido, espero y deseo que con acierto, de su trabajo.

Libertad

Amo la santa libertad cristiana,

que, en la torre del alma, a todo viento,

pregona la verdad, y es, de su acento,

trasunto fiel la dignidad humana

Amo la libertad, la que se hermana

con la alteza y bondad del pensamiento,

la que tiene el Deber por fundamento

y el Derecho por solio y barbacana.

Amo la libertad, como la fuente

ama el terso cristal de su corriente,

y en él se mira, bulliciosa y pura.

Amo la libertad , como la estrella

ama su propia luz, porque ve, en ella,

la imagen natural de su hermosura.

****

Hasta el fin de sus días ejerció su profesión, esfuerzo que alcanza el lecho de muerte, en el que estaba ya postrado, cuando transcribí, a pie de cuna, el día 13 de Febrero de 1984 -41 días antes de su muerte -, recalcándome puntos, comas y mayúsculas, cuidadoso, hasta el extremo y hasta el fin, de todos los detalles, sin dejar tilde, cuando transcribí, repito, las dos pequeñas composiciones siguientes que bien resumen su pensamiento. No me dio título para la 1ª, de la que, por fuero de compenetración, me permito titular aldabonazo testamentario, y que dice así:

Se impone y es necesario

que recemos el Rosario

con la mayor devoción,

en pro de este mundo loco,

que al galope o poco a poco,

camina a su perdición.

La 2ª composición la tituló POBRE Y RICO y dice así:

No tendré, no, una peseta,

pero tengo un capital

que excede todo caudal:

Haber nacido poeta,

para prender en mi entraña

la tea de una pasión:

mi perenne amor a España

y a su Santa Tradición.

Quisiera leer el esbozo de una semblanza, publicada en el Diario de Burgos, el 15 de Junio de 1975, con motivo de la edición de HOJAS DE ACANTO, autor D. Alfonso Salgado, pues retrata perfectamente su personalidad:

(El joven don Martín Garrido Hernando engalanado con su boina roja. “En prueba de cariño/ este recuerdo carlista su hijo/ Martín/ Burgos -11-abril-1936”. Fotografía cedida por don Felipe Vives)

“Este hombre que veis pasar por la ciudad, camino de sus sueños; este hombre de pelo blanco, de lentes inquisitivas cuando quieren serlo; este hombre de bastón que tiene su historia, este hombre que es hombre (si le dicen viejo, mal: él que es capaz de cantarle las verdades al lucero del alba o tomar un fusil cuando ya la edad le pedía sofá y buena sopa, no se hace viejo por más que un día, y ojalá se produzca el hecho, le diga la partida de nacimiento que ya cuenta años por siglos), este hombre-hombre que va camino del verso y de la oración, de la protesta a la amistad, del ceño fruncido a la sonrisa, se llama Martín Garrido Hernando…-…Críticas, no. A los amigos no se les critica. No tiene gracia hacerlo ni trae cuenta. A los amigos se les reconoce virtudes profundas y se dice de ellos que van por ahí, caminando del sueño al verso, del verso a la oración, de la oración a Dios y de Dios a donde sea. Claro que, como andando de esta manera,  se camina por el sendero áspero de las verdades de a puño, lo que termina ocurriendo es que el camino conduce al disgusto. Pero es igual: cuando se tiene la madera de este hombre, a los disgustos se les despacha con la media verónica de un verso y allá se pique quien coma ajos ¿verdad usted?”

Era eso, hombre-hombre, y en versión poeta. Y ¿para qué sirve un hombre-poeta? ¿Cuál es su servicio a los demás…? Oigámosle:

 1ª parte

Trovador: Ten conciencia de tu oficio.

Suspira y canta, sin cesar, poeta,

e iluminen los cielos del planeta

los soles de tus fuegos de artificio.

Llora y canta y, en este tu servicio,

del brazo la humildad y la etiqueta:

la empolvada sandalia del profeta

y el brillante coturno del patricio.

Llora y canta, flagela y satiriza,

sé cauterio en el mal, venda en la llaga,

tuero ardiente y rescoldo entre ceniza.

Suspira y canta y, ante el hado adverso,

tiende, desde tu orilla, al que naufraga

en el dolor, el cable de tu verso.

2ª parte

No traiciones, poeta, tu destino,

no te encastilles en tu feudo, hermano.

Desbórdate, en el arte, a lo cristiano,

derrámate, en el bien, a lo divino.

A todos de tu pan y de tu vino,

y, con todos, solícito y humano.

La moneda de un verso en cada mano,

y avante, en paz de Dios, por tu camino.

Si al borde de la senda desfalleces,

no pretendas volver sobre tus huellas.

¡El Cielo te dará lo que mereces!

¡No codicies el precio de tus flores!

¡De balde alumbran siempre las estrellas,

y dicen su canción los ruiseñores!

Llora, canta, flagela y satiriza…es el resumen de toda su obra, toda ella engarzada en el trilema DIOS-PATRIA/FUEROS-REY, sus grandes amores, convirtiendo las cosas sencillas en sublimes.

Con qué ternura canta, enamorado él, al Niño Dios:

¡Nene, no llores,

no llores, Nene,

que tus lágrimas punzan

como alfileres!

¿Pucheritos, mi Niño?

¡Qué cosas tienes!

¿Llorar Tú, vida mía,

siendo quien eres?

****

Cuencos de Talavera,

vasos de Sevres,

tus hoyuelos de rosa

y de aguanieve.

El rocío en tus ojos,

perlas de Oriente

que, al sol de mi cariño,

se desvanecen…

****

Nene, no llores!

¡No llores, Nene,

que, triste, tu poeta

se pone al verte!

****

Cómo suplica, con súplica imperante, el Reinado de Cristo (soneto compuesto recién terminada la guerra):

Venga a nos el tu reino

De rodillas y en cruz te lo pedimos,

nosotros, los que nunca te negamos.

De rodillas y en cruz te demandamos

nosotros, los que siempre en Ti creímos.

No es gracia singular lo que exigimos,

es justicia, no más, lo que anhelamos,

porque al luchar por Ti como luchamos,

a nuestra voluntad te sometimos.

Larga la cuenta, si el Deudor pudiente,

pero ¿qué es para Ti, rico en amores,

un latido tan sólo de tu entraña?

¡Por tu Divino Corazón doliente,

por la sangre de todos los mejores,

<venga a nos el tu Reino en nuestra España>

Y cómo se duele con el Cristo que muere en la Cruz:

Jesús muere en la cruz

<Consummatum est>…Todo es cumplido,

clama el Señor desde la Cruz enhiesta,

y, haciendo al Padre de oblación protesta,

en sus manos ofrécese rendido.

Oscurécese el sol. Despavorido,

desciende el pueblo por la yerma cuesta,

sin hallar, a su pasmo, más respuesta

que el responso del viento embravecido.

¡Muerto el Señor! De pesadumbre y duelo,

aflígese la tierra, el mar y el cielo.

¡Todo en lamentos de terror se enciende!

¡Y entre tantos clamores y quebrantos,

del Árbol nuevo de la Vida pende

el cadáver del Santo de los santos.

Y qué sensibilidad y finura para describir la soledad de la Madre:

Soledad

Te dicen Soledad, oh Virgen pura,

porque, a solas, se extrema tu quebranto.

Te dicen Soledad, porque tu llanto

no encuentra quien mitigue su amargura.

Te dicen Soledad, porque, en la hondura

de tu solicitud, tras duelo tanto,

añoras, angustiada, al Hijo Santo,

yacente en solitaria sepultura.

Te dicen Soledad… ¡Qué tempestades

en esa soledad de soledades,

dolorosa y dulcísima María!

Te dicen Soledad. Mas ¿por qué lloras?

¡Arriba el corazón! ¡Sólo unas horas,

y habrá resucitado tu <Alegría>!

Y cómo plasma, en verso, más y más enamorado, la célebre frase de Juan Duns Escoto sobre la Concepción Inmaculada de María “potuit, decuit, ergo fecit”.

¿Pudo Dios, en su excelsa omnipotencia,

<preservar> a María del pecado

común, original, triste legado

de Adán a su menguada descendencia?

¿Convino a la divina Providencia

deparar, en el tiempo, al Deseado,

un claustro maternal, inmaculado,

digno en sí de albergar a la Inocencia?

¿Quién pone diques al Poder divino?

¿Quién a su empeño y a su acción, medida?

¿Quién piedras de impotencia en su camino?

¡No es, el Señor, divinidad mentida,

y, pues, lo pudo hacer y así convino,

<sin mancha original fue concebida>.

****

Finalizo el tema religioso  con la incomprensible anécdota del soneto, homenaje al papado, escrito hacia el 1950, enviado a Pío XII, a Pablo VI – no recibido por el Vaticano, como consta en el anexo del soneto editado –  y a San Juan Pablo II.

Pontifex maximus

Delegado de Cristo, indefectible;

Maestro en la Verdad, irrefutable;

Legislador y Juez, inapelable;

Doctor universal, indiscutible.

Definidor <ex cathedra>, infalible;

en tus privados juicios, admirable;

  frente al Poder tiránico, indomable;

  contra el relapso en el error, terrible.

Padre Santo, Pastor de los pastores,

oráculo de Dios, cetro y cayado,

blanca luz entre rojos resplandores…

¡Tú eres Pedro, el Pontífice, el Primado:

varón justo de todos los dolores,

en la Cruz del Amor crucificado!

Su amor a la Patria, a la grande y a su Castilla,  elevan, en lo épico y en lo lírico, sus composiciones a requiebros altisonantes que, para nuestra época, ¡como corre el tiempo!, son como hiperbólicos, así vamos bajando nuestra sensibilidad, que, no, nuestra sensiblería, que sube. Domina el idioma a la perfección y usa los sustantivos y los adjetivos con precisión y holgura.

Canta a LA PATRIA, no la define, la ama:

Patria

No he pensado jamás en definirla,

ni en la paz ni en la guerra traicionarla,

no he sabido, vesánico, negarla,

ni en público y privado discutirla.

Sólo sé y he sabido discernirla,

sólo sé y he sabido idolatrarla,

y en sus grandes catástrofes llorarla,

y en sus épicas gestas bendecirla.

Menguado aquel que, por venal manera.

arrastre por los suelos su bandera

¡Ese no tiene corazón, de fijo!.

¡Ese, por bien que la orfandad le cuadre,

ignora, pobre de él, lo que es ser hijo

de una madre inmortal como esa Madre!.

Como el roble

Nací español, porque lo quiso el Cielo,

en Castilla nací, por suerte mía.

Si cien veces naciera, cien querría

tener por cuna su bendito suelo.

No soy ave de paso que alza el vuelo,

sin rumbo fijo, al despuntar el día.

Soy paloma casera, que se cría

bajo techado, sin temor ni duelo.

Ignoro al cedro, en su opulencia altivo,

penacho verde en la escarpada sierra,

de la altivez del hombre, ejemplo vivo.

Mi canto, al roble, que su orgullo entierra,

y prefiero, a crecer, vivir cautivo

en la entraña sin fondo de mi tierra. 

 

Y, si así canta al fundamento, no menos, ni de menos categoría es su trabajo, referido al tema y lema que él titula TROMPETAS Y ATABALES, dedicado, en gran parte, a la guerra civil, que comenzó -cierto como la luz-  como CRUZADA.

Recordaré, al respecto, el 19 de Julio de 1936 y la Plaza del Castillo de Pamplona que se llenó hasta la bandera de boinas rojas: abuelos, padres e hijos, tres generaciones de la misma familia, a veces, en plena época de trabajo en el campo, máxima labor económica en aquellos años. El precioso soneto, dedicado a Navarra, y, como él mismo dice en sus anotaciones marginales “el porqué de este Soneto, compuesto en 1936, está en la admiración de España entera – nos referimos a la zona nacional – ante el desbordamiento absoluto de toda una Región, levantada en armas en defensa de los valores tradicionales de nuestro pueblo, y de cuya aportación tanto dependiera el buen éxito de la Cruzada, como nos lo confirmara personalmente don Juan Yagüe Blanco, cuando, en la intimidad de su hogar, nos afirmó, con todo el peso de su prestigio castrense, que <si el general Mola hubiera fracasado en el Norte, la guerra se habría perdido sin remedio>”

****

 

Navarra

La <Fuerza> es la razón de las razones

cuando se niega a la  <Razón> su fuero.

¡Argumento apodíctico de acero,

con premisas de rezos y canciones!

¡Lógica popular! Definiciones

de un espíritu indómito y señero,

que rima su moderno Romancero

con patriótico estruendo de cañones.

¡Por Dios y por España! tal el grito

de su aliento marcial. ¡Loco y maldito

quien esa fe ecuménica desgarra!

Hoy, como ayer y siempre, en la aventura,

la desbordada y ejemplar locura

del cuerdo don Quijote de Navarra.

****

Sátiras sobre la crueldad de la guerra no faltan, pero su alegato prioritario siempre es el destino de la guerra: la liberación, el bien.

Digan lo que digan, y en ello bien hemos caído nosotros mismos, aceptando, por ejemplo,el término las guerras carlistas… Nosotros siempre hemos ido a la guerra a defender el bien; si pegan a mi madre, la defiendo ¿o no?, pero no soy yo el atacante, el agresor; no produzco la agresión, ni  la guerra, no es mía la guerra.

En esas estoy cuando me aparece “un baturrico” de esos que fueron a defender a su Madre y a su otra Madre y que, al despedirse de Ella…:

Así, ante el Pilar bendito,

un rapazuelo precoz:

<…A la lucha, Madre mía,

me alienta tu corazón.

No fuera buen hijo tuyo,

si no te dijese adiós.

Si no invocara tu Nombre,

dejara de ser quien soy.

Cuando la Patria lo pide,

¿cómo no oír su clamor,

si es, su angustiosa demanda,

eco marcial de tu voz?

Ni indeciso ni cobarde,

ni prófugo ni traidor.

¡Voluntario por tu Causa,

al viejo modo español!

A la lucha, Madre mía,

me arrastra tu corazón.

¡Con tu caricia me sobra!

¡Lo demás lo pondré yo>

Y regresa, tres años después, con el deber cumplido, él, soldado de a pie, como la mayoría absoluta de los carlistas que fueron a la guerra, y vuelve al Pilar:

…Un baturrico, a sus plantas,

reza y llora. ¡Qué más da,

si son también los sollozos

manera santa de orar!…

A la lucha, Madre mía,

me arrastró tu Voluntad.

Si respondí a tu designio,

tu buen juicio lo dirá.

Si cumplí como los buenos,

testigo, tu autoridad.

¡Por algo tus entorchados

de Capitán General!

Te obedecí ciegamente

y de buen grado, además,

que por Dios, por Ti y España,

obedecer es amar.

Tuyos, mi honor y mi gloria,

mi ser y mi libertad.

¿Qué fuera yo sin tu amparo

en medio del temporal?

Mas si el premio le es debido

al mérito militar,

en deuda – Tú bien lo sabes -,

en deuda conmigo estás,

y es derecho imprescriptible

el recurso a tu Bondad.

¡Ni Grandes Cruces ni honores!

¡Otro más alto es mi afán!:

¡Dame que viva y que muera

abrazado a tu Pilar!”

Con 39 años y casado fue a la guerra, desde el primer día. Estaba en el frente de Guadalajara, en el Tercio de Requetés de Burgos (después llamado de Burgos-Sangüesa) era -debido a su categoría humana e intelectual– el enlace de transmisiones que comunicaba los partes radiofónicos y telefónicos del Tercio. El 19 de Abril de 1937, justamente nueve meses después de comenzada la -hasta entonces- Cruzada, recibió la noticia de LA UNIFICACIÓN. Se puso a despotricarla públicamente y aireando su disgusto por entender que se había reventado el motivo por el que estaban en la guerra-Cruzada. Su comandante, que mucho le amaba, Rafael Ibáñez de Aldecoa, que no llegó a Teniente General por negarse a ser masón (testimonio escrito a mano por D. Martín) le llamó y en una variopinta y amable conversación, le dijo que tenía un soldado que no quería ir de permiso a casa, a pesar de no haber ido en los nueve meses de guerra, estando, además, casado. D. Martín, me contaba, que se hacía el inadvertido, pues sabía que lo decía por él y que le contestaba: mándele Vd., mi comandante, que Vd. manda. A lo que, el comandante Aldecoa, le replicó: Mira Martín, o te vas a casa de permiso o te fusilo; tengo orden de fusilar a todo el que, en público, haya hablado mal de la Unificación. Se fue de permiso, lógicamente.  D. Martín me contaba que, en aquellos días, fusilaron a algunos militares, en Burgos, por haber hablado mal de la Unificación, en público. Así comienza la historia política de lo que ahora tenemos o sufrimos. No en vano, al cabo de un tiempo, Norteamérica, Francia e  Inglaterra daban el placet a Franco.

En una visita a Pamplona, acompañados por mi hermano Carlos, verdadero admirador y amigo de D. Martín, visitamos el mausoleo que Navarra alzó a sus muertos, quedando impresionado tanto por la belleza de la construcción, como por la austeridad y rotundidad de la expresión lapidaria y por el eco, en vacío, del recinto sagrado. Así lo plasmó con versos que no pasaron al libro:

 Eco y voz de los muertos

 Con chapines de silencio

puse el pie en el Cenotafio

que Navarra alzó a sus “deudos”

a un extremo de la Vía

triunfal de Carlos Tercero…

La austera mole de piedra

me aplastó y heló mi aliento

cuando en mis labios brotaba

la rosa de un “Padrenuestro”

De pronto y sin saber cómo,

un “eco” insólito y recio

fue articulándose en sílabas

monorrítmicas de hierro,

como un galopar de carros

de combate en campo abierto.

El hondo rumor fragoso

fue cobrando fuerza y cuerpo,

entre una tromba de truenos,

y explayándose, rotundo,

de un cabo al otro del Templo,

a los sones de un Responso

con lutos de cementerio.

“SEIS MIL VOCES REPETIDAS”

en un fúnebre “crescendo”,

eran la doliente queja

de los “Muertos”

frente al doloroso olvido

de un ayer, todo recuerdos,

de un ayer, todo “laureles”

en mil esforzados pechos.

Y el “eco” –hecho voz- gemía

con acusador acento:

¡ “Tantos quebrantos y sangre

para terminar en esto!

¡Y tantas maternas lágrimas

sobre tantos mudos féretros

en inútil holocausto

de renuncias y de afectos”…!

En la noche de unas tumbas,

al despeñarse de lo alto,

extraño crujir de huesos…

“SANJURJO” y “MOLA”, llorando

la incuria de todo un pueblo,

de una España, a la deriva,

como está un bajel sin gobierno.

 

Muchas veces me dijo que Dios triunfaría en España a través del Carlismo, concreción en el tiempo y en un tiempo de la inmortal TRADICIÓN, no por nuestros méritos, sino por los de tantos y tantos que dieron la vida por Él. La tesis de su vida, cuya rúbrica de oro, inigualable, es el soneto a los MÁRTIRES DE LA TRADICIÓN, que con tanta vileza han tergiversado y tergiversan, en su uso, los actuales dictadores políticos:

(A quienes mucho queremos: Don Felipe Vives Suriá y Don Miguel Garisoain Fernández (+). Pamplona 11-IV-2015. Foto: JFG2015)

Mártires de la tradición

Los demandó el Honor y obedecieron,

los requirió el Deber y lo acataron,

con su sangre la empresa rubricaron,

con su arrojo la Patria redimieron.

 

Fueron grandes y fuertes, porque fueron

fieles al juramento que empeñaron.

Por eso como púgiles lucharon,

por eso como mártires murieron,

 

Inmolarse por Dios fue su destino,

salvar a España su pasión entera,

servir al Rey su vocación y sino.

 

¡No supieron querer otra Bandera!

¡No supieron andar otro camino!

¡No supieron morir de otra manera!

 ****

Y sueña con la España cristiana, la que alza con sus brazos poderosos la Cruz,  en frase histórica de Pío XII y así la canta:

Excelsior

 Alas para volar pidiera al genio,

y el águila del genio se las dio.

Midió la altura, atalayó el espacio,

y el vuelo remontó.

¡Cuán grande, España, en su ascensión gloriosa,

a los ojos del Mundo apareció!…

¡Bajo sus pies, la tierra!

¡Sobre sus alas, Dios!

****

Me contó que, una tarde (años 40) estaba en el Casino Militar de Burgos, lleno de “Jefes”, acompañado de un soldado de Estella (Navarra), carnicero él,  Aramendía de apellido y carlista, discutiendo contra Franco y, en un momento determinado y quien le haya conocido sabe que D. Martín era así, gritó fuertemente y dando un sonoro puñetazo en la mesa, ¡¡¡Muera Franco!!! Le dijo a Aramendía: ahora vendrán, enseguida, a por nosotros y nos llevarán a la cárcel. El bueno del Aramendía carnicero, quien le conoció sabe que él era así, sacó un cuchillo grande, grande, de su macuto y le dijo a D. Martín: Al primero que se acerque le saco el mondongo. Hubo un silencio absoluto durante un buen rato y no pasó nada. Se fueron tranquilamente. En su visita a Pamplona fuimos a visitar al carnicero que aún estaba en activo, en Estella, que recordaba el hecho.

Fue un hombre vital, activamente vital y, de esta suerte, también, por lógica, empleó sus energías poéticas en cantar a la vida, al amor, a la naturaleza y a todo lo que se movía o soplaba, sin olvidar nunca sus principios inclaudicables de rectitud.

En la BALADA, donde desgrana las estaciones del año y describe sus alrededores: “Mar, cielos y tierra,/cuanto vive y gira,/cuanto el orbe encierra,/cuanto el mundo admira,/santos resplandores/del Sumo Hacedor,/¡platicad de amores,/que muero de amor”, precioso estribillo que cierra todos los versos.

Es en EL RELOJ DE LA VIDA, cuyo final dice:

Las XII.- ¡Voluble suerte!

Camino de la desgracia

van los dos.

¡Todo se rinde a la muerte,

menos el alma que, en gracia,

vuela a Dios!…

El reloj suena en la torre,

la aguja del tiempo corre

y, en su incesante correr,

va anunciando la mentida

farándula de la vida

que huye para no volver…

No quiso hacer un prólogo, dedicando a su esposa el libro, le parecía cursi y así ideó poner sólo este verso en una página:

Tu y yo

Plata de ley, la amistad,

oro de ley, el amor,

y en tu sortija una piedra

preciosa, mi corazón:

rubí de sangre cuajada

en el Costado de Dios…

¡No le des vueltas, esposa!

¡Tú y yo!

Dios es amor, es la definición más corta y excelsa de Dios y del amor. Él quiso definir el amor y lo hizo, con una quintilla rotunda:

Es una cuerda vibrante

del arpa del corazón

y el misterioso volante

de la máquina gigante

de toda la Creación.

Historia del Soneto De fregona a lavandera

 En su libro y en sus huecos vacíos de letra, escribía alguna poesía nueva o cosas que recordaba y que, al escribir el libro, rompió en la calle Paloma, que me perdone la expresión, bárbaramente. No llegué a tiempo, acababa de romper infinidad de cosas que, para él eran ya inservibles. (Su alma entera se la llevó un tornado, recuperó algún trozo, escribiendo a mano.-El nombre del tornado: Martín Garrido Hernando -)

En uno de los huecos dejó escrito, junto al soneto, que transcribo lógicamente, lo siguiente:<” Este Soneto apareció hacia el año 1932, en “El Siglo Futuro” de Madrid, y levantó una oleada de protestas en la Prensa izquierdista, sobretodo en “El Heraldo de Madrid”, con gravísimos insultos a “Sagitario” – su autor -. Y aun en plena Cruzada lo recordó y copió “Claridad”, periódico socialista, con ánimo de dar con el padre de la Sátira y con la “sana” intención de hacerle tajadas, si caía en sus manos.>”

Tengo fotocopia – que me la dio él mismo – de la página de dicho diario, día 25-09-1936, con una suculenta nota, de puño y letra de D. Martín, en la que el filósofo Fabio, visitado  en su domicilio, le manifiesta que, si supiera lo que dicen contra Vd., no volvería a coger la pluma.

De fregona a lavandera

Erase una fregona callejera

que, una tarde de Abril, soltóse el pelo

y, dando a todo el público el camelo,

se trocó, de improviso, en “lavandera”.

La muy bruja, y astuta y hechicera,

trepó por cierto palo, sin recelo,

y, desgarrado de su honor el velo,

se mostró, claro está, como lo que era.

Un pobre pendoncete, una mocosa

que, por tener la sangre revoltosa,

y, a fuerza de pasarlas muy moradas,

se quedó amarillenta y ojerosa.

¡No hay duda, las doncellas desmandadas

terminan siempre siendo cualquier cosa!

Estudiando filosofía me enseñaron que el arte es la expresión de la belleza, que es la expresión de la verdad. La verdad es. A la verdad no se la tiene, se la sirve, eso hizo siempre nuestro admirado D. Martín.

Felipe Vives Suria  (Pamplona 27-XI-2016)

Versos de Felipe Vives en Pamplona el 14-IV-2015 y antes, en la peregrinación a San Miguel de Aralar, el 18-VI-2011

 

José Fermín Garralda Arizcun

Pamplona, 28-I-2018

P.D. Hay derechos de ambos autores sobre el texto y las imágenes.

L a u s   D e o

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