La Cruz de Borgoña y la izquierda

(Xabier Arriada) –
El diario El País ha publicado un artículo para supuestamente explicar qué es la Cruz de Borgoña pero que en realidad no es sino una excusa para tildar de ignorantes e insultar a quienes en mayor o menor medida y por una u otra causa, se identifican con esta bandera o simple y llanamente les gusta.
El artículo comienza bien. «Es de una ignorancia absoluta por parte de quienes se vanaglorian de lucir hoy esta insignia histórica», opina el historiador Eduardo Juárez Valero.
Nos ofrece además una perla de sabiduría de Enrique Santiago, portavoz de Izquierda Unida: «…símbolo de odio, precisamente por retroalimentar el mensaje del fascismo o de ideologías nacionalsocialistas, racistas e intolerantes en su utilización y exhibición».
Tras una simplona y muy tendenciosa explicación de los orígenes de la insignia y su uso en la guerra civil por los requetés, regresa a Juárez Valero quien sentencia: «Los que llevan hoy la Cruz de Borgoña carecen de la ideología real que ha simbolizado en el siglo XX y en buena parte del siglo XIX». Vamos, que no tienen ni idea de lo que portan.
Tiene mérito escribir un artículo llamando ignorante, sectario y reaccionario a todo aquel que, repito, por la razón que sea, lleve esta bandera y citar como argumento nada más y nada menos que al secretario general del Partido Comunista de España.
Imagino que para la autora la hoz y el martillo son un irreprochable símbolo de tolerancia, paz y armonía. No dejemos que las decenas de millones de muertos perfectamente comprobables y atribuibles a los regímenes comunistas nos echen a perder la nota.
El tonito despectivo alcanza el punto álgido cuando se califican las banderas como «trapos de colores» citando al vocalista del grupo de música «La polla records». La seriedad ante todo, por favor.
Trapos de colores. Las banderas y símbolos de los demás, claro.
La insigna LGTBIXYZ-y-lo-que-venga (colorines donde los haya), la bandera republicana, la fotito icónica del Ché Guevara (el que asesinaba y encerraba homosexuales en campos de trabajo para hacerlos hombres) o la tan de moda bandera palestina son símbolos de amor, justicia y libertad. Nada que reprochar a sus portadores que son todos cultos y tolerantes allá donde los haya.
La nota termina con un pretencioso «Por lo menos ahora quien la lleve lo hará con fundamento…».
Por lo menos, señora Navas, no nos tome por idiotas. Incluso sus artículos son leídos, aunque sea muy de vez en cuando, por gente con dos dedos de frente.
