La Comunión Tradicionalista Carlista: única opción posible para un católico
Francisco de la Herrera-Puente
Uno de los dilemas que más preocupan a los católicos es el que atañe a su participación en la vida política y la opción de voto que elige. A este respecto, el Papa Benedicto XVI, en su exhortación Sacramentum Charitatis, expuso:
Es importante notar lo que los Padres sinodales han denominado coherencia eucarística, a la cual está llamada objetivamente nuestra vida. En efecto, el culto agradable a Dios nunca es un acto meramente privado, sin consecuencias en nuestras relaciones sociales: al contrario, exige el testimonio público de la propia fe. Obviamente, esto vale para todos los bautizados, pero tiene una importancia particular para quienes, por la posición social o política que ocupan, han de tomar decisiones sobre valores fundamentales, como el respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos y la promoción del bien común en todas sus formas. Estos valores no son negociables.
Así pues, estos son los aspectos que debemos mirar antes de apoyar, tanto en nuestras vidas cotidianas como en las urnas, a uno u otro partido: respeto y defensa de la vida humana desde su inicio a su fin, la familia fundada en el matrimonio sacramental, la libertad de educación de los hijos y la promoción del bien común.
La Constitución actual, que primero abrió la puerta al divorcio, creó el marco legal para que tuvieran cabida desarrollos legales tales como la ley del aborto y la eutanasia, maquillando dichas abominaciones con términos como “salud reproductiva” o “derecho a la integridad física y moral”. Todos sabemos que dichas leyes fueron promulgadas bajo gobiernos socialistas, pero también es verdad que en los casos en que ha gobernado el Partido Popular no se ha prohibido el aborto, sino que a lo máximo que ha llegado, en su habitual juego de malabares probabilísticos, es a reformarlo tímidamente. No hablemos ya de otras opciones políticas que apoyan abiertamente dichas posiciones.
Que la familia tradicional, basada en la unión de un hombre y una mujer con la finalidad de cumplir con el mandamiento “Creced y multiplicaos”, está siendo atacada por los políticos y los medios de comunicación a su sueldo es manifiesto. Esto se ha realizado de forma progresiva. Primero, se legisló para permitir las parejas de hecho y otras uniones irregulares; tras esto, el PSOE, una vez más, enarboló la bandera del matrimonio homosexual, abriendo la posibilidad de adopción de niños por parte de dichas parejas. Una vez más, cuando ha habido gobiernos populares han asumido dichas políticas sin reformarlas ni en una coma. Hay incluso opciones políticas, como Ciudadanos, que se muestran a favor de los vientres de alquiler, a pesar del atentado que supone contra la dignidad humana. Desde los grupos de presión que fomentan la Agenda 2030 se incita a las parejas a no tener hijos, así como gran parte de la sociedad actual que, con tal de no perder sus “comodidades” y no tener que asumir el compromiso que supone la crianza de los hijos, prefiere mantenerse sin descendencia o depositar su afecto en mascotas.
La cuestión de la descendencia, finalidad del matrimonio católico, va necesariamente ligada a la educación de esta. Los políticos no deben suplantar el papel de los padres ni tratar de inculcar ideologías a través de la educación que se imparte en los centros. Sin embargo, estamos viendo la presión que se ejerce sobre los centros docentes, tanto públicos como privados y concertados, para contaminar a los estudiantes con las consignas del lobby LGTB, provocando confusión en muchos jóvenes que, fruto de las mismas, incluso han caído en tentativas de suicidio o emprendido medidas quirúrgicas irreversibles; y para obligar a adoptar incluso en los libros de texto las doctrinas de la Agenda 2030 y tratar de eliminar cualquier vestigio de nuestra tradición cristiana de enseñanza. Las políticas desarrolladas por los diferentes partidos han fomentado todos estos contenidos, hasta el punto de que incluso el actual “monarca” se exhibe llevando en la solapa la insignia multicolor de la infame Agenda. Según la Doctrina social de la Iglesia la acción política de los católicos debe procurar el bien común. Esto, que puede parecer en principio tan sencillo de alcanzar según nos dicen nuestros políticos, sin embargo, encierra determinadas cuestiones de las que muchos católicos no son conscientes. En primer lugar, por parte de los partidos de izquierda, se nos dice que el socialismo posmarxista es la panacea de todos los males y que solo ellos procuran dicho bien social, pero, aparte de ser falso, esconde las múltiples condenas que desde la Iglesia se han realizado de dichas doctrinas, siendo la última y
definitiva encíclica la Divinis redemptoris de Pío XI, aunque también se manifestaron en contra en distintas alocuciones San Juan Pablo II y Benedicto XVI. Por otro lado, otros piensan que el liberalismo y el capitalismo son la solución a todos los males, pero también estos fueron condenados por la Iglesia, desde la Rerum Novarum de León XIII hasta el Compendio de Doctrina Social de la Iglesia promulgado bajo el pontificado de San Juan Pablo II. En sí, ambos sistemas —tanto el capitalismo liberal como el comunismo— van contra la doctrina del bien común y representan la totalidad de las adscripciones ideológicas de los partidos presentes en el arco parlamentario, desde VOX a Podemos.
Por todo esto, desde la Comunión Tradicionalista Carlista podemos afirmar que somos la única opción política coherente que puede adoptar un católico, siendo simples componendas o adopción del mal menor lo que supone que un católico apoye o vote a otro partido. Cada vez resuenan más en nuestros oídos las palabras del padre Leonardo Castellani: “Maldito sea el Mal Menor y el que lo inventó! Jamás votaré más por el Mal Menor, y no votaré más si no es por un Bien Mayor”. Y ese bien solo puede garantizarlo Comunión Tradicionalista Carlista.

Un comentario en “La Comunión Tradicionalista Carlista: única opción posible para un católico”
Juan
El sistema no puede modificarse creando un partido puesto que la ley de hierro de las oligarquias como la que vivimos en la actualidad se encargará de corromper a sus líderes o eliminarlos si no ceden a sus presiones. Por eso la única forma de cambio nacerá de la desobediencia civil de todo individuo que identifique cualquier norma que atente contra los valores católicos.