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7 de marzo de 2022 0

González Martín analiza en su nuevo libro la relación del casticismo con el catolicismo y con las ideologías

(Una entrevista de Javier Navascués) –

Francisco Javier González Martín es doble doctor en Historia Contemporánea y Derecho por la Universidad Complutense, Académico correspondiente de las Reales Academias de Jurisprudencia y Legislación de Madrid y Barcelona. Fue profesor titular de la Universidad Alfonso X, el “Sabio” (1994- 2003), donde ocupó cargos de responsabilidad, Vicedecano de Extensión universitaria, Secretario de Departamento, coordinador del Área de Estudios Sociales. Ha dado cursos monográficos en las Universidad Católica de Lisboa, y en las Universidades públicas de Oporto y Lisboa así como diversas conferencias. Concretamente a través del Centro de Estudios Europeos de Lisboa (CREPUL) actualmente trabaja en la Universidad de Alcalá, desde 2011. Ha publicado varias colaboraciones en libros, aparte de libros propios hasta una treintena, especialmente sobre la División Azul y es, sobre todo, especialista en la Literatura como fuente histórica para el siglo XIX, concretamente en Pío Baroja. Como discípulo del historiador y antropólogo Julio Caro Baroja, ha publicado a este respecto. Tradición, revolución y religión en la España de Pío Baroja. UCM, Madrid 2004; Regeneracionismo y revisión históricoliteraria de España en Baroja.

En esta ocasión analiza su obra Casticismo e ideología en la corte de Carlos IV de Benito Pérez Galdós de la editorial Almuzara.

¿Por qué decidió escribir un libro sobre casticismo e ideología en la corte de Carlos IV?

Incidieron varios asuntos. Uno mi especialización en la literatura como fuente histórica, los análisis metodológicos nuevos desde la historia de los conceptos de Reinhard Koselleck y de la antropología histórica heredada de mis maestros Julio Caro Baroja y Antonio Morales Moya, ya fallecidos o del francés Jacques Le Goff. Un modelo de historia no usual aquí, en España donde por un lado tenemos la historia positiva y de otro la marxista. También la existencia de un proyecto de investigación sobre Nobleza y redes de poder 1788-1931 donde este libro se empezó, pero no fue prorrogado el proyecto por el ministerio. Agradezco a María Crespo y a Almuzara la oportunidad y sus ánimos a este respecto para sacarlo adelante.

¿Cómo podemos definir el casticismo y qué importancia tuvo en la historia de España?

El casticismo ha sido un tema no tratado históricamente o reducido a la condición de manifestación folklórica. Pero más allá de su naturaleza cultural, este fenómeno adquiere connotaciones populistas desde el motín de Esquilache de marzo de 1766, acto en que son atacados los italianos al servicio del rey (Grimaldi, Sabatini (no solo Esquilache). Para identificar ambas cuestiones en una idea de sentimiento pre nacionalista, en el seno de un fenómeno popular cabe analizar el concepto en si, una golpe palaciego de Aranda y Campomanes que se les escapa de las manos y trasciende a la nación, pues no solo repercute en Madrid sino a nivel nacional, aprovechando la crisis de las harinas, subida de precios no solo es el bando de recorte de Capas y cambio de sombreros, los hechos se extrapolan y tendrán identidad o correspondencia con los hechos históricos que desarrollan ese espíritu nacional, xenófobo antifrancés. Casto significa ser puro, algo genuino, original hay una búsqueda de lo auténtico, como etapa de crisis, de agotamiento de un sistema. Lo difícil es determinar qué es lo puro en el acervo cultural y de costumbres, salvo que hablemos de procesos de nacionalización. Se trata del final del antiguo régimen y el principio del nuevo. Y estos fenómenos son sentimientos, actitudes que configuran una reacción, una contestación a la crisis de un mundo, como también ocurre en otros lugares.

¿Por qué lo escribió a través de la mirada de Benito Pérez Galdós?

Pérez Galdós conocía muy bien la psicología del español, su idiosincrasia, tanto en su polo negativo como en el positivo, además se documentó y se informó bien. El hecho de que el mundo católico le haya mirado mal. Por su presunto anticlericalismo, es relativo porque Menéndez Pelayo, representante de la cultura católica tradicional reconoció su valor, su estilo, su obra, dando prueba de una tolerancia ejemplar, haciéndose amigo suyo colaborando en su ingreso en la Real Academia. Pero es que, en el mundo católico también hay analfabetos, como en la izquierda, como en muchos sitios. Este, nuestro país, sigue siendo cainita, en expresión barojiana. No solo conoció las historias nacionales del s. XIX, sino que aprendió de Alcalá Galiano, Modesto Lafuente, Juan Valera.

Pues, este último además de ser escritor dirigió la Historia de España de Lafuente, conoció a Clarín, Palacio Valdés, Pereda, a Emilia Pardo Bazán, Joaquín Costa… estuvo en el núcleo de esa generación del 68, que hoy tiende a olvidarse. La prensa, folletos, libelos y testimonios orales, de individuos que fueron testimonio y sobrevivieron a los grandes hechos como el caso de Gabriel, relator de la primera serie de los Episodios Nacionales. Galdós destaco en muchas artes y admirador de Goya, se baso en algunos de sus tapices y lienzos para retratar a la nobleza del momento.

De este género novedoso es usted uno de los pioneros en España.

Pues, creo que sí, sinceramente, según lo expuesto en el primer apartado. Porque o se estudia desde la literatura o desde la historia. Ambas disciplinas literatura e historia durante generaciones no han convergido por que los distintos eruditos tenían prejuicios para cada campo contrario. La literatura es un campo inmenso y es preciso seleccionar la que tiene una base real en hechos históricos y en la documentación correspondiente. Hay otra que es ficción solo Pero no son los casos de Palacios Valdés, Pérez Galdós, Pío Baroja o Blasco Ibáñez.

¿Qué es el casticismo ilustrado?

Es quizá, un término controvertido. Podríamos decir que el P. Feijoo, Juan Pablo Forner, Cadalso o Meléndez Valdés están en la línea de la defensa de la cultura española (historia, literatura, ciencia, lengua, religión) es la respuesta ilustrada española frente a Messon de Morviliers y su folleto Que se debe a España, desde una ilustración propia no influida, supuestamente, por la francesa- Pero hablar de ilustración y casticismo resulta un poco paradójico a su vez, puesto que el casticismo es un fenómeno popular y por tanto no intelectual de entrada. El pensamiento reaccionario estaría en el otro extremo. Cabe decir que el casticismo como ideal español estaría en el medio. El casticismo ha carecido de un “corpus doctrinal” que le apoye, es más espontaneo o natural en ese sentido. La palabra que lo definiría es la de proto-nacionalismo, más psicológica. Ha contribuido a lo castizo a los procesos de nacionalización desde la vestimenta no francesa, como la de procedencia inglesa hasta la propia monarquía borbónica, considerada extranjera según derivamos de María Victoria López Cordón o Macias Delgado.

¿Por qué ante la decadencia contrapone el patriotismo?

Ser patriota da fuerza moral, predispone a la acción, esta dentro de los ideales de regeneración. Por eso o bien se antepone hoy el nacionalismo separatista al genuino del estado español con toda su historia o bien se condenan exponiendo su nocividad. Renunciar a la patria, implica suscribirse a un vacío, a una condición de debilidad, incluso de postración y de renuncia a la historia nacional, a las herencias. César Cantú llegó a exponer que olvidar la historia, es el último grado de abyección de un país. Y aquí, en España, esta ocurriendo esto.

Aunque vistamos de Máximo Dutti o de Paco Rabanne, progres o liberales, existe detrás un embrutecimiento o un vacío. Habría que definir el vocablo decadencia, un término polisémico ¿Debilidad, corrupción, estancamiento, crisis económicas, falta de vitalidad? El paso del Antiguo régimen al nuevo implica un relevo abarca estas actitudes y un enfrentamiento entre lo nuevo y lo viejo, siempre en aras de un abstracto ideal de progreso, que luego resulta ser una estafa.

¿Por qué con Carlos IV hay una gran decadencia del estamento nobiliario?

La crisis del estamento nobiliario entra en crisis desde la llegada de Felipe V, los estamentos y la corona no se aclimatan al ciento por cien y tenderán a enfrentarse entre las viejas y las nuevas prácticas. Así, a pesar de haber ganado la guerra civil o de sucesión, no hay una identidad plena. Viene con ideas distintas, con Carlos IV aparece una ruptura con el complot de El Escorial (1807) liderado por su hijo el príncipe Fernando. Muchos grandes como el conde de Torrijos (Juan de Mañara en la obra) o el Duque del Infantado se suman a la causa del Príncipe de Asturias que ambiciona el poder bien para regenerar y limpiar la corona de dimes y diretes o por un sincero deseo de lavar el buen nombre de la monarquía. Otros serán fieles a los reyes como la duquesa de Alba frente a la duquesa de Benavente o la condesa de Barajas (Amarante y Lesbia en la obra). Es decir, con Carlos IV se llega a un grado de decadencia, que ya había empezado más o menos discretamente en tiempos de su padre, Carlos III.

¿Qué importancia tuvo la figura de Godoy, según Galdós?

Godoy el “choricero” por su procedencia extremeña, tiene una imagen impopular, podríamos decir que antiliberal y anti-ilustrada, no solo desde un pueblo que le odia, azuzado por un clero bajo y medio, también le odian los grandes de España, la nobleza de sangre. Galdós siendo liberal lo trata de una forma dual: víctima de las circunstancias, pero también protagonista de la política exterior, de la satelización de España bajo la zona de influencia francesa. Godoy es una figura clave, imagen de esa debilidad exterior, objeto también de mentiras y maldades que no cometió como del supuesto amancebamiento con la reina, un tema que se ha falseado, Galdós no dice jamás de forma explícita que fueran amantes, según han dejado claro desde Carlos Serrano o Emilio Laparra, entre otros.

¿Por qué acaba estableciendo la relación entre catolicismo y casticismo?

En España hay un adagio de “ser mas papistas que el Papa” ¿Por qué?, la obediencia a Roma ha sido relativa, hay dos o tres tipos de católicos, el que es obediente a Roma y cumple todas las formalidades, el que no lo es y dice lo contrario para parecerlo y el que dice que tiene fe y no practica dentro de la catolicidad; pero hay quien sienta cátedra y critica al Papa porque no es de su cuerda.

A León XIII se le consideró enfermó mentalmente por publicar la Rerum novarum y las señoras iban a misa a rezar para que volviera la cordura al Pontífice. En España aparte de la fe del carbonero esta el que tiene una idea preconcebida del catolicismo. Un catolicismo con ideas propias no exactamente oficial claro. Enfrente, encontramos en su forma proporcional inversa los anticatólicos, también con ideas propias. El carlismo no surge de la esfera oficial y negociada de la nobleza, sino que se nutriría de una visión politizada, de la unión trono altar, al margen de que Roma viera con buenos ojos o no el movimiento. No son los radicales o fanáticos, digamos que un no fanático podría defender una idea particular de catolicismo, pero no todos los católicos son fanáticos. El catolicismo casticista no es el liberal tampoco

También existe dentro del casticismo una cierta reacción ante el afrancesamiento…

Lógicamente si primero es anti-italiano, si nace siendo incluso xenófobo y anti-ilustrado en el sentido de anti-francés cuando lleguen no la ideas ilustradas, que es muy exiguo, sino cuando vengan otros elementos y circunstancias como los ecos de la revolución y la misma invasión, la guerra nacional (y no guerra civil como quieren pintar la guerra de independencia en la actualidad); el casticismo es la reacción popular, el sentimiento con lo que tiene de espontaneidad en defensa de los genuinamente español, sobre todo en aquel momento. En el paso de la generación de 1766 a 1808, se gestan reacciones y odios al margen de que sean legítimos o no, dentro de ese pesar colectivo, de la conquista de un futuro por llegar.

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