25 de noviembre de 2019 0

Entrevista al P. Pablo Blanco Sarto sobre su libro: “Benedicto XVI. La biografía”

Pablo Blanco Sarto estudió filología, filosofía y teología en Roma, Múnich y Pamplona, y es doctor de estas dos últimas disciplinas. Publicó en 2004 la primera biografía de Joseph Ratzinger en castellano, y realizó su tesis doctoral sobre su pensamiento; forma parte de la comisión editora de las obras completas de Ratzinger en castellano. En la actualidad enseña teología y antropología en la Universidad de Navarra.

En esta ocasión nos habla de la reedición de su libro Benedicto XVI. La biografía en una versión corregida, actualizada y bastante aumentada de las obras anteriores.

¿Cómo nace su inquietud por escribir una biografía de Benedicto XVI?

Hice la tesis doctoral en teología dogmática sobre su pensamiento y desde entonces me quedó -de modo comprensible- interés por su figura y su pensamiento. Después fue elegido sucesor de Pedro, por lo que -al comprobar que su personalidad no era del todo conocida- me sentí en la obligación de darla a conocer. Así que lo tomé como un ‘hobby creativo’ y seguí leyendo y escribiendo sobre él en los ratos libres.

¿Qué es lo que aporta de nuevo con relación a lo que ya había escrito sobre él?

Varios años de trabajo y estancias en Centroeuropa. Aunque el objeto por el que me dirigía allí era otro (estudiar el diálogo católico-luterano), también aprovechaba para informarme sobre el actual papa emérito. Me servía de descanso. De modo que es una versión corregida, actualizada y bastante aumentada de las obras anteriores.

Háblenos de la importancia de conocer el contexto geográfico, temporal y cultural en el que vivió el Cardenal Ratzinger…

Grande. Ratzinger es hijo de su tierra y su época. El conocer la historia de los hechos y las ideas en Alemania resulta fundamental para comprenderlo, así como su carácter marcadamente bávaro. Los años del concilio le marcaron también en profundidad. Su experiencia pastoral en Múnich y Roma resultan también definitivos.

Ratzinger es un pensador que fue evolucionando con los años hacia posiciones mucho más conservadoras que en sus primeros años de sacerdote…

Esa es la versión oficial: la ‘grosse Wende’ de la cual hablan sus antagonistas. Sin embargo, él prefiere verlo como una evolución natural que todos tenemos, al mismo tiempo que aprecia cambios mayores en los demás, por lo que lo que antes estaba a un lado resulta ahora estar en el otro. “Han cambiado ellos más bien”, decía refiriéndose a los que prometieron mantenerse fieles al Vaticano II, mientras después pedían un Vaticano III…

Ya fue uno de los grandes puntales del Pontificado de Juan Pablo II…

Qué duda cabe. Durante 23 años Wojtyla y Ratzinger formaron un tándem imbatible, como se puede apreciar en la documentación emanada por los organismos que dirigía el teólogo bávaro. También cuando san Juan Pablo II iba a viajar por el mundo, era Ratzinger quien “se quedaba en la tienda”. Cada uno supo estar en su sitio y se complementaron mutuamente.

Su elección no fue tanto una sorpresa, al ser ya una figura muy prestigiosa y conocida…

Sí, incluso aquellos que no estaban del todo de acuerdo con él en todo apreciaban su buen hacer y su amplia visión. Fue adquiriendo un discreto prestigio durante todos los años que trabajó en la curia romana, que le convirtieron en una opción creíble para ser elegido papa.

¿Se puede decir que fue un Papa eminentemente intelectual?

Intelectual pero no místico. Indudablemente Benedicto XVI es el papa de la razón y la palabra, pero también sabía abordar las situaciones concretas si era necesario. Tiene también un cierto carácter práctico, aunque para él lo teórico contiene un poder iluminador que permite abordar con éxito lo más práctico. El querer entrar a los abusos y la corrupción en la Iglesia no era sin más un presupuesto teórico.

¿Qué aporta sus escritos, su Magisterio….al pensamiento católico?

Aporta reflexiones sobre temas importantes: la Escritura y la Eucaristía, la tradición y la historia de la Iglesia, la contemporaneidad de la verdad y el amor. Nos ha dejado además un libro importante sobre ‘Jesús de Nazaret’, y otros muchos más temas pensados en una perspectiva eclesial y teológica.

Un Papa que sigue profundizando en la relación entre la fe y la razón…

Sí, porque piensa que la mejor defensa de la fe ha de ser racional. Este diálogo entre razón y religión es una constante en su pensamiento que hizo llegar a su magisterio. Por ejemplo, cómo la razón entra en contacto con la religión, para curar de las respectivas “patologías” del fanatismo y de una razón cerrada y ajena a la ética y la dignidad humana.

Y otros temas importantes como la dignidad humana…

Ratzinger/ Benedicto XVI los relaciona siempre con la naturaleza. El Logos creador ha dejado su huella en la creación, por lo que no es fácilmente manipulable, y además pueden ser conocida por la razón humana. El olvido de la dignidad de la persona humana supone siempre un acto irracional, en el sentido más amplio y más profundo de la expresión. De ahí el profundo deterioro que crea en las personas y en el entorno.

Con relación al Concilio Vaticano II, él defiende la llamada hermenéutica de la continuidad con relación a la Tradición de la Iglesia…

No exactamente, pues él habla de la “reforma en la continuidad del único sujeto Iglesia que el Señor nos dio”. La tradición ha de tener también un sentido amplio, sin circunscribirse a unos siglos en particular sino atendiendo -como diría Newman- al desarrollo orgánico de las verdades creídas. Por eso según el Vaticano II y Benedicto XVI debe haber una cierta reforma, pero no una revolución o una ruptura en la Iglesia.

No fue un pontificado fácil, pues tuvo feroces enemigos tanto dentro como fuera…

Ninguno lo es… y el de Benedicto XVI tampoco. Pero en parte quiso él mismo “complicarse la vida” al querer entrar a fondo a la cuestión de los abusos sexuales y financieros. Cuando viajó a Fátima y le preguntaron si había un complot contra la Iglesia, respondió sencillamente: “el mayor ataque contra la Iglesia es el pecado dentro de ella”. Por eso había que sacarlo y purificar la Iglesia. Esta es la verdadera reforma.

Quizá por esa imagen rígida e inquisitorial que crearon sobre él…

Claro, había estado trabajando durante 23 años en “el lugar más duro de la Iglesia”, como decía un cardenal español. Después, con su pontificado, pudimos ver su verdadera imagen: alguien tímido y tranquilo, que tan solo aspiraba a limpiar y reformar poco a poco la Iglesia, sin necesidad de nerviosismos.

¿Qué balance podemos hacer de su pontificado?

Tendería a resumirlo en tres dimensiones: un magisterio luminoso, unas decisiones valientes, una enorme esperanza y generosidad para el futuro. Benedicto XVI dejó una clara hoja de ruta al menos para Europa, que -si sabe acogerla- podría evitar caer en el colapso.

¿Renunció al Pontificado por bien de la Iglesia? ¿Fue perfectamente lícita su renuncia y justificados sus motivos?

Nos ha dicho que primaba el bien de toda la Iglesia sobre el suyo particular. En el caso de Ratzinger y teniendo en cuenta su trayectoria, no me cabe duda de que fuera así. Él es muy racional, no improvisa ni cede ante la presión. Nunca el miedo fue un argumento de peso para él. Sus limitaciones físicas en un vertiginoso tiempo de cambio eran igualmente conocidas.

Su renuncia estaba prevista y pensó racionalmente que había llegado el momento de pasarle el relevo a otro para que siguiera adelante. ¿Qué problema hay? Sé que es más un argumento de razón que de fe, pero la fe no dice nada sobre la duración de los pontificados.

¿Cuál es el papel que tiene ahora y su influencia moral en la Iglesia?

Dijo que se retiraba a llevar una vida de trabajo y oración. ¿Le parece poco? Decimos que la oración es importante en la Iglesia y él ha querido seguir sirviéndola de este modo. La oración es lo que realmente mueve el mundo y eso es lo que está haciendo. Luego de vez en cuando nos regala algún pequeño texto, luminoso como siempre.

Javier Navascués Pérez

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