26 de mayo de 2020 0 / /

El fracaso de la ciudad como morada perfecta para el hombre (II)

Vamos a ofreceros unas muestras del capítulo tercero, sección tercera. En ella la autora desvela el motivo del título elegido para su novela. ¿Por qué Mosko-Strom?

Ya hemos dicho que se trata de un fenómeno geológico real, es un gran remolino que se halla en las costas meridionales del archipiélago noruego de las islas Lofoten, en la provincia de Nordland.

El Maelstrom se forma por la conjunción de las fuertes corrientes que atraviesan el estrecho (llamado Moskenstraumen) entre las islas mencionadas y la gran amplitud de las mareas. En realidad, se trata de un conjunto de corrientes y contracorrientes de gran oleaje que discurren a lo largo de unos 18 km.

El topónimo Maelstrom deriva de la palabra compuesta neerlandesa malen (triturar) y stroom (corriente), es decir: «corriente trituradora», en noruego el nombre más frecuente es Moskstraumen.

Aparece en las leyendas míticas escandinavas y en el siglo XIX Edgar Alan Poe y Julio Verne lo presentaron como una zona de altísmo peligro para los navegantes. Tiene el mismo valor simbólico que Caribdis en la Odisea.

La autora lo elige como imagen plástica del poder de degradación y destrucción humana de la civilización moderna, desarrollada en las grandes ciudades. Por eso la novela tiene como subtítulo “El torbellino de las grandes metrópolis”. Es un símbolo de la deshumanización que amenaza al hombre en la actualidad.

Jackie Okfurt, el médico, soñador, disidente, solitario y bebedor, explica a Walker el significado oculto de la ciudad confortable y asombrosa:

TEXTO 5º

Y del choque de todas esas corrientes del egoísmo , de la voracidad y de la ambición, surge el ingente remolino, la gran tromba aspirante, el formidable Maelstrom que atrae, absorbe, barandea y tira después al hombre a las riberas heladas y desérticas de las nieves polares de la vejez y de la muerte….

Walker le pregunta: Jackie ¿qué es ese Maelstrom de que hablas?

Eso, Cosmópolis –y apuntó con el dedo hacia el fondo de la calle, por cuyo asfalto brillante se deslizaban ahora los rebaños de automóviles, de tranvías, de trenes aéreos en el máximo de trepidación y de vértigo-

Era la hora de la salida de cines y teatros y las avalanchas humanas, para preservarse de la lluvia, se lanzaban al asalto de los vehículos, mezclando sus intensos rumores de colmena con los agudos chirridos de los trenes, con los estridentes bocinazos de los automóviles, con el persistente tintineo de los tranvías. Se les veía desde allí apretujarse junto a los autobuses, saltar a las plataformas, abrirse paso a codazos y empellones, disputarse, en fin, una pulgada de suelo, un asiento, un hieco libre, sin preocupación alguna por el vecino, por el rezagado, por el caído.

Ese es el verdadero Maelstrom”

TEXTO 6º

Y sin embargo el narrador sabe que esa lucha que han contemplado los dos personajes en medio de la calle no es más que una lucha superficial, son, así mismo un símbolo de los auténticos torbellinos técnicos que amenazan al mundo entero, a los que, en apariencia al menos, parece dirigirse inevitable e irrefrenablemente la vida moderna:

El otro estaba oculto allá, en parajes inhóspitos, en un rincón del Océano Glacial Ártico… Este no, este abría su cono succionante en medio de uno de los parajes más esplendentes de la tierra, recubriéndose, para ocultar su peligro, con las galas de todas las aparentes fastuosidades, con el lujo, con la comodidad, con la riqueza, con las soberbias edificaciones, con todos los adelantos, en fin, del progreso material. Y los hombres de todas las razas y de todos los climas, atraídos por sus engañosos cantos de sirena, venían hasta él en grandes avalanchas, sin desconfiar de aquella agua tersa y llana en la superficie. Pero debajo, hondo y profundo, agitaba sus enormes tentáculos el gran pulpo, el terrible mónstruo de las fauces insaciables –el hambre, la miseria, los vicios, la ambición, el lujo, las comodidades- abriendo simas, embudos aspirantes que, poco a poco, empezaban a arrastrarlos hacia el fondo. Y los hombres, enloquecidos por aquella invisible, pero patente succión que los arrastraba hacia el abismo, lanzaban su grito desesperado: “ganar, vivir, vivir ante todo; vivir como se pueda. Salvarse, triunfar.” Y en la precipitada carrera por huir de aquella conmoción geológica, marchaban por la vida como un ejército acosado de cerca por el enemigo, pisoteándose unos a otros sin compasión, saltando por encima de los caídos, atropellando a los rezagados, disputándose un centímetro de suelo firme; siempre con el grito:” vivir, vivir ante todo.” Llegaban a olvidarse de sí mismos, a huir de todas las normas éticas; se relajaban los principios de autoridad, surgían el eclipse religioso, la falta de ideales, la dislocación de las familias; prendía en las almas el más vergonzoso positivismo, la más desenfrenada de todas las ambiciones”.

Aprender a mirar para aprender a vivir. Nada sucede por casualidad. Llevamos tiempo advirtiendo que el mundo moderno sigue una senda equivocada. Dios respeta nuestra libertad y perdona siempre. Pero la naturaleza no perdona nunca. Esta es la cuestión y mi reflexión desde el confinamiento del coronavirus.

No puedo evitar reproducir un poema de García Lorca escrito en Nueva York entre 1929 y 1930. Así vio el poeta un amanecer en la ciudad de los rascacielos. No le faltaba razón. ¿Aprenderá algo el ser humano, escarmentará en cabeza ajena?

LA AURORA

La aurora de Nueva York tiene cuatro columnas de cieno y un huracán de negras palomas que chapotean las aguas podridas.

La aurora de Nueva York gime por las inmensas escaleras buscando entre las aristas nardos de angustia dibujada.

La aurora llega y nadie la recibe en su boca porque allí no hay mañana ni esperanza posible. A veces las monedas en enjambres furiosos taladran y devoran abandonados niños.

Los primeros que salen comprenden con sus huesos que no habrá paraíso ni amores deshojados; saben que van al cieno de números y leyes, a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.

La luz es sepultada por cadenas y ruidos en impúdico reto de ciencia sin raíces. Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes como recién salidas de un naufragio de sangre.

EN CLAVES DE ESPERANZA

¿No existe ninguna respuesta? ¿Solo cabe repetir una vez tras otra los mismos errores para encontrarnos en los mismos descalabros?

Vale la pena leer en claves de esperanza el mensaje que nos legó San Juan Pablo II el domingo 31 de octubre de 1982 en el

Aeropuerto Internacional de Madrid-Barajas, en su viaje apostólico:

Vengo a encontrarme con una comunidad cristiana que se remonta a la época apostólica. En una tierra objeto de los desvelos evangelizadores de San Pablo; que está bajo el patrocinio de Santiago el Mayor, cuyo recuerdo perdura en el Pilar de Zaragoza y en Santiago de Compostela; que fue conquistada para la fe por el afán misionero de los siete varones apostólicos; que propició la conversión a la fe de los pueblos visigodos en Toledo; que fue la gran meta de peregrinaciones europeas a Santiago; que vivió la empresa de la reconquista; que descubrió y evangelizó América; que iluminó la ciencia desde Alcalá y Salamanca, y la teología en Trento.

Vengo atraído por una historia admirable de fidelidad a la Iglesia y de servicio a la misma, escrita en empresas apostólicas y en tantas grandes figuras que renovaron esa Iglesia, fortalecieron su fe, la defendieron en momentos difíciles y le dieron nuevos hijos en enteros continentes. En efecto, gracias sobre todo a esa simpar actividad evangelizadora, la porción más numerosa de la Iglesia de Cristo habla hoy y reza a Dios en español. Tras mis viajes apostólicos, sobre todo por tierras de Hispanoamérica y Filipinas, quiero decir en este momento singular: ¡Gracias, España; gracias, Iglesia en España, por tu fidelidad al Evangelio y a la Esposa de Cristo!

5. Esa historia, a pesar de las lagunas y errores humanos, es digna de toda admiración y aprecio. Ella debe servir de inspiración y estímulo, para hallar en el momento presente las raíces profundas del ser de un pueblo. No para hacerle vivir en el pasado, sino para ofrecerle el ejemplo a proseguir y mejorar en el futuro.

No ignoro, por otra parte, las conocidas tensiones, a veces desembocadas en choques abiertos, que se han producido en el seno de vuestra sociedad, y que han estudiado tantos escritores vuestros.

En ese contexto histórico-social, es necesario que los católicos españoles sepáis recobrar el vigor pleno del espíritu, la valentía de une fe vivida, la lucidez evangélica iluminada por el amor profundo al hombre hermano. Para sacar de ahí fuerza renovada que os haga siempre infatigables creadores de diálogo y promotores de justicia, alentadores de cultura y elevación humana y moral del pueblo. En un clima de respetuosa convivencia con las otras legítimas opciones, mientras exigís el justo respeto de las vuestras.”

Callejón sin salida o puerta abierta a la esperanza.

 

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