19 de octubre de 2019 0

Cataluña: o es Foral o se hunde con el resto de España

Los errores se pagan caro, porque el Estado no debe traspasar tantas competencias a las autonomías, ya por prudencia política, ya sobre todo porque él mismo no debe tener tanto poder. Nuestros males  residen en dicho exceso de poder, más el romanticismo de lo peculiar cultural que incluso pretende arrinconar y luego sustituir a Dios Jaungoikoa

¿Qué son y qué traen las autonomías? Las autonomías son una delegación del poder del Estado. Además, en España, esta delegación y si es de “tanto poder”, conduce a la separación política. 

Por varios motivos hay comunidades históricas que nunca quedarán satisfechas con las autonomías. Primero por plantear su Estatuto como  una “delegación” en vez de como derecho propio. En segundo lugar, sobre todo por el planteamiento separatista de los partidos nacionalistas (PNV, su sucursal Geroa Bai, la vieja Ciu etc.). Ellos son tan superiores, tan distintos y tan pedantes, que necesitan algo pero que muy especial respecto a los demás. En realidad, el principal agente separatista son los mismos nacionalismos periféricos, aunque también el liberalismo del Estado liberal-socialista tenga sus culpas. 

Las autonomías son un atrevido invento de tendencia federal o confederal que destroza España desde 1978. Antes la destrozó el centralismo del Gobierno “de Madrid”, su predecesor, que abonó, primero como reacción y luego por el vicio nacional separatista, lo que está ocurriendo.

Las autonomías son un invento de un Estado liberal  que sufrió un  vergonzante y acomplejado poder uniformista y centralista, modelo éste de poder que el Estado transmite por ósmosis a los poderes autonómicos sus delegados. De un Estado que -decimos- se llama soberano, aunque luego nadie -tampoco él-  sea soberano de veras. 

La España sociológica, uncida al Estado liberal-socialista, ha quedado a merced de los poderes delegados del mismo Estado -Bruselas, Vitoria y Barcelona…-. A la inversa ocurrirá a Vitoria y Barcelona respecto a los poderes llamados europeístas en el caso de una supuesta independencia. Esta trampa, contradictoria en apariencia, también la presentan los marxistas que en todos los lados se convierten en fervientes nacionalistas -¡oh buen vicio burgués!- por aquello de la lucha de clases -hoy de sexos, “culturas y Estados”-. Con ellos, el Euzcadi o Cataluña independiente y marxista sólo tendrá de propio y original la banderita y el agur… No en vano ya es penoso que los de Barcelona piensen, vistan y se diviertan como los de  Chicago. 

Como en su día el Estado delegó, ahora teóricamente pudiera recoger velas o -mejor- “sus” poderes. Esto sólo sería posible si se presenta la alternativa de los Fueros. 

Todo esto es grave, pero más grave es que si el Estado secuestró la sociedad, ahora las autonomías secuestren a ésta, e incluso, gracias al separatismo del  nacionalismo periférico, al Estado que todo les delegó. La nueva situación de un gran poder en Barcelona delegado del Estado, sería peor que la anterior, porque el controlador está más cerca del barcelonés, al que controla y esquilma mejor.  

¿Quién es siempre la única perjudicada?: la sociedad, los ciudadanos, las instituciones sociales, las familias… España o las Españas. 


¿Y qué son los Fueros? Los Fueros son la patria España -nación y poder civil supremo-.

Los Fueros, a diferencia de las autonomías, son derechos propios e inherentes a las comunidades históricas o a unas nuevas comunidades que se vayan configurando con solidez en el transcurso del tiempo. Son derechos propios, anteriores al Estado y a la comunidad mayor formada con el paso de los siglos. Una vez sumados los afluentes al gran río de España, es imposible volverse atrás. 

Los Fueros suponen un pacto entre una comunidad histórica y la Corona (una familia que gobierna a las demás familias). Así fue sobre todo en Navarra en 1513-1515, manteniendo las realidades políticas de la Corona de Aragón. 

Los Fueros son la única manera de frenar, controlar y desbaratar un Estado con un excesivo poder y muy poca eficacia -el Estado liberal-, o bien de frenar unos pseudo estados pequeños -llamados autonómicos- y aún minúsculos como Euzcadi. De la inoperancia de ésta pequeñez y de su propio credo nacional separatista, surge el expansionismo de Euzcadi y Cataluña, en sus intentos manifiestos de colonizar e imponerse en Navarra, Valencia y Mallorca… con trampas y extorsión.

La balcanización de España la produce la delegación de tanto poder, y sobre todo el afán siempre insatisfecho del separatismo. Balcanización ésta que a su vez sufrirán los entes autonómicos separatistas, debido a la ineficiencia del Estado y a ser tales entes un apetitoso bocado para los poderes mundialistas. 

Hoy día la Comunidad Foral de Navarra -la única que se llama Foral- ha sido convertida de hecho en una autonomía más: sus propios gobiernos llamados forales -de derechas o izquierdas- se han cargado el Fuero y lo han devaluado como si fuese una autonomía más. 

En efecto, las leyes positivas y políticas contrarias al Fuero Nuevo de Navarra de 1973, en materias de vida humana del aún no nacido, persona, matrimonio, familia, adopción de niños y niñas, la casa etc., son tan malvadas o más que el independentismo político, que a su vez las asume. (La calamidad estalla cuando se sabe que Euzcadi es más atea que una república soviética). Que el Fuero público se cargue el Fuero privado es un contrafuero manifiesto que vicia a una sociedad,  configurada de abajo hacia arriba, desde su base hasta el poder supremo y no al revés. En estas cuestiones Navarra no debería subordinarse al poder de la Constitución y la leyes centrales. Máxime cuando dicho poder -por ideológico- pretende descristianizar y desnaturalizar la misma sociedad. Una ley civil corrompida no puede convertirse en el becerro de oro, sino que debe ser lisa y llanamente rechazada. 

Pues bien y sobre todo, los Fueros suponen a su vez el respeto de las jurisdicciones sociales inferiores y por ello más cercanas a la intimidad hasta llegar a la persona, la familia, y el matrimonio. De éste núcleo sagrado, que conecta directamente de Dios como origen y finalidad ontológica, se deriva la importancia de las restantes jurisdicciones toda vez que a dicho núcleo deben servir. 

Por su parte, también el poder supremo de la sociedad -hoy día llaman Estado- deriva de Dios, ya directamente ya -según las escuelas jurídico políticas- a través de la sociedad. 

Si Cataluña tiene solución -que la tiene-, la tiene en los Fueros, lo mismo que el resto de España. Y su hablamos de Fueros, hablamos de España.

Los destructores de España son  el liberalismo-socialismo  “delegacionista” (Sr. Aznar) y el nacionalismo separatista (Sr. Pujol). Y sus constructores, los mejores españoles según don Carlos VII. 

 

Fermín de Musquilda

Tomado de elirrintzi.blogspot.com (18-X-2019)

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