18 de julio de 2017 0 / / / / /

Avanzar

Se rumorea en la prensa que se está gestando un nuevo partido político con ese nombre. El intento está motivado por la deriva del PP a posturas, no ya diferentes, sino contrarias a las que defendía hace una década.

El fundamento de dicho partido sería la doctrina de la Iglesia. Y los mismos rumores afirman que tras del intento hay algún prelado.

Desde la seguridad que nos dan los principios en que se fundamenta el Carlismo y la experiencia de dos siglos de lucha política, podemos predecir que, aunque llegue a cuajar y coseche éxitos inmediatos, el nuevo partido terminará en un fracaso. Como en un fracaso ha terminado el PP.

El que venga apoyado por instancias eclesiásticas, no garantiza la viabilidad del proyecto. Los carlistas, fieles a la doctrina de la Iglesia, hemos lanzado a la sociedad actual el lema “Nada sin Dios”. En tiempos pasados, en el campo católico se llegó a decir que “solo Dios basta”. Este lema teresiano, fundamento de la vida espiritual, no sirve en política. Veamos por qué.

El Concilio Vaticano II, en su Constitución Gaudium et Spes, afirma la autonomía de lo temporal. Aclara que esta autonomía no puede suponer prescindir de Dios. Pero lo temporal, que fue creado por Dios, tiene sus propias leyes que no toca a la Iglesia definir, porque están al alcance de la razón humana.

El sistema democrático actual se basa en una serie de errores. Nuestros pensadores lo vienen combatiendo a base de argumentos de razón. La experiencia viene demostrando lo absurdo del sistema. No vamos a repetir lo que hemos dicho en mil ocasiones. Nos basta con que nos fijemos en la situación política actual: el espectáculo que dan los partidos políticos peleándose por el poder, sin atender a las necesidades del bien común.

El sistema actual es perjudicial para el bien común. Y no puede ser corregido por un nuevo partido católico. El mal del sistema está en lo autónomo de lo temporal. Y “lo católico” es impotente para convertir lo que, por naturaleza, es malo en bueno. Enseña la sana doctrina que la Gracia eleva a la naturaleza, pero no la sustituye.

Los evidentes males del sistema actual sólo se pueden evitar cambiando el sistema. Los hombres de hoy estamos capacitados para comprender los fallos del mismo. Y para buscar remedio a ellos. El Carlismo viene haciendo sus propuestas desde hace casi dos siglos. Si “Avanzar” nos trajera propuestas para cambiar el actual sistema, las tomaríamos en consideración. Pero si se trata de un partido más, que va a actuar sometiéndose a los postulados del actual sistema liberal, no merece la pena que nos molestemos en estudiarlos. Por muy basados que estén en la doctrina social de la Iglesia.

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