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18 de octubre de 2022 0

Arturo Gonzalo Aizpiri: “Mi libro es un intento de dar a conocer la dimensión hispana de Aníbal Barca”

(Una entrevista de Javier Navascués) –

Arturo Gonzalo Aizpiri (Madrid, 1963) lleva ya más de tres décadas combinando una trayectoria profesional en el mundo de la energía, la sostenibilidad y la lucha contra el cambio climático, tanto en el ámbito público como en el privado, con su pasión por la literatura, la arqueología y la historia. Ha publicado diversas traducciones, un libro de poemas y tres novelas históricas que tienen a Aníbal Barca como protagonista y que constituyen la «Trilogía de Aníbal». Tras El heredero de Tartessos (2009), El cáliz de Melqart recibió el Premio Hislibris a la mejor novela histórica en 2014, y La cólera de Aníbal le mereció el Premio Hislibris al mejor autor español del género en 2019. Es socio de Ediciones Evohé y miembro del equipo editor de las colecciones El Periscopio e Intravagantes. Tras una dilatada carrera en Repsol, en febrero de 2022 fue nombrado consejero delegado de Enagás, responsabilidad que desempeña en la actualidad. Su experiencia en la gestión de equipos le ha llevado a iniciar una serie de artículos sobre liderazgo de inspiración ética en sus perfiles de redes sociales.


¿Por qué un libro titulado tras las huellas de Aníbal?

Aníbal Barca ha atraído mi atención desde hace casi dos décadas, cuando empecé a escribir una trilogía de novelas históricas que lo tenían como protagonista. El proceso de documentación me llevó por muchos rincones de España, y me sorprendió descubrir lo poco que se conoce la huella en nuestro país de un personaje tan formidable. Comprobé que seguir esa huella permitía encajar un buen número de las piezas del puzle de nuestro pasado y arrojar nueva luz sobre el general cartaginés que puso a Roma de rodillas y a punto estuvo de cambiar radicalmente el curso de la Antigüedad.

¿Por qué era necesario desagraviar a uno de los grandes personajes de la Antigüedad?

La imagen que hemos recibido de Aníbal es la que nos dejaron quienes fueron sus enemigos, los autores romanos o griegos al servicio de Roma. Todo el relato construido en Roma sobre Aníbal lo pinta como alguien perverso y cruel, que hizo la guerra a Roma movido por el odio. Es famosa la descripción que hace Tito Livio de él ensalzando sus virtudes militares (para justificar las repetidas derrotas sufridas por Roma ante él, claro está) pero atribuyéndole una “crueldad inhumana y una perfidia peor que púnica”. Aníbal necesita ser visto con otros ojos porque representaba a un mundo de tradición helenística con no pocos aspectos favorables.


Y también de paso reivindicar la Hispanidad del mismo…

Paseando recientemente por el jardín de las Tullerías, en París, me sorprendió ver que el inicio de la avenida principal está flanqueada por sendas estatuas de Julio César y de Aníbal Barca. Y es así a pesar de que la única relación de Aníbal con Francia fue el haber atravesado camino de Italia su extremo meridional en el 218 a. C., con la célebre travesía de los Alpes incluida. En España Aníbal pasó 19 años, incluyendo toda su adolescencia y juventud, consolidó un estado Bárquida con un duradero efecto articulador en el territorio, se formó como militar y creó el ejército más imponente de su tiempo. Sin embargo, la única estatua de Aníbal en nuestro país es un busto apócrifo en el museo del Prado. Es algo que me deja perplejo. Creo que pone de manifiesto la poca consideración que le tenemos a nuestra propia historia.

¿Se podría decir que la historia no le perdonó su desafío al poderoso Imperio Romano?

La historia no le perdonó haber estado a punto de triunfar, pero haber sido el perdedor al fin y al cabo. La única forma que tuvieron los romanos de expiar la humillación de haber sufrido las derrotas más terribles de su República fue borrar el recuerdo de Aníbal, del mismo modo que borraron el recuerdo de su ciudad, Cartago, a instancias de Catón. Roma nunca olvidó, y persiguió a Aníbal sin descanso hasta que dio con él en un remoto rincón del imperio.

¿Hasta qué punto fue un hombre íntegro que defendió una causa justa?

Creo que Aníbal no fue un hombre ejemplar bajo criterios actuales. Así como Asdrúbal, su cuñado y predecesor al frente de los cartagineses en Hispania, defendió siempre la diplomacia antes que la guerra, Aníbal fue un militarista que no tuvo reparos en emprender numerosas campañas de agresión. Sin embargo, bajo la inspiración de Alejandro Magno, su modelo, practicó una gran tolerancia hacia los pueblos que se pusieron bajo su autoridad y defendió la creación de alianzas mediante enlaces matrimoniales, como él mismo hizo casándose con la princesa oretana Imilce de Cástulo. Respetó las instituciones cartaginesas rechazando pretensiones monárquicas y fue visto como un hombre justo y cabal, lo que le mereció siempre la lealtad de los suyos.

Nadie niega que fue un excelente estratega militar al nivel de Alejandro Magno, Julio César y Napoleón. ¿Hasta qué punto se le puede considerar uno de los grandes personajes de la historia?

Creo que fue un personaje a la altura de los citados, pero hay algo que le diferencia de ellos: Alejandro, César y Napoleón conocieron la victoria absoluta y la hegemonía en su tiempo, por mucho que no fuera duradera. Tras Cannas, Aníbal estuvo a punto de someter a la ciudad de Roma de forma duradera, pero eso no ocurrió.

Sin embargo tuvo un final trágico y antes de ser capturado prefirió suicidarse…¿Piensa que fue un triste e inmerecido final a su vida?

Sin duda. Fue traicionado por el rey de Bitinia ante la presión de Roma, y Aníbal prefirió quitarse la vida antes que caer en manos de los hombres del embajador Tito Quicio Flaminio. Pero, pensándolo dos veces, creo que la alternativa hubiera sido peor: ser capturado y llevado a Roma cargado de cadenas para convertirse en blanco del odio y la sed de venganza de la ciudad cuya supervivencia había amenazado. Hablaba antes de Cannas; no olvidemos que allí murieron sesenta mil romanos, incluyendo un cónsul y ochenta senadores. Creo que Aníbal debió considerar que su final guardaba una cierta dignidad.

¿Qué es lo que aportó Cartago y Aníbal a nuestra cultura?

Cartago y los Bárquidas consolidaron y expandieron la influencia fenicia, fundaron ciudades y reforzaron las infraestructuras portuarias y la red viaria. Industrializaron las explotaciones mineras a gran escala y generalizaron la acuñación de moneda y la economía monetal en el territorio bajo su influencia. Aníbal se adentró en el interior de la península, entrando en contacto por primera vez con pueblos como los vettones, los carpetanos y los vacceos, mucho antes de que aparecieran por allí las legiones romanas. Sobre todo, los Bárquidas pusieron en marcha un conjunto de estructuras estatales que aceleraron la incorporación de la Hispania antigua a la corriente principal de la Antigüedad en el Mediterráneo. Aunque, cierto es, no siempre para bien.

¿Cuáles son los principales vestigios que podemos encontrar de él en la península ibérica?

Asombrosamente pocos. Monedas con su efigie aquí o allá; restos de las ciudades que fundó, como la ciudad sin nombre de Alicante o Carteia; los vestigios de las ciudades indígenas que fueron destruidas por sus tropas, con elementos tan espectaculares como las antiguas murallas íberas de Arse; evocaciones como la del antiguo templo de Hércules en Sancti Petri. Pero, si se sabe buscar, las huellas de Aníbal siguen estando presentes en yacimientos arqueológicos como el de Cástulo o en la toponimia de lugares como los Altos de Aníbal, en Sagunto, o el vado de Valdeguerra, cerca de Aranjuez.

¿Qué aporta su libro de nuevo en relación a todo lo que se había escrito del tema hasta ahora?

Sobre todo, un intento de dar a conocer la dimensión hispana de Aníbal Barca, un nombre que lleva veintidós siglos resonando en todo el mundo. Y una aproximación personal, movida por la curiosidad y el afecto, a las sorpresas que nos sigue deparando en España el trabajo de muchas personas dedicadas al estudio de nuestro pasado. Están, además, las ilustraciones, una humilde declaración de amor a la arqueología.

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