9 de mayo de 2020 0

“Aforo legal completo” ¿Y las demás iglesias…?

por José Fermín Garralda

(Fue escrito para antes del día 11 de mayo, y también para después)

¿Tendrá Vd. razón si me llama “pesado”? Si me llama un poco lo reconozco, porque otros con mejores sentimientos que los míos, callan.

Pero esto parece un sueño y, lo que es peor, lo estamos viviendo sin una verdadera necesidad. Es como la ciudad casi eternamente dormida. Todo cerrado y sobre todo las iglesias. Una ciudad sin templo… se hace muy extraño, aunque los vecinos duerman de pereza.

No logro asimilar el cierre de las iglesias. Es una tristeza sin parangón. Si el Señor no está corporalmente presente, el mundo pierde su luz y alegría.  Y si está… ¿qué hacemos así? ¿Cómo puede estar el Señor sin encontrarse rodeado de los suyos?  “- “Es por fuerza mayor -dicen-” ¿El está en la carne?, pues sí, y nosotros también, hasta el punto que lo virtual desdibuja lo real. Y si no hay sacrificio de la Santa Misa, la Iglesia desaparece como tal.  ¿Que “esto se salva” si se vive la Santa Misa a distancia por razones de “fuerza mayor”? Pues no es igual, no es igual, y  en esto coincidimos todos. Hablar del triunfo de la corporeidad con el cierre de las iglesia, es una contradicción, y si nos mantenernos a tanta distancia del Señor, además de dar mal ejemplo a los jóvenes y no creyentes, ayuda hasta que nosotros mismos nos enfriemos en la fe.

¿Es que no tenemos imaginación para el triunfo de la presencia del Señor con todas sus consecuencias, de nuestro  compromiso con  la realidad, y de nuestro obrar con alma y cuerpo?

Además, dicen que es “por fuerza mayor”, pero realmente no lo es, porque hay algunos templos abiertos a la Santa Misa con algunos fieles. Y más cabrían sin problema alguno.

Dicen que hagamos virtud, que ofrezcamos a Dios el sacrificio de los templos cerrados por bien de los hermanos…, pero también puede cultivarse la virtud con los templos abiertos y aquí nadie ha hablado de perjudicar a los hermanos.

No sé qué sería si regalasen mil euros a quien acudiese a la lotería estos días de pandemia, un día y a una hora concretas. La de colas que habría y las justificaciones ad hoc que se iban a presentar para recibir el dinerillo.

Las imágenes valen más que mil palabras. En la primera que abre estas líneas, señala el CIERRE POR AFORO LEGAL COMPLETO. No es porque no hubiese Santa Misa; todo lo contrario, los fieles estaban dentro manteniendo todas las exigencias sanitarias de la normativa pública. Las tres imágenes siguientes son carteles de cierre de iglesias a cal y canto, alegando incluso las autoridades sanitarias (lo que choca con la realidad). Incluso recojo un cartel de los catorce sacerdotes diocesanos fallecidos en Navarra por efecto del coronavirus. Así no dirán que desconozco lo que pasa con el cierre de las puertas de las iglesias. A quien lo vive, le duele. Me pongo en el peor de los casos y sin embargo…. ¡ queremos al Santísimo y el Santísimo!

Ya sabemos que quienes van a la Santa Misa, al Rosario etc. somos en general los mayores, los “carrozas” según los jóvenes que tanto deben  aprender. Pero -ojo- no sólo son ellos los que acuden. Otros con edades de menos riesgo de contagio, acuden con ilusión y por necesidad espiritual. Mala es la lección que se ha dado a los jóvenes, que han visto que la Santa Misa no es tan grande… que puede ser suplida… de forma virtual. Recordemos el ejemplo de los mil euros.

También sabemos que hay gente que hace de su capa un sayo, pero no sólo están estos, sino que hay mucha gente responsable. Además, nos decían que éramos gente mayor de edad y maduros en la fe. ¿Se acuerdan?

Si por culpa de una parte (la tercera edad, los inconscientes -salga, salga ahora que se puede a la calle y lo vera…-) nos cargamos al todo social y a los “razonables”, sin permitirles el acceso a la Santa Misa, ¡tristes de nosotros! ¿Y decían que confiaban en las personas?

Quizás cierren las iglesias porque ha bajado mucho la práctica religiosa, y total… ¿a quién convocar si los mayores se ausentan? Pero -añadimos- ya saben que esto también se puede plantear como contra argumento.

Si se puede ir a la iglesia a rezar -como e puede-, ¿por qué no a asistir a la Santa Misa? Se puede ir al ultramarinos y a comprar el periódico -¡ah, es que éste sí que es muy importante!- , ¿y la Santa Misa no es más importante? Luego están por la calle fotógrafos a la captura de imágenes para la prensa. Y nadie les dice nada. ¿Es que la asistencia al templo es tan masiva como lo es un chiquiteo en esta ciudad? Pues no; tampoco somos tantos los que queremos asistir a Misa diariamente. Y si lo fuésemos, limítese el aforo… y celebren más Eucaristías….

Con la ley en la mano se podría y puede asistir a la Santa Misa, cumpliendo las medidas que la prudencia sanitaria indican. Se podría y puede asistir desde el inicio de la pandemia. Pero claro, hasta los eclesiásticos han creado la psicosis del confinamiento absoluto… Ahora hemos llegado a período anterior al 11 de mayo, en el que comienza la primera fase de la “desescalada”(o el fin del abandono de la gente muy mayor).

¿Y entonces? No me hablen de responsabilidad civil, que se cumple con la Santa Misa abierta a los fieles. No me hablen de quedar bien ante la galería, pues lo primero es quedar bien ante Dios y ante los fieles que quieren estar presentes ante Quien es el más importante del universo pues lo creó y rige con sabiduría y bondad. ¡Qué importantes son las “presencias”! No me hablen de amenazas porque los chantajes hay que desvelarlos porque si no se multiplican. No me hablen de no dar motivos a los masones y comunistas que acusarán a la Iglesia de facilitar una nueva pandemia. (“- Señor duque de Norfolk, ¡pero si estamos en Inglaterra…!). Y sepan que hay mucha gente responsable. No me hablen de cuidar a nuestros mayores porque ni son tontos, ni pierden sus derechos, ni dejarán de cuidarse conociendo el riesgo… Además a muchos no se les ha cuidado, se les ha preterido de la atención encerrándoles en su casa y… ¿quién ha dicho algo? No me hablen de prohibiciones porque no está prohibido. Los eclesiásticos más que el Estado son los que prohíben. Son exagerados al exigir más de lo debido, y víctimas de sus propias palabras: ¿reducirán el amor a Dios al cuidado de los hermanos? ¿Será que incluyeron el amor a Dios en el amor por el hombre? Otras corrientes plenamente conscientes saben que la realidad supera amplísimamente lo virtual, que la adoración debe tener cabida, y que los sacramentos son un realidad viva.

No, no logro asimilar el cierre de las iglesias y que los fieles no puedan asistir a la Santa Misa. Me remiten a la televisión y al ordenador. Pues miren, no quiero recurrir a ellos. Si no abren las iglesias, al carajo con el ordenador y la TV y la radio y qué sé yo. Somos personas y nuestras aspiraciones están muy por encima de los medios virtuales. Con los medios digitales nuestra gente se convierte en chiquillos con zapatos nuevos.

Luego viene la falta claridad en los que deciden. Unas iglesias cierran la puerta con un cartel parecido al “cierre de negocio”. Quizás, al regentarlas ciertas órdenes religiosas, no tengan clero, ni recursos para velar por el cumplimiento de unas normas básicas, ni quieren exponerse ellos mismos. Será que el clero es mayor en edad y está predispuesto al contagio. Otras iglesias dicen que cierran a cal y canto por motivos de salud y responsabilidad social. Ya hemos visto que no tienen argumentos. Otras dicen que abren al público porque se va a cumplir las normas sanitarias exigidas por la ley civil. Y abren, y se cumplen las normas, y todo va bien. Y no pasa nada: en la catedral, en San Miguel, en San Nicolás… Hoy, precisamente por estar lleno el aforo, nos hemos quedado sin entrar al templo y has cerrado la puerta y la verja: también aquí hay exageración.  Pues bien, nos hemos dado una vuelta por en Ensanche y luego hemos entrado a rezar el Santo Rosario, eso sí, rezado a toda mecha y sin las jaculatorias porque había que salir a aplaudir a los sanitarios a las ocho.

Creemos que hoy la gente y los clérigos son más legalistas que la ley y más médicos que los sanitarios.  A esto se le llama “puritanismo” cuando la letrs de la ley está sobre su espíritu.  A esto también se le llama clericalismo, el que tan poco gusta a nuestro papa Francisco I. A esto se llama exageración ante  los compromisos sociales.

Con el cierre innecesario de las iglesias, que no me hablen tanto del amoroso mundo, como si la iglesia tuviese que hacer de ONG. Que no insistan en la necesidad de acercarse al templo y de salir de él al mundo, pues el alma es más importante que el cuerpo…. sin que se deba cuidar el cuerpo más que al alma. En la imagen de al lado están las medidas indicadas por el Gobierno de España y por la Iglesia diocesana (me parece bien ponerlas en al mismo rango), de modo que abriendo los templos y admitiendo a los fieles a la Santa Misa se respetan perfectamente. No hace falta esperar al día 11. Llevamos muchos días de retraso, desde comienzos de la llamada pandemia, y pandemia desde luego artificial y artificiosa. Si digo que sufro cierto escándalo por las iglesias cerradas, no miento. Pero bueno, hay que ver de todo en esta vida. Cada día nos despertamos con sorpresas. Ya escuché a un pater de Madrid, que informó de la agresión contra su parroquia con una pintada, que nuestra sociedad esta enferma de ignorancia, ideología y odio… y yo añadiría de afán por las novedades, lo que es muy adolescente y poco maduro.

Si no es por un señor párroco de una céntrica parroquia, muy buen párroco y muy querido de todos, no sé qué hubiera sido de nosotros, porque no logramos asimilar el cierre de las iglesias y la supresión de la Santa Misa con fieles, más allá de la iglesia doméstica que es la familia. Una familia sin la cabeza que es Cristo en la Santa Misa… es -insistimos- una gran tristeza por no decir un imposible.

Cerrar a los fieles el acceso a la Santa Misa ha sido innecesario, un exceso de celo, una muestra de temor, y una pérdida de libertades siguiendo la moda actual. Ojalá no ocurra otra vez. Es necesario decir esto para que no haya precedentes. Y ahora, a seguir adelante.

 

 

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