Aprendiendo a pensar (1/64 ). Binocularidad.

Aprendiendo a pensar (1/64 ). Binocularidad.
Nosotros vemos en 3 dimensiones, a saber, alto, largo y profundidad. Cada ojo, sin embargo, no ve nada más que dos dimensiones, aunque pueda enfocar a distintas distancias. Los tuertos, o los bizcos, se quedan en un universo bidimensional. La diferencia de imagen entre un ojo y otro le sirve al cerebro para calcular la tercera dimensión, para recrearla, porque, evidentemente existe. Es decir, a partir de elementos que carecen de esa tercera dimensión, por contraste y comparación, surge una tercera dimensión «inesperada», pero real.
La binocularidad es el caso más espectacular de los fenómenos de agregación de dos ideas, o realidades distintas, y la generación de una nueva realidad, fruto de la combinación de ambas. Es espectacular porque adivina nuevas realidades, casi nada. Binocularidades hay muchas. Algunas son «simples», como la binocularidad «bien y mal». Tenemos un sentido del bien, tenemos un sentido del pecado, e, incluso, tenemos un efecto «binocular», o varios, de «perdón», de «conversión», de humildad e intención de mejorar. Sin la combinación de bien y mal, no se proyectaría la teología moral, no existiría la mejora del alma, no existiría la libertad, incluso, de escoger a Dios, porque el bien puro nunca nos apartaría de él. No exisitiría la mística de Santa Teresa. Los ateos suelen razonar, mal, que dado que Dios es todo bien y es infinito, no puede existir el mal, y, si existe, no puede existir Dios. Se pierden todos los puntos de ascensión espiritual, de «tridimensionalidad» de ascensión, de grandeza.
También hay binocularidades, menos profundas, en ámbitos como el carlismo: Los «carlistas nuevos» frente a los «carlistas de familia carlista». Aquí no es que haya una sintésis, sino que aflora, debe aflorar la verdadera naturaleza del carlismo, que no es otra que la catolicidad y la entrega y el sacrificio, más allá de donde se venga. El «ojo» nuevo del carlismo verá menos del plano «histórico» o «emotivo» y más de la acción, el «ojo» viejo del carlismo verá más una tradición interna, y la combinación de ambos verá la dimensión de la acción continuadora de una tradición. Eso es lo que debe ser, porque esa es la realidad.
La binocularidad puede servir incluso para «trascender» sistemas levemente distintos, o profundamente. Por ejemplo, puede servir, no ya para «generalizar» lo que puedan tener de común el liberalismo y el carlismo, o el carlismo y el falangismo, o el comunismo y el carlismo, que podrían tener algo que ver, no para hallar el factor común, sino para adivinar la dimensión inferida que surje de la «unificación» de la diferencia de ambos. No se trata de llegar a síntesis hegelianas a la desesperada, ni a falsas dicotomías, sino a tantear si detrás de la diferencia, incluso del error, hay un bien superior, que no es una burda sintésis simplificadora o un burdo consenso, sino algo real.
Me hubiera gustado quizá haber empezado esta serie de «Aprender a pensar» con un tema más simplón como el del «Hispanismo de Sustitución», pero he preferido empezar en positivo, más que en negativo.
También esta serie de «Aprender a pensar» la encuentro fundamental, porque me he dado cuenta de que ni yo mismo, con frecuencia, pienso correctamente, a pesar de un entrenamiento de años y una pasión por aprender y «porfiar». Hay gente cree que la «revolución» llegará cuando pase algún evento especial, o que la «contrarrevolución», deshacer la revolución, ocurra también por algo «mágico». Unamuno decía que haciendo culta a la gente se podría cambiar el mundo. Como hemos visto en la plandemia, esto no es así, gente culta y formada ha caído, por debilidad espiritual, en todas las mentiras. Otros creen que cambiar el mundo es seguir las indicaciones de algún sabio o político inspirado y noble. Tampoco suele funcionar puesto que ni el más sabio deja una instrucciones precisas de cómo continuar su obra, ni es capaz de diseñar un sistema que le sobreviva mucho. Queda, eso sí, mucha melancolía. La «revolución» solo puede venir en la Segunda Venida de Cristo, pero dado que razón y Fé van unidas, podemos ir adelantado trabajo, preparando una «revolución del pensamiento», para acompañar a la «revolución de la Gracia». Y, no, la filosofía no ha conseguido, aún, esa «revolución», más bien ha ido creando «melones culturales» que vender en ferias universitarias.
Un saludo en Cristo Rey.

2 comentarios en “Aprendiendo a pensar (1/64 ). Binocularidad.”
Davidorias
Por añadir un breve comentario al principio de estas lecciones: pensemos en un tuerto. ¿Realmente no ve en tres dimensiones? Bueno, el ojo no se lo permite, pero sí el cerebro, porque es capaz de valerse de la experiencia y la interpretación de la realidad. Echo de menos, por tanto, esa interpretación de la realidad aplicada al Carlismo, que no tiene por qué ser propio de nuevos o antiguos carlistas, sino de algo propio del momento presente, que es único para cada tiempo y persona, sea tuerta o no. Sería peor que estuviera ciego, pero en ese caso se valdría de otros medios de interpretación y conocimiento de la realidad. Un saludo y Feliz próxima Navidad.
Manuel Gutiérrez Algaba
Bueno, sí, cada «realidad» o experiencia está compuesta por otras «realidades» más simples. El «carlismo» es una «realidad» compleja y puede verse «enriquecida» o «proyectada» por otras realidades más simples, provenientes de otras «realidades» pero que son «parecidas» en los subcomponentes más simples. En cuanto a si se olvida al tridimensionalidad en el caso de los tuertos, pues sí. En otros casos de «binocularidades», pues no necesariamente, porque son «binocularidades» más bien lingüísitcas o espirituales, y esas las puede «almacenar» el cerebro.