21 de septiembre de 2017 0

Premios “Hispanidad Capitán Etayo”

CUANDO es difícil expresar la singularidad y hondura de alguien decimos: “Fulanito de tal es un pozo sin fondo”. Lo decimos del capitán Etayo (n. 1921), navegante de 20.000 millas en carabela (unos 37.000 km), todo un caballero, nítido y claro como la plana de la sabana, abierto al inmenso horizonte de la Mar Océana con sus derrotas y singladuras llenas de peligros.

En el Foro Alfonso Carlos I, celebrado en Madrid los días 8, 9 y 10 de septiembre, se ha hecho entrega de los Premios “Hispanidad Capitán Etayo” a don Eulogio López, director del digital decano “Hispanidad”, y a la hispanista Dra.  Alexandra Wilhelmsen -hija a don Federico- de la Universidad de Dallas (USA). Es hermoso celebrar así los 25 años del histórico viaje del capitán Etayo.

Porque en 1992, con 71 años, el capitán Etayo pilotó la Niña III con once tripulantes más a tierras de América -renuevo de Catolicismo e Hispanidad-, y reprodujo la epopeya del primer viaje de Colón, conmemorando así el V Centenario del Descubrimiento aunque fuese al margen de las instituciones oficiales.

En 1998, con 77 años, lo hizo desde Canarias hasta la Expo de Lisboa en un durísimo viaje. Su último libro, que adapta sus textos, se titula En la estela de Colón (1998), 143 pp. Don Carlos falleció en San Adrián (Navarra) el 26-V-2006.

Teniente de navío, el pamplonés Carlos Etayo Elizondo dejó la Armada en 1955 como  “marinero al que le gusta la aventura y la investigación”. Construyó y navegó con la carabela Niña II desde Huelva a Santo Domingo (1962), Olatrane San Lúcar (1965, Rev. Montejurra nº 9 y 10 de 1965, y nº 28 de 1967), el carabelón Algarve (1971) y la carabela Niña III (1992). Construcciones y viajes fueron a sus expensas, salvo la Niña III y su viaje de 1992-93, financiado por una asociación de una decena de navarros (PVCVD), y los viajes de 1993 a 1998 cubiertos por las fundaciones Mapfre Guanartame y Carabela Niña III, formada ésta por las entidades canarias que compraron el barco en 1993.

Ahí está la aventura de su vida con sus investigaciones, publicaciones, y viajes. Ahí su polémica con Martínez Hidalgo -constructor de dos carabelas en 1963 y 1968- durante diecisiete años (1970-1987), y con Eugene Lyon (1986). Creó el PVCVD (1987) para construir y fletar la Niña III, gozó del apoyo de las citadas Fundaciones, de la cobertura periodística del quincenal navarro y católico “Siempre P’alante”, y de su director el Rvdo. José Ignacio Dallo, quien además bendijo sus estandartes en la capilla de la Unión Seglar San Francisco Javier de Navarra.

Pilotó sus barcos llevándolos a buen puerto. La Niña III llegó a América con los mismos medios del Almirante, con sólo la fuerza del viento, sin motor de socorro, ni turbina, ni ayudas tecnológicas. El capitán Etayo estaba muy contento con la Niña III porque “ceñía muy bien los vientos” y la consideró la más parecida a de Colón. También reprodujo a bordo la vida de aquel tiempo. Pero sobre todo viajó  con el mismo espíritu misionero, católico y descubridor del Almirante y la Reina Isabel I de Castilla. No podía ser que hubiese gentes al otro lado del Océano sin escuchar la Buena Nueva y  recibir el bautismo. Viajó con las grandes verdades que hicieron de España la nación evangelizadora de la mitad del Orbe, desvelando la “Leyenda Negra” como una de las grandes mentiras contra la Iglesia católica y España.

Qué bien explicó Alberto Catureli en 1991 el descubrimiento, la conquista y evangelización de América y la Cultura Occidental en su libro “El Nuevo Mundo”. Qué hermosura “El sueño de Cristóbal Colón” pintado por Salvador Dalí. ¡Y qué constancia durante toda su vida, qué energía vital, rigurosa investigación y sobre todo qué espíritu católico el del capitán Etayo! ¡Gracias!

Fue reconocido como autoridad mundial en navegación en carabela y construcción naval del s. XVI. Marino, arqueólogo naval, constructor de barcos y expedicionario. ¿Soñador?: no, hombre de hechos. ¿Iluso?: menos, pues sus tesis, avaladas por la experiencia de la navegación real, han recibido reconocimientos internacionales, “sobre la base de pisar reconstituciones lo más auténticas posibles y dando al intento el espíritu que tuvieron aquellos campeones de la Fe Cristiana” (1987).

Pero sobre todo fue un católico cabal, propagandista religioso en las Javieradas, la Feria del Libro de Pamplona, las reuniones de la Ciudad Católica, el Círculo Familiar Virgen del Camino, el Ejército Azul de Fátima, las Jornadas de la Unidad Católica, la Unión Seglar San Francisco Javier… repartiendo miles de ejemplares, escribiendo infinidad de artículos en El Pensamiento Navarro y luego en Siempre P’alante, difundiendo las buenas lecturas, incluidos sus trabajos sobre el socialismo real, el gobierno mundial, los errores del liberalismo y la paganización, y sobre todo la autodemolición en la Iglesia. Apóstol en tiempos difíciles. Voluntario requeté en la Cruzada, miembro de la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz, echado p’alante, afiliado a la Comunión Tradicionalista Carlista, acertó de lleno al  detectar los males en la Iglesia, España y el mundo… y anunció lo que iba a venir. Nuestro ¡tenías razón!, nuestro cariñoso y esperanzado recuerdo, y sobre todo nuestra oración ferviente.

José Fermín Garralda

Publicado en el quincenal “Siempre P’alante” Nº 790 (16-IX-2017) p. 14

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