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31 de julio de 2021 0

P. González Alfaya: “La peregrinación a Covadonga me ha producido un gozo interior inmenso que me hizo llorar de alegría”

(Una entrevista de Javier Navascués).-

José Manuel González Alfaya, sacerdote diocesano de Toledo, vicario parroquial de Santo Tomé de Toledo y encargado junto con el P. Carlos Vecino Carou de la celebración de la Misa tradicional en la Iglesia del Salvador de Toledo, iglesia en la que desde el año 2009 se celebra diariamente la Misa así como el canto coral del Oficio Divino según el misal de S.S. Juan XXIII.

¿Qué balance hace de la I peregrinación Nuestra Señora de la Cristiandad?

Desde mi experiencia personal, siento un gozo interior inmenso y que sobrepasa mi capacidad de decirlo con palabras. No suelo ser muy efusivo en la expresión de mis sentimientos, pero cuando volvíamos en autobús desde Covadonga a Oviedo, cansado de los tres días de caminata y con una afonía total, me saltaban las lágrimas pensando en lo que había acontecido durante esta peregrinación.

Objetivamente, ha sido la primera vez que en España se realiza algo semejante vinculado a la misa tradicional, con una respuesta muy grande principalmente de jóvenes y familias, venidos de los diferentes lugares de nuestra patria donde se celebra la santa Misa gregoriana e incluso personas que no habían asistido nunca, con presencia de Institutos sacerdotales tradicionales (Instituto Cristo Rey, Fraternidad san Pedro e Instituto Buen Pastor) junto con casi una treintena de sacerdotes diocesanos y religiosos.

Logísticamente, todos los voluntarios trabajaron a destajo para que todo resultase bien. Gracias a Dios, se pudo resolver la dificultad de no poder celebrar la santa Misa tridentina en los templos, resultando celebraciones muy dignas y bellas, como requiere todo culto a Dios.

Desde el punto de vista espiritual, creo que han sido muchas las gracias derramadas por Dios nuestro Señor antes, durante y después de la peregrinación. La peregrinación ha sido una ocasión de reafirmarnos en la fe y adherirnos a la tradición, de encuentro con el Señor en el sacramento de la confesión, en la santa Misa, en la comunión y adoración eucarística. Una peregrinación totalmente mariana donde la Virgen Santísima como Madre de la Iglesia reúne a sus hijos en torno así para disponerlos a través de la oración perseverante, la penitencia y la práctica de las virtudes a recibir el don del Espíritu Santo a través del rezo del rosario completo cada día y la Consagración a la Virgen como colofón de nuestro caminar. Todo ello guiados por el ejemplo de san José a quien también hemos conocido más, para más amarle a través de las meditaciones del Libro del peregrino.

Una peregrinación en la que el encuentro, la convivencia, la alegría profunda nos recordaba el salmo “Ecce quam bonum, et quam iucundum habitare fratres in unum.”

En resumen, valga el testimonio de un peregrino, que me dijo: “Padre, estos días he estado en el cielo”.

¿Hacía falta un Chartres a la española?

Nuestro tiempo está marcado por el individualismo vivido personalmente o incluso en grupo que puede degenerar en cierto sectarismo o localismo. Creo que era necesario para todos en beneficio de cada peregrino, de cada grupo de fieles que en nuestra patria está adherido a la Misa de siempre y de cara a la misma iglesia de nuestra patria y hacia la misma sociedad, mostrarnos públicamente en un acto de estas características. Era necesario para cada uno de los peregrinos, porque muchas veces, en el día a día, nos movemos en ambientes mundanos o incluso totalmente adversos a la Tradición. La peregrinación fue lugar de comunión y encuentro de personas que pensamos y vivimos lo mismo.

Era necesario para cada grupo y apostolado de la Misa tridentina para darse cuenta de la grandeza de la Iglesia y la catolicidad. Si es cierto que cada grupo tiene una idiosincrasia y una forma propia de ser, esto no es excluyente sino enriquecedor. El ser capaces de trabajar juntos nos hace más fuertes y sobre todo aumenta los lazos reales de fraternidad cristiana.

La peregrinación era necesaria para darnos a conocer a nuestros pastores y hermanos en la fe, pero que no comparten con nosotros la atracción hacia la Sagrada Liturgia según el misal de 1962. Muchas veces somos etiquetados con prejuicios y clichés que no son reales. La imagen que transmite la peregrinación es la de “normalidad”. Somos gente normal, que queremos vivir nuestra fe en la Iglesia y en la Tradición de nuestros mayores.

Y finalmente, creo que ha habido un fuerte contenido testimonial ante la misma sociedad. En un mundo secularizado como el nuestro, cientos de jóvenes rezando y cantando nuestra fe, portando sus cruces y estandartes, encabezados con la imagen de nuestra Señora de Covadonga son voz de Dios a los oídos sordos del hombre moderno que piensa que puede ser feliz al margen de Dios y su santa religión.

Me conmovió profundamente el ver, a nuestro paso por los pueblos y aldeítas de Asturias, como la gente se emocionaba desde sus ventanas, aplaudían y se esbozaba es sus rostros una sonrisa.

¿Puede suponer un punto de inflexión en el auge de la Tradición en España? Paradójicamente cuando es más restringida la Misa de siempre aumenta el fervor por la misma.

Si siempre el afán de novedades es una tentación para el hombre de cada tiempo, la Misa tradicional nos aporta el contacto con lo eterno e inmutable de Dios. La Tradición crece porque después de haber experimentado con libertad absoluta todas las novedades posibles, el hombre se encuentra agotado y defraudado ante ofertas de felicidad que son realmente unos tremendos fraudes.

Ayer, hoy y siempre, el hombre no puede vivir sin Dios, aunque no sea consciente. Es muy curioso, lo he hablado con otros sacerdotes, como las personas que se convierten de una vida totalmente pagana y mundana, acuden antes o después a la Misa tradicional. ¿Quién los conduce hasta aquí? Estoy seguro que es el Espíritu Santo, maestro de nuestras almas.

Se acusa a aquellas personas que acuden a la Misa tradicional de nostálgicos, ahora también de esnobistas, pero ni una ni otra acusación son reales. La liturgia no es cuestión de gustos, hay algo mucho más profundo. En palabras del entonces cardenal Ratzinger en su autobiografía: “Cuando la liturgia es algo que cada uno hace –y aquí digo, elige-a partir de sí mismo, entonces no nos da ya lo que es su verdadera cualidad: el encuentro con el misterio, que no es un producto nuestro, sino nuestro origen y la fuente de nuestra vida.

Me pregunto, ¿crece en España la tradición? Sí. Pero muy lentamente a diferencia de otros países. Pero sin duda, es un crecimiento progresivo y muy esperanzador. La cantidad tremenda de niños y jóvenes que peregrinaron son la señal de una próxima reconquista espiritual de nuestra Patria.

Durante la peregrinación le oí comentar que siempre le hizo ilusión participar en algo así y era un sueño hecho realidad. ¿Por qué tenía esa ilusión?

Quisiera en primer lugar, aclarar que la iniciativa de la peregrinación ha sido de un grupo de fieles laicos procedentes de diversos lugares de España e independientes de cualquier orden, fraternidad o instituto religioso. Como sacerdote, conocía anteriormente alguno de ellos, y siempre compartí su entusiasmo poniéndome a su entera disposición en algo que muchas veces me había pasado por la cabeza pero que veía bastante complejo de llevar a cabo. Gracias a Dios, la valentía de estos jóvenes y su buen hacer en todo momento, su sentido eclesial y su amor hacia la santa misa y a los sacerdotes hizo posible el milagro de esta primera peregrinación. Primera peregrinación que tiene asegurada, por el entusiasmo de todos, sus próximas ediciones.

Como expresé anteriormente creo necesario hacer algo así por el bien de las almas en particular, por la misma causa de la Tradición, por nuestra madre la Iglesia y como testimonio ante el mundo.

Y por ello, siempre estaré a disposición de la organización colaborando en lo que sea necesario.

¿Qué frutos espirituales cree que se pueden dar?

La elección del Santuario de Covadonga no es casual. Allí comenzó la reconquista española con Don Pelayo bajo la protección materna de la Virgen y desde allí esperamos que comience también una reconquista espiritual de nuestra patria aquejada de una fuerte secularización. Reconquista espiritual que comienza por nuestra propia conversión a Dios y nuestra vida cotidiana. En una palabra: santidad. Solo siendo santos, es cómo podemos ser luz y sal en medio del mundo.

El fruto espiritual de la peregrinación como de toda acción de la Iglesia es la salvación de las almas. Salvación que está cifrada en la santidad.

Como obreros de la viña del Señor, a nosotros nos toca sembrar y trabajar sin descanso como siervos fieles. Pero he de reconocer que es una satisfacción grande como sacerdote, el haber sido, junto con todos los peregrinos, protagonistas y fundadores de esta I peregrinación de Nuestra Señora de la Cristiandad.

Todavía no se han anunciado las fechas del próximo año. Creo que será siempre en torno a la fiesta del Apóstol Santiago. ¡Yo ya me he apuntado!

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